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Mercedes-AMG GLC 63 4Matic+: a prueba un SUV único en su especie

Con un V8 capaz de alcanzar hasta 510 CV, el Mercedes GLC se sitúa como uno de los SUV medios más exóticos y potentes de su segmento.
Miguel García-Vidal mgarcia-vidal@mpib.es -
Mercedes-AMG GLC 63 4Matic+: a prueba un SUV único en su especie

Cuando en 1999 debutó el Mercedes ML 55 AMG, con un 5.4 V8 de 347 CV, nadie podía presagiar que, apenas dos décadas después, la cartera de modelos de tipo SUV de Mercedes y desarrollados por los especialistas de Affalterbach —que es donde nacen los AMG, es decir los Mercedes de altas prestaciones con un alto grado de fabricación artesanal— iba a ser tan extensa. No en vano, en la actualidad, siete carrocerías SUV o todoterreno disponen de al menos una variante AMG, con los GLA, GLC, GLC Coupé, GLE, GLE Coupé, GLS y G, con potencias que van de los 381 a los 630 CV.

Incluso hay algunos, como los Mercedes GLE o el Mercedes GLC que hoy nos ocupa, que permiten elegir entre tres niveles de potencia. Así, al ya conocido GLC 43 AMG 4Matic de 367 CV se sumarán a partir de enero, cuando lleguen las primeras unidades a los concesionarios, los 63 AMG 4Matic+ y 63 AMG S 4Matic+ con un poderoso 4.0 V8 biturbo con 476 y 510 CV respectivamente. Un coche que por su nivel de potencia sólo tiene un rival, el Alfa Romeo Stelvio Quadrigfolio, también con 510 CV, pero con un propulsor 2.9 V6 en lugar del exótico V8 del modelo de la estrella, mientras un Porsche Macan Turbo con el Performance Package se conforma con 440 CV.

Mercedes-AMG 63 4Matic+, como en un superdeportivo

Este 4.0 V8 lo conocemos de otros modelos de la saga AMG, ya que incluso con diversas modificaciones —cárter seco en lugar de húmedo— se equipa en el súper deportivo AMG GT. Entre sus peculiaridades sobresale la disposición de los dos turbos en el interior de la V para ofrecer mayor compacidad, una respuesta al acelerador más instantánea y menores emisiones de escape. Como siempre, un único operario monta el propulsor de acuerdo con el principio «Un hombre. Un motor», que luego rubrica en una placa. Al volante se siente soberbio, con un empuje que parece infinito capaz de catapultarte de una curva a otra casi con independencia de la marcha que llevemos engranada o si nos decantamos por ir pasando una tras otra a medio régimen.

Mercedes-AMG GLE 63El cambio se encomienda a una caja automática de 9 velocidades rapidísima tanto para pasar de una marcha a otra como cuando se trata de hacer reducciones múltiples mientras aplica un golpe de gas para adecuar la velocidad del motor a la de giro de las ruedas. En este caso, frente a su hermano pequeño 43 AMG, el convertidor de par se sustituye por un embrague bañado en aceite con lo que se ahorra peso al tiempo que mejora su respuesta. Como no podía ser de otra forma en un coche con 510 CV y 71,4 mkg (476 CV y 66,3 mkg para la versión que no luce la S), el sistema de tracción total distribuye el par de forma completamente variable entre los dos ejes. Con un diferencial autoblocante en el tren trasero que es de tipo mecánico en el GLC 63 4Matic+ y electrónico en el GLC 63 S 4Matic+ para potenciar su deportividad sin necesidad de frenar una rueda cuando se produce un resbalamiento en la del interior.

La dirección electromecánica paramétrica de desmultiplicación variable (con dos programas: Confort y Sport) es rápida y ofrece suficiente precisión si bien no transmite una gran cantidad de información mientras los frenos, con discos cerámicos, autoventilados y perforados de 390 mm garantizan la detención de sus dos toneladas.

En la suspensión, como en el 43 4Matic, se cambian manguetas, introducen refuerzos para aumentar su rigidez y se añade mayor caída negativa a las ruedas mientras la amortiguación se encomienda a un sistema de tipo neumático de tres cámaras con regulación variable. Un sistema que procura un gran confort por su calidad de absorción junto a una gran precisión gracias al contenido balanceo de su carrocería, sin necesidad de seleccionar los programas deportivos. Esto es debido a su rapidez de adaptación ante situaciones como frenadas imprevistas, grandes aceleraciones o al afrontar una curva rápida. Pese a ello, a través del mando «Dynamic Select» emplazado en la consola central podemos seleccionar cuatro modos de conducción: Confort (con Stop&Start y navegación a vela entre 60 y 160 km/h), Sport, Sport+ e Individual, que en las versiones S se complemente con el Race, que nos permite disfrutar de largas derrapadas al desconectar el ESP y enviar prácticamente la totalidad del par al tren trasero. Estos programas intervienen sobre la respuesta del motor, cambio, amortiguación, dirección, ESP (con tres niveles: On, Sport Handling y Off) y reparto del par entre los dos ejes.

