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DARPA Urban Challenge: la gran carrera

Once coches compiten en esta gran final con el desierto californiano de Mojave como escenario: armados de radares, láseres, GPS y potentes ordenadores, tendrán que cumplir tres misiones en menos de seis horas. Empieza la gran carrera urbana en la que el DARPA sólo prohibe una cosa: que los vehículos tengan conductor. Autopista.es ha estado allí.
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DARPA Urban Challenge: la gran carrera
Es aún de noche y en medio del desierto brillan potentísimos focos que convierten la oscuridad casi en luz diurna. Montones de policías, zonas acordonadas, perímetro de seguridad. No es de extrañar, estamos en una base militar, abandonada, sí, pero que hoy revive para alojar un evento fuera de lo común auspiciado nada más y nada menos que por el DARPA, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada del Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Como agencia militar que es, el DARPA lanzó un reto al mundo civil –industrias y universidades- hace ahora tres años: no querían perder soldados en territorio enemigo en labores de avanzadilla. ¿Por qué no crear un vehículo capaz de circular sin tripulación humana a bordo, de tomar decisiones sobre su propio itinerario, de recopilar información del enemigo sin arriesgar vidas propias? Como “cebo”, un suculento premio en metálico y, por supuesto, la gloria de ir más allá en el mundo de la tecnología, de hacer posible lo que a priori parece imposible, prescindir del cerebro humano en una actividad llena de imprevistos, como es la conducción. Así nació el DARPA Challenge.
La primera convocatoria, la de 2005, se centró en la conducción en un entorno “no reglado”: 132 millas por el agreste territorio de Arizona en menos de siete horas, recorriendo todo tipo de terrenos, desde carreteras estrechas a tramos de desierto, caminos de ganado, pasos que transcurrían entre postes de electricidad, un cruce de vías de tren… El equipo ganador entonces –de los 23 que disputaron la final- fue el formado por la marca Volkswagen y la Universidad de Stanford. Su criatura se llama Stanley, un VW Touareg con motor TDI de 174 CV, muy cercano al vehículo de serie, aunque con algunas modificaciones en la protección de bajos y en la resistencia de los amortiguadores… y con la tecnología más avanzada en los sectores de la navegación y la detección de obstáculos mediante radar y láser. Se había llegado al primer hito.

El siguiente paso, el que vamos a presenciar en unos momentos, añade una vuelta de tuerca al reto: ¿y si ponemos a esos coches autónomos en un entorno urbano? Hay que afinar en la precisión de los trazados, porque en una ciudad hay aceras, calles, muchos carriles, innumerables coches compartiendo la vía, señales de todo tipo, peatones… un marasmo de datos que pone a prueba la capacidad de organización y control de un ordenador, por muy sofisticado que sea. Eso, ni más ni menos, es el DARPA Urban Challenge al que ha asistido quien firma estas líneas, una carrera muy particular con una fase preliminar en la que, de los 35 equipos aspirantes, los candidatos quedaron reducidos a 11, los mismos que ahora se enfrentan en la gran final. Estos equipos están integrados por estudiantes de universidades apoyados por firmas de electrónica, fabricantes de GPS, radares y láseres e incluso por fabricantes de automóviles, como es el caso de Volkswagen, que se presenta de nuevo a esta carrera con un VW Passat Variant apodado Junior tecnológicamente equipado en colaboración con la Universidad de Stanford y con el propio Laboratorio de Investigación Electrónica de la marca alemana, situado en Palo Alto (California). En cuanto a los vehículos, en realidad todos los coches participantes se parecen: robotización de las funciones básicas de conducción, láseres, radares, sistemas de navegación por GPS, un gran ordenador central que recibe todos los datos… Lo que los diferencia, sobre todo, es la parte del software, es decir, la programación que rige todos esos elementos y que configura el auténtico “cerebro electrónico” del vehículo, el que tendrá que valorar cada situación de tráfico a la que va a enfrentarse, dilucidar qué es posible hacer y qué no conviene y, por último, el que tendrá que ejecutar la maniobra decidida. En él se concentra todo el “know how”, el verdadero talento que ha sido capaz de aplicar cada equipo.

Los premios son tres: 2 millones de dólares para el primero, 1 millón para el segundo y 500.000 para el tercero. Ahora bien, el campeón no será el que llegue el primero, no –de hecho no hay una meta en sentido físico- , sino el que complete los tres citados recorridos, lo que el DARPA llama “misiones, de forma impecable, tomando las decisiones adecuadas en los momentos oportunos, demostrando –ahí está el quid de la cuestión- que la mano, y sobre todo el cerebro, del hombre no son en absoluto necesarios. ¿Quieres saber cómo fue la carrera? ¿Quién la ganó? Pues sigue lee nuesta crónica del Urban Challenge.
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