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Maserati GranCabrio

La firma del Tridente vuelve a concentrar toda su capacidad y saber hacer para fabricar, esta vez, uno de esos descapotables con el que siempre hemos soñado. El GranCabrio es el resultado de fusionar historia, tradición, diseño y tecnología.
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Maserati GranCabrio
Su llegada, además de un regalo para los ojos, supone un verdadero revulsivo para la marca, ahora de nuevo compuesta por tres piezas angulares: Quattroporte, GranTurismo y GranCabrio, los primeros con sus diferentes versiones y motorizaciones de mayor o menor radicalidad, dentro de una base ya de por sí altamente deportiva. Este nuevo descapotable concentrará, según estimaciones, el 30 del mix de ventas en la marca, y en parte gracias a él, Maserati prevé volver a estabilizar una curva de ventas mundiales en progresivo ascenso tras la asíntota registrada el pasado año.

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Así es el Maserati GranCabrio

El futuro de la marca, además, no puede ser más halagüeño dada la hoja de ruta marcada desde ahora hasta 2014, periodo en el que se concentrará la renovación del Quattroporte, la consolidación de GranTurismo y GranCabrio así como el lanzamiento de una nueva berlina de representación para el segmento E, con precios de salida por encima de los 65.000 euros e intenciones de hacerse con nada menos que un 10 por ciento de cuota de mercado. Vista, tacto y oído. Como en casi todo Maserati, son los tres primeros sentidos que pueden salir del letargo nada más ponerse ante el nuevo GranCabrio. Precioso diseño santo y seña de Pininfarina, quien mantiene las constantes estéticas de la casa; ruido estimulante y sobrecogedor procedente de su sofisticada mecánica V8; y exóticas y cuidadas terminaciones donde el cuero y los materiales nobles abundan por doquier. También hay tecnología, y mucha, en sus chasis o sistema articulado de capota, cuyo conjunto pesa 65 kilos, aunque los necesarios refuerzos para garantizar una alta rigidez acaban por sumar 100 kilos en comparación con el GranTurismo. De él deriva la plataforma, concretamente del S, el segundo escalón en la gama, ya equipado con el motor 4.7 V8 y no con el 4.2. Y es que recordemos que el GranTurismo Automático —todos los son, pero este tiene una caja pilotada— tiene una estructura Transaxle con el cambio ubicado en el tren trasero, mientras que el convertidor hidráulico y la caja de cambios automática de 6 marchas hecha por ZF de las otras dos versiones va ubicada en el prolongación del motor, como en el GranCabrio.

Unos y otros ofrecen un equilibrio de pesos casi perfecto, algo que en el nuevo descapotable también implica una excelente dinámica de conducción, perfeccionada por Maserati gracias a una excelente definición de suspensiones con amortiguación Skyhook pilotada y una puesta a punto donde el la efectividad guarda una muy estrecha relación con el confort. La alta rigidez, vital para este tipo de carrocerías, también se deja notar en el GranCabrio, manifestando una alta consistencia a la flexión en las condiciones más exigentes. Sus 2,69 metros cuadrados de lona desaparecen a toque de botón en 28 segundos. Deja entonces a la luz un impresionante habitáculo concebido para garantizar confort a cuatro pasajeros. Son los efectos de utilizar una gran plataforma, aunque la contraprestación sea un coche de muy grandes proporciones. Pero el GranCabrio no se siente aparatoso en la rigurosa ciudad… Ni mucho menos fuera de ella. Rodar en él es un auténtico placer, y hacerlo con el techo por montera resulta una experiencia sobrecogedora. El V8 de 4.7 litros y 440 CV late a ritmo acelerado a la más mínima demanda de potencia y sintoniza a la perfección con el cambio automático ofreciendo suavidad y rapidez. Refinado pero también altamente deportivo, el GranCabrio se permite el lujo de alcanzar ese nivel de prestaciones acotado sólo a privilegiados.

Si el confort acústico es sensacional con la capota cerrada, con ella quietada la música celestial del V8 embriaga el habitáculo, especialmente si se ha activado el botón Sport, el cual no sólo gestiona suspensiones, cambio o motor, sino también el recorrido de los gases de escape, dejando un impresionante rastro sonoro allá por donde pasa. Una vez más, Maserati vuelve a dejar huella.

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