Mercedes-AMG GLC 63Para que el sonido celestial que emite el motor pueda ser bien escuchado, se ha optado por un escape con mariposa variable que varía en función del modo de conducción seleccionado. Además, como opción, el escape Performance permite modular su sonoridad a golpe de botón gracias a sus dos mariposas adicionales.

Exteriormente llama poderosamente la parrilla Panamericana con el mismo diseño que exhibe el AMG GT, que se complementa con un sobredimensionado faldón delantero, pasos de rueda y taloneras ensanchadas así como una zaga con spoiler en el portón del coupé y un paragolpes con difusor que da cabida a sus dobles salidas de escape de sección rectangular a los lados. Su interior, como siempre personalizable hasta donde llegue el bolsillo o la imaginación, nos recibe con unos cómodos asientos deportivos que recogen excelentemente el cuerpo y un salpicadero recubierto en símil cuero con pespuntes que en el S se completa con un bonito, pero poco ergonómico, pequeño volante con su zona inferior achatada en piel/alcantara, el logotipo AMG en los reposacabezas de los asientos delanteros y la instrumentación con aplicaciones en rojo. Toda una tentación con precios desde 109.625 euros para el GLC 63 4 Matic+, 113.575 euros para el GLC 63 4 Matic+ Coupe, 119.125 euros para el GLC 63 S 4 Matic+ y 122.825 euros para el GLC 63 S 4 Matic+ Coupé.

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Este 4.0 V8 lo conocemos de otros modelos de la saga AMG, ya que incluso con diversas modificaciones —cárter seco en lugar de húmedo— se equipa en el súper deportivo AMG GT. Entre sus peculiaridades sobresale la disposición de los dos turbos en el interior de la V para ofrecer mayor compacidad, una respuesta al acelerador más instantánea y menores emisiones de escape. Como siempre, un único operario monta el propulsor de acuerdo con el principio «Un hombre. Un motor», que luego rubrica en una placa. Al volante se siente soberbio, con un empuje que parece infinito capaz de catapultarte de una curva a otra casi con independencia de la marcha que llevemos engranada o si nos decantamos por ir pasando una tras otra a medio régimen.

Mercedes-AMG GLE 63El cambio se encomienda a una caja automática de 9 velocidades rapidísima tanto para pasar de una marcha a otra como cuando se trata de hacer reducciones múltiples mientras aplica un golpe de gas para adecuar la velocidad del motor a la de giro de las ruedas. En este caso, frente a su hermano pequeño 43 AMG, el convertidor de par se sustituye por un embrague bañado en aceite con lo que se ahorra peso al tiempo que mejora su respuesta. Como no podía ser de otra forma en un coche con 510 CV y 71,4 mkg (476 CV y 66,3 mkg para la versión que no luce la S), el sistema de tracción total distribuye el par de forma completamente variable entre los dos ejes. Con un diferencial autoblocante en el tren trasero que es de tipo mecánico en el GLC 63 4Matic+ y electrónico en el GLC 63 S 4Matic+ para potenciar su deportividad sin necesidad de frenar una rueda cuando se produce un resbalamiento en la del interior.

La dirección electromecánica paramétrica de desmultiplicación variable (con dos programas: Confort y Sport) es rápida y ofrece suficiente precisión si bien no transmite una gran cantidad de información mientras los frenos, con discos cerámicos, autoventilados y perforados de 390 mm garantizan la detención de sus dos toneladas.

En la suspensión, como en el 43 4Matic, se cambian manguetas, introducen refuerzos para aumentar su rigidez y se añade mayor caída negativa a las ruedas mientras la amortiguación se encomienda a un sistema de tipo neumático de tres cámaras con regulación variable. Un sistema que procura un gran confort por su calidad de absorción junto a una gran precisión gracias al contenido balanceo de su carrocería, sin necesidad de seleccionar los programas deportivos. Esto es debido a su rapidez de adaptación ante situaciones como frenadas imprevistas, grandes aceleraciones o al afrontar una curva rápida. Pese a ello, a través del mando «Dynamic Select» emplazado en la consola central podemos seleccionar cuatro modos de conducción: Confort (con Stop&Start y navegación a vela entre 60 y 160 km/h), Sport, Sport+ e Individual, que en las versiones S se complemente con el Race, que nos permite disfrutar de largas derrapadas al desconectar el ESP y enviar prácticamente la totalidad del par al tren trasero. Estos programas intervienen sobre la respuesta del motor, cambio, amortiguación, dirección, ESP (con tres niveles: On, Sport Handling y Off) y reparto del par entre los dos ejes.

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