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Citroën C-Cactus

La marca francesa expone en este concept-car lo que podría ser la receta perfecta: un coche híbrido Diesel, con unas pautas de construcción sencillas, suficiente tecnología y el precio de un C4 básico. ¿Hay quién dé más?
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Citroën C-Cactus
El cactus es capaz de sobrevivir en unas condiciones extremas con muy poco agua, por eso Citroën utiliza su nombre como una metáfora que bautiza a su última visión de coche ecológico.

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Citroën C-Cactus, un gran coche

El C-Cactus cuenta con un propulsor híbrido Diesel. Su arquitectura motriz combina una mecánica HDi de 70 CV, dotada de filtro de partículas, con un motor eléctrico, que aporta 30 CV DIN de potencia, y una caja automática de cinco marchas. Así alcanza un consumo medio de 3,4 l/100 km y un nivel de emisiones de CO2 casi testimonial, pues se queda en unos escasos 78 g/km. En ciudad, el modo de funcionamiento ZEV (Zero Emission Vehicle) permite que el Citroën C-Cactus circule de forma totalmente eléctrica, rodando en absoluto silencio. Ya en los trayectos que precisan máxima aceleración el sistema híbrido limita el consumo, al actuar ambos motores de forma combinada.

Basado en la plataforma del C4, el C-Cactus mide 4,2 m de largo, por 1,8 de ancho, y dispone de un maletero de 500 litros, con unos asientos traseros que se deslizan sobre raíles. La marca francesa anuncia un peso de 1.180 kg –un 15 por ciento menos que un C4 híbrido HDi-, lo cual aporta ventajas a la hora de reducir el gasto de combustible, a pesar de que la aerodinámica de este concept-car no es su fuerte, con un Cx de 0,35. Eso sí, la velocidad máxima se ha limitado voluntariamente a 150 km/h, dentro de la misma filosofía medioambiental. Citroën también afirma que el C-Cactus no sería más caro de producir, ya que se ha racionalizado mucho su concepción, de forma que poco más de 200 piezas forman su habitáculo, casi la mitad de las empleadas en una berlina tradicional de un tamaño equivalente. Asimismo, hay funciones que se han agrupado en una sola pieza y se han suprimido bastantes componentes que no son esenciales para el funcionamiento del vehículo o para el bienestar y la seguridad de los pasajeros. Por ejemplo, los mandos de los intermitentes, las luces, los limpiaparabrisas, el control de crucero, el velocímetro y distintos testigos de funcionamiento quedan agrupados en el volante. La misma simplificación se busca en la carrocería, ya que la pieza utilizada para el paragolpes delantero, que incluye los faros y el logo de los chevrones, es idéntica a la que forma la parte baja del portón del maletero. El capó del C-Cactus permanece fijo –el control de niveles se realiza por una trampilla–, las ventanillas no llevan mecanismos de apertura –sólo se desplazan lateralmente de forma corredera–, los paneles de las puertas son de dos piezas –frente a los doce habituales–, los asientos son extremadamente sencillos… Toda esta operación minimalista no impide que Citroën dé prioridad a otros detalles tecnológicos o de equipamiento especialmente valorados por los consumidores. En este sentido cuenta con climatización automática, equipo de audio de gama alta, techo acristalado panorámico, control de velocidad y freno de mano eléctrico, así como pantallas táctiles para el manejo del navegador o el ordenador de viaje. Tampoco faltan detalles curiosos, como la decoración floral del interior o una “llave de contacto” que es un lector mp3 portátil. Y como guinda, Citroën dice que su precio sería similar al de un C4 básico. Lo que no sabemos es cuándo se podría producir el paso de la ficción a la realidad.
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