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Nissan Qashqai 1.5 dci

El Qashqai ha llegado en el momento adecuado y con las cualidades adecuadas. Tiene imagen imponente de todo terreno, dimensiones razonables, mecánicas de primera línea y un precio contenido. En esta variante diesel los consumos son ridículos y anda suficiente como para tener que andar atento a los radares. No es extraño que la lista de espera llegue ya a octubre.
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Nissan Qashqai 1.5 dci
Llega el momento de la verdad. Salir a carretera con equipaje. Ya te imaginas de qué irán las seis marchas. Cuatro para usar, una de desahogo y la sexta para las bajadas. Concebido con la red de autovías en mente, el Qashqai te dejará “pegado”, con seis marchas plenamente utilizables. No sientes que corra, porque el motor apenas hace ruido. Los espejos empiezan a cubrirlo todo su con velo sólo a velocidades a las que los radares se escandalizarían.

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A menos de 2.000 vueltas empuja con valentía y si simplemente quieres mantener un crucero justo al límite de 130 km/h reales –bien pasados los 140 de aguja-, verás que puedes mantener la sexta incluso en puertos. Tiene truco y lo comprobarás cuando te metes en carreteras secundarias, en las que tengas que adelantar: la ley del acelerador es muy directa al principio y a mitad de recorrido ya tienes casi todo lo que hay; más allá, verás que no queda mucho.

En uso normal, resulta de lo más satisfactorio y, si estiras las marchas, compruebas que “anda que se las pela”. Claro, que llegado un adelantamiento no tiene el golpe de riñones al que acostumbran los turbodiesel de dos litros para arriba. Entonces apreciarás que este motor de origen Renault tiene una inusual capacidad para estirar las marchas y seguir empujando con ganas y sin estridencias hasta casi las 5.000 rpm. Hay fuerza, pero no sobra. Es decir, toca preparar la maniobra a la antigua usanza, dejando espacio, calculando bien y lanzando el coche en el propio carril, lo que no es difícil por la progresividad del motor.

Lo peor que te puede pasar es que alguien que te vea lanzado, dude, te haga frenar y te deje pasar; para entonces, el poderío que irradia el frontal del Qashqai como si fuese un SUV hipermotorizado al uso se habrá ido en humo, pero…

Ya han caído varios millares de kilómetros al volante. Ya te olvidas de tu misión “rodadora” y te das cuenta de lo que da de sí un motor pequeño, ajustado en potencia y sobrado de par, a las necesidades actuales. Dado que la utilidad de la potencia es luchar contra el aire, una lucha desigual que crece al cubo de la velocidad, poco importa ir más allá de 100 caballos si te conformas con no ver más a allá de 150 km/h en tu marcador en llano y algo más en circunstancias favorables. La velocidad máxima que puede alcanzar está incluso más arriba, pero si no lo vas a utilizar… Otro amigo me hace notar que su actual turbodiesel, un 2.2, tiene el mismo par motor que este 1.5, así se explica lo bien que empuja y sube cuestas incluso cargado. Hace 2.000 km que se puso a cero el indicador de consumo. Siempre rodando ligeramente por encima de los límites fijados en la carretera, aunque dentro de la tolerancia por los errores de velocímetro y radar. Y ahí sigue impertérrita una cifra por debajo de los 7 l/100km. Endulza el paso, no mucho, lo justo para el marcador justo dentro de los límites y entonces no llegas a los 6 l/100km. Por 21.000 euros se le antojan a uno pocos coches tan honestos como el menos potente de los Qashqai. Tiene base de compacto, un tamaño de compacto, unos consumos de compacto y… toda la imagen campera, con esa posición elevada de conducción que se lleva ahora. No hay compromisos en confort, tampoco en estabilidad, incluso resulta divertido de conducir, con una buena postura y un cambio de manejo suave. Luego, cuando nos hemos lanzado por caminos de tierra, hemos comprobado que, con un par de centímetros más de distancia al suelo que el promedio de la categoría es, al menos, mejor que cualquier berlina. Y también percibimos que el filtrado de su suspensión se traga todo y que los amortiguadores evitan movimientos excesivos. Lo siento por mi amigo, no puede presumir de faros bixenón, ni faros que se giren en las curvas. No lleva suspensión activa. Le faltan un montón de tomas de mechero para poder conectar todos los cachivaches electrónicos que se llevan ahora, pero en Nissan han pensado que sus usuarios no tendrán niños. ¿Acaso no saben que llevamos PDA, móvil, MP3, etc y que se descargan más de lo que querríamos? Para la navegación, ellos te ofrecen la suya propia, integrada, a precio… buff, como todos; para el móvil, ofrecen un equipo bluetooth en la radio de mejor escucha que cuando las emisoras son de baja potencia; para el MP3... no he conseguido encontrar la conexión.

Salvadas estas carencias, el Qashqai lleva todo lo razonable. Sus asientos posteriores no son articulables ni extraíbles como acostumbran los monovolúmenes, pero hacen lo que cualquier otro compacto. El maletero no tiene nada que envidiar a los de éstos, más bien al contrario. Y si bien es verdad que la altura al techo en las plazas posteriores no es deslumbrante, sirven bien para adultos de talla convencional. Ya lo decíamos al principio, el Qashqai está hecho a la medida de las necesidades de los clientes. O, al menos, de lo que están dispuestos a pagar por ellas.

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