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¿Por qué se forman los atascos?

Sabemos cuáles son las ciudades que más sufren el problema del tráfico pero… ¿cómo se llega a esas situaciones? Y lo que es más importante, ¿cómo se pueden solucionar? Teorías científicas y ‘recetas’ para hacernos la vida más sencilla en las grandes metrópolis del mundo.
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¿Por qué se forman los atascos?

Grandes urbes y gigantescos atascos, un matrimonio lejos de ser feliz, condenado a soportarse. No hay posibilidad de divorcio. Este mal no sólo no tiene cura, sino que además, crece cada vez más, como una especie de cáncer que acabará por colapsar las ciudades. Como conductores, sufriendo la impotencia de un embotellamiento, todos nos hemos planteado más de una vez cuál es la causa de esta desesperante situación. Las explicaciones difieren, incluso se han elaborado teorías científicas a colación del tema.


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Atasco en la ciudad

En esencia, y sin acudir a complejas teorías matemáticas, un embotellamiento se forma cuando el volumen del tráfico es mayor a la capacidad que las infraestructuras pueden soportar. En definitiva, una densidad excesivamente elevada de coches.

El problema del espacio es la causa principal, pero se suman otras como los accidentes, que ralentizan sumamente el tráfico al eliminarse uno o varios carriles. Cada año, decenas de percances colapsan el tráfico de una carretera, como cuando un camión volcado ha cortado, literalmente, una autovía.

En menor medida, otro de los factores que determina la fluidez del tráfico es la meteorología. Las inclemencias del tiempo pueden provocar un caos en una ciudad si ésta no está preparada para asumirlas. Ejemplo de ello son las duras nevadas en Madrid de los dos últimos años.

Finalmente, la naturaleza de los lugares (centros de las ciudades, zona empresarial), la mala señalización o los eventos especiales son otros de los motivos que generan tráfico denso. Las graves molestias que genera el tráfico en las ciudades han puesto en marcha las mentes de medio mundo para darle solución. Para la comunidad científica, la solución a las atestadas urbes viene por encontrar la verdadera causa del problema. Algunos han comparado el tráfico con el flujo que entra por una botella y que puede atorarse por causas anecdóticas y pequeñas que generan problemas de mayor importancia, es lo que se conoce como efecto mariposa: un frenazo precipitado pero puntual, se convierte en un atasco de grandes dimensiones que afecta a cientos de coches. La velocidad ha sido otro de los factores señalados por los expertos. Como es el caso de unos científicos japoneses que realizaron un estudio publicado en la revista de psicología New Journal Physics. Los nipones compararon el comportamiento del tráfico con los sistemas de movimiento de partículas: las fluctuaciones de los coches responden a una reacción en cadena o, lo que es lo mismo, de causa-efecto. Las pequeñas variaciones de velocidad entre los distintos vehículos y el empeño que ponen los conductores en guardar la distancia de seguridad trae como consecuencia el atasco si la densidad de coches alcanza su punto crítico.
 

Lo que vienen a señalar estos científicos es que, a pesar de la falta de espacio, si los coches circulan a la misma velocidad, no tiene por qué generarse un atasco. Lo que demostraron empíricamente con varios coches dando vueltas a una rotonda: aunque aumentaran el número de vehículos, éstos seguían circulando, pero en el momento en el que uno variaba su velocidad respecto a los otros, comenzaban a generarse problemas de circulación.

 

Si bien hay ciertos aspectos de este experimento que son contradictorios con la seguridad en carretera, la distancia de seguridad es un factor obligado para la circulación, parte de razón tienen si escuchamos la opinión de los usuarios. Cuando este tema se debate en un foro, muchos automovilistas señalan el problema de la velocidad inadecuada y poco constante como causa de un tráfico poco fluido. Por ejemplo, si un coche circula por el carril izquierdo a una velocidad más lenta de lo normal, al ser el señalado para adelantar, comienza a generar cola en ambos carriles.

No obstante, la teoría de estos japoneses no es la primera que acusa a las normas de tráfico de generar embotellamientos en las carreteras. Según un estudio realizado en una universidad de Suecia, las ciudades industrializadas tienden a tener más atascos porque la circulación está regulada, siendo los semáforos uno de los mayores culpables en la materia. Lo ideal sería contar con un sistema que gestionase la regulación según las exigencias del momento, como ocurre en Tokio. Liberarse de la congestión es una de las asignaturas que más presente tienen los ayuntamientos. Incluso aún tomando medidas, los coches siguen circulando cual tortugas en las horas más críticas. Los atascos no sólo suponen una pérdida de tiempo y dinero para los conductores, además representan un foco de contaminación culpable del efecto invernadero y de la destrucción de la capa de ozono.

 

Para mermar en la medida de lo posible este mal, las administraciones toman diversas medidas. Una de la más generalizada es limitar el acceso de los vehículos a las zonas más conflictivas, generalmente, el centro de las ciudades. En el caso de Londres, el centro, conocido como el anillo, exige un peaje si se quiere circular por él entre las siete de la mañana y las seis de la tarde. La tarifa diaria es de 10 libras –unos 12 euros- y la multa por no pagarla asciende a 80 libras –cerca de 100 euros-. El peaje urbano de Londres no es el único, de hecho, la pionera europea en este tipo de restricción fue Estocolmo y actualmente se han sumado nuevas ciudades como Milán. Los ayuntamientos de ciudades españolas como Madrid o Barcelona se han planteado seriamente imponerlo, a fin de reducir en la medida de lo posible la contaminación.

Otro de los sistemas más comunes es el racionamiento de vehículos por matrícula: su acceso queda vedado a ciertas zonas durante diversas franjas horarias según el número de la matrícula. En definitiva, se prohíbe el acceso de un porcentaje de coches al día y se mide por el último número de la matrícula. Por regla general son dos dígitos los que quedan vedados al día de lunes a viernes. En teoría esta solución ahorra un 20 por ciento de coches. Este mismo método está vigente en ciudades como Atenas, Sao Paulo, Mexico DF, Bogotá, Santiago de Chile, La Paz o San José de Costa Rica y el organismo de tráfico de Pekín está planteándose instaurarlo.
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