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Razones científicas de 'por qué nos gusta conducir'

Un estudio analiza de forma de científica la necesidad de velocidad en el ser humano y cómo afecta ésta en el plano físico y psíquico. Del estudio se desprenden reveladoras conclusiones, como que las pulsaciones al conducir al máximo en un circuito son mucho mayores si se comparan con las de saltar en paracaídas desde un avión.
Miguel G. Puente. Twitter @Miguelgpuente -
Razones científicas de 'por qué nos gusta conducir'

La Universidad de Portsmouth (Reino Unido) -¿no hay estudiosos para todo?- acaba de revelar las conclusiones sobre qué efectos tiene la velocidad en el plano físico, fisiológico y psicológico del ser humano. En el estudio, revelan que hicieron ensayos sobre conductores voluntarios y un profesional, concretamente, el 'stunt' de películas de culto entre aficionados del motor como 'Rush' y 'Mission Imposible 5', Niki Faulkner. La plataforma de ensayo ha sido el circuito de Goodwood y el coche empleado un Mini John Cooper Works

Para conducir no hace falta café

Yendo al grano sobre los resultados de la velocidad en el cuerpo humano, se desprende que la cantidad de adrenalina al conducir rápido aumenta tanto como para mejorar los tiempos de reacción en un seis por ciento. El mismo efecto que produce la cafeína.

Según explica el doctor Wagstaff, director del estudio, 'en situaciones de miedo y excitación, el cuerpo reacciona combinando pensamiento e instinto de supervivencia, llevando a un aumento de ritmo cardíaco y reacciones más rápidas'. Incluso yendo de pasajero -en este caso en un Mini JCW- el tiempo de reacción también aumenta en un cuatro por ciento, porque sus pulsaciones aumentan un 80 por ciento respecto a cuando estaba en reposo; en el caso del conductor, se duplican, de media.

¿Quieres pensar? Acelera tu corazón

Subir la frecuencia cardíaca es parte del reflejo del cuerpo ante el primitivo 'defiéndete o huye'. En el estudio reflejaron diversos ejemplos: al hacer una declaración de amor subieron a 130 las pulsaciones; una montaña rusa las coloca en 155; al saltar en paracaídas desde un avión, los voluntarios subieron a 170. Por su parte, conducir a tu máximo en un circuito eleva las pulsaciones a 181 y que te de una vuelta un experto en un trazado hace que, de media, las pulsaciones se cifren en 127, aunque hubo algunas personas que subieron a 153.

Con esto en la mano, resulta chocante que todavía hay quien se cuestione que desde pequeños tengamos querencia por la sensación de correr.

¿Contras de la velocidad?

No todo es idílico. El estudio afirma que aumenta un 370 por ciento la ansiedad del conductor, pero 'solo' la multiplica por 2,9 cuando el stunt-driver es quien conducía al objeto del experimento.

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