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Mercedes SLK

La primera generación estrenó un techo metálico retráctil, la segunda creó la bufanda de aire caliente y ahora, en la tercera, un techo de cristal que se oscurece con sólo apretar un botón ¿Cantará por fandangos en la cuarta? Todo es posible.
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Mercedes SLK
La evolución del modelo que Mercedes considera como su roadster, es constante. El SLK fue innovador en su momento con el techo metálico retráctil, inédito hasta entonces en coches roadster, que basan parte de su encanto en el techo de lona; pronto fue ‘copiado’ por el resto ¡hasta BMW ha tenido que renegar de ese encanto y adoptarlo para el Z4! Ahora, 15 años y dos generaciones después, vuelve al mercado con un interesante reclamo que, como funcione tan bien como dicen, no tardará en ser imitado. De serie cuenta con el techo metálico pintado en color de la carrocería, con la posibilidad de sustituirlo en opción por otro de cristal. Esto ya de por sí sería novedad en el SLK, la diferencia está en que se dispone de dos variantes, tintado fijo o variable por medio del extra denominado MAGIC SKY CONTROL.

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Nuevo Mercedes SLK la novedad

Consiste en un cristal que se oscurece en pocos segundos con sólo apretar un botón de la consola central. La sorpresa viene también por parte de su precio, que rondará los 2.000 euros, una nimiedad al lado del techo de cristal optativo que proponía Maybach.

Se trata de un coche completamente nuevo. Emplea la plataforma que comparte elementos con los actuales C y E, además de toda su tecnología. Sigue siendo un coche ‘de morro largo’, con sus dos plazas muy cercanas al tren trasero, manteniendo dimensiones muy parecidas a las actuales, pero cambia mucho. Se mire por donde se mire, aparecen rasgos habituales en la marca, con guiños a los bigotes de un F1 y parecidos razonables con los SL, SLS y CL, es decir, lo más deportivo de la casa alemana. Con todo, se ha rebajado el coeficiente aerodinámico a 0,30 -antes 0,32-. Se ha vuelto más musculoso, con los pasos de rueda ensanchados y nervaduras marcadas por todos lados, desde el capó a los laterales; la enorme estrella delantera va integrada en la calandra y los abultados pasos de rueda traseros se han elevado hasta el punto que, en la vista lateral, esconden la franquicia que se produce entre la tapa del maletero y la propia aleta, aumentando todavía más que antes la sensación de coupé cuando el techo está cerrado. Emplea faros delanteros con la luz diurna integrada -también la lleva abajo-, los retrovisores con intermitentes y las ópticas traseras se apuntan por fin al carro de los led, que ya debería haber llevado antes. También es novedad el sistema del paravientos opcional AIRGUIDE, que está compuesto por lunas basculantes -desconocemos si de accionamiento eléctrico o manual- ubicadas tras los reposacabezas traseros, que giran 90º para evitar que el aire de las turbulencias entre en el habitáculo, y que sirven de alternativa al tradicional paravientos que se ancla manualmente entre los dos reposacabezas. Dispone de dos sistemas de suspensiones a elegir en opción, además del de serie; la convencional suspensión mecánica, que no revoluciona en su esquema con respecto al anterior, se puede endurecer con el extra del tren de rodaje deportivo, muelles y amortiguadores más firmes, o se le puede añadir el Paquete Dinámico, que consta de la dirección paramétrica, una regulación electrónica de la amortiguación -con dureza variable- y el Torque Vectoring Brake -facilita el control en conducción deportiva-como complemento al control de estabilidad ESP. La oferta mecánica desde su inicio se establece con tres motores de gasolina de inyección directa, con el ya habitual apellido BlueEFFICIENCY. La versión más básica corresponde al SLK 200, un cuatro cilindros de 1,8 litros y 184 CV. De serie viene con cambio manual, con la opción de la transmisión por convertidor de par 7G-tronic, con la que establece un consumo medio oficial de 6,1 l/100 km y un interesante 0 a 100 km/h de 7 segundos. Por encima está el SLK 250 y sus 204 CV -también un 4 cilindros de 1,8 litros-, este con el cambio 7G-tronic de serie.

Hasta que se de a conocer la casi segura variante AMG, la versión más potente y rápida será la del SLK 350 con su V6 de 306 CV, que anuncia un 0-100 km/h de 5,6 s, una velocidad máxima autolimitada a 250 km/h y un consumo medio de 7,1 l/100 km. Todos estos motores vendrán de serie con el sistema automático de arranque/parada, que les hace ser hasta un 25 por ciento más ahorradores que sus equivalentes anteriores. Para 2012, y como novedad en la gama, se espera la primera variante Diesel del SLK, animada por el 250 CDI Blue EFFICIENY de 204 caballos. Desde las versiones más básicas, el SLK mantendrá las inserciones en aluminio, tanto en la consola central como en las molduras. El extra del cuero equipa una piel reflectante de la luz solar, que reduce el calentamiento superficial. El cuadro y consola central reciben nuevo diseño, sobre todo para albergar la pantalla del navegador y los equipos de audio multimedia. No falta la segunda generación de su sistema de bufanda de aire AIRSCARF, que se suma a los distintos sistemas que, aunque son nuevos en el SLK, ya hemos visto en las últimas ediciones de sus hermanos de marca. Así, dispone del indicador en el cuadro de los límites de velocidad, el sistema de atención para el conductor o el Pre-SAFE, entre otros. La última generación del SLK llegará a los concesionarios en la primavera de este 2011, aunque la marca empezará a admitir pedidos desde finales de enero.
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