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Viajamos por Alaska con un BMW X6

Nos subimos en un BMW X6 y viajamos por la “Top of the World Highway”, una carretera que une Canadá y Alaska a través de uno de los paisajes más espectaculares del mundo.
Dani Heyne .

Twitter: @autopista_es Fotos: Dani Heyne. -

Viajamos por Alaska con un BMW X6

Si la vida nos concediera un deseo para elegir un lugar del mundo, puede que éste fuera una de nuestras elecciones. Por encima del norte de Canadá se encuentra Alaska, donde más osos y alces podemos encontrar y donde el sol coge vacaciones cada verano. Aquí es exactamente donde nos dirigimos con un gran compañero de aventura, el BMW X6, vestidos con solemnidad y a punto de emprender nuestra ruta por la “Top of the World Highway”.

Cogemos el primer tramo, totalmente asfaltado, y que entró en funcionamiento a mediados de los años 50: un trayecto de 281 km y que sirve para unir Canadá con el estado de Alaska. Está compuesto por la autopista 9 Yukón (Canadá) y la Carretera 5 Taylor (Alaska). Esta conexión está considerada como la más importante en el noroeste del Pacífico, una espectacular carretera que necesitó de mucho talento en su construcción para adaptarla a lo abrupto del terreno, a espaldas de las grandes montañas y recorriendo espléndidas perspectivas de vasta tierra.

El invierno fue benévolo el pasado año. El cambio climático se siente incluso en esta región del mundo, siendo más cálido y seco cada vez. Por ello, los siguientes 700 km realizados con el BMW X6 los hicimos por pistas llenas de polvo. Tras el recorrido entre Boulevard y Flaneur, nuestro musculoso SUV totalmente de color negro parecía otro. Bendecido con el talento heredado del BMW X5, el X6 mima de la misma manera a sus pasajeros en cuanto a confort. La primera etapa, tras nueve horas de viaje, finalizó en Whitehorse.

Desde la ciudad canadiense, en la provincia del Yukón, sale la autopista de Alaska, apuntando hacia el norte entre interminables bosques. Osos y alces parecen mantenerse alejados de la ruta a pesar del silencio que la rodea. No hay cobertura para el móvil, las rutas de aviación están alejadas y, durante horas,  no nos cruzamos con nadie. Un escenario memorable.

Alaska en BMW X6Bienvenidos a Alaska con el BMW X6

Todos los transeúntes que nos cruzamos en Tok tienen el mismo plan: repostar, comer y dormir. En el pueblo podemos encontrar, además de dos estaciones de gasolina, algunos restos de automóviles, varias casas de madera destartaladas y un hospedaje sencillo como "Fast Eddy". No hay nada. Este local ofrece la mejor comida rápida con una gratificante cerveza. Compartimos espacio con las mesas vecinas, donde barbudos conductores de Harley recuperan fuerzas con suculentos platos llenos de grasa. ¿Alternativas? Un camión de comida asiática cuyas salsas serían más adecuadas de utilizar como pegamento. Dos lugares recomendables que visitar en Tok: un café, donde sirven bagels caseros, y un bucólico campamento en el bosque con pintorescas casas de madera.

El BMW X6 desayuna temprano. Aquí amanece pronto y repostamos 50 litros de primera calidad y emprendemos la marcha retrocediendo un par de kilómetros hacia el sur para ponernos en dirección a Tetlin Junction. El único cruce con la carretera de Alaska sirve de punto de partida para volver de nuevo a la “Top of the World Highway”. Enseguida nos encontramos circulando a 1.000 metros de altitud y disfrutando de la carretera. Aunque el estado del firme varía cada kilómetro. La carretera se retuerce a derecha y a izquierda de manera continua, flanqueada por un tupido bosque de árboles a ambos lados. La vista se extiende hasta el lejano horizonte, pero no descubrimos ninguna muestra de civilización.

Llegamos a Chicken, un pequeño remanente de la fiebre del oro, donde a finales del Siglo XIX se reunieron numerosos aventureros en busca del preciado metal. En 2010 el municipio tenía censados a siete habitantes, todos ellos reconvertidos al turismo. Allí recuperamos fuerzas bebiendo un café y probamos la tarta de arándanos recién horneada. Después seguimos nuestro camino hacia la “Top of the World Highway”.

BMW X6 en AlaskaAhora el BMW X6 se encuentra en su elemento y enfilamos los próximos kilómetros acompañados de fantásticas vistas. Después de 64 kilómetros en dirección a Canadá una mujer joven nos pide los pasaportes en el control de la frontera, como se estilaba antiguamente. Sólo dedicamos 10 minutos a pasar el trámite y recuperamos la marcha, de nuevo en territorio canadiense. Tras una hora estamos danzando de nuevo entre los picos de las montañas, abrumados por la belleza del paisaje y acercándonos al ancho río Yukón en George Black, donde podremos atravesarlo. Un transbordador nos cruzará hasta la otra orilla, desde donde llegaremos a Dawson City en unos quince minutos, el punto más al sur donde finaliza la “Top of the World Highway”.

Entramos en Dawson City, donde el tiempo parece haberse detenido totalmente como si estuviéramos en el siglo XIX. Las estrechas calles que separan las antiguas casas construidas en madera y pintadas en tonos diferentes están sin asfaltar. Encontramos dos bancos que no desentonan con el resto, también construidos en madera. Entramos en un bar a tomar un refrigerio donde nos sirven las bebidas heladas, que nos dejan el pulgar y los labios congelados.

Lavando BMW X6Ya en el lejano oeste

Feliz se siente también el BMW X6 en este escenario del salvaje oeste, más que en otras partes. Así también lo sienten Ella y Verónica, que nos enseñan el Museo de la ciudad de Dawson sobre la fiebre del oro y la minería. A finales del XIX un hombre encontró aquí una pepita de oro imponente, explotando “la fiebre del oro”, que duró alrededor de dos años. En aquel entonces las tabernas se encontraban siempre llenas y en el suelo brillaba polvo del oro. De hecho, hasta hoy se ha seguido buscando oro en los alrededores de Dawson City. Aparcamos el BMW X6 junto al río y con una bandeja que hemos alquilado para lavar el oro nos colocamos en medio del lecho del río, donde removemos la tierra una y otra vez para descubrir el brillo de nuestro preciado premio. Ahora sí: después de 1.000 millas (unos 1.600 km), nuestro BMW X6 se ha ganado sin rechistar un minucioso lavado.

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