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Crisis, estrés y coche: cóctel peligroso

La mayoría de los automovilistas conducimos bajo estados de estrés. Con la crisis económica, esta situación se ha agudizado. Si no quieres que te pase a ti, lee este reportaje: te damos todas las claves.
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Crisis, estrés y coche: cóctel peligroso
El 60 por ciento de los conductores cambia su actitud al volante cuando tiene prisa y si a eso le añadimos el estrés producido por la crisis, ese cambio puede ser aún mayor. La sensación de estrés en el coche se recrudece cuando vamos con prisa. Esto genera, en muchas ocasiones, una actitud imprudente: se aumenta la velocidad, con lo que tendremos un tiempo menor de reacción ante un imprevisto. Por otra parte, se acusa una falta de reflexión: por mucha prisa que tengamos, circular a más velocidad, sobre todo en ciudad no va a solucionar nuestro problema, porque el tráfico tiene un número suficiente de elementos que nos van a impedir ahorrar tiempo: semáforos, peatones, etc.
Pero si a pesar de ir más rápido, no conseguimos llegar a tiempo, además de estar estresados nos pondremos de mal humor y esto provoca un estrés continuado. Así, lo primero que hay que hacer es planificar mejor los viajes que hagamos en coche y estudiar el mejor itinerario posible para no toparnos con el mismo atasco de siempre. Pero si nos ha 'pillado el toro' y nos encontramos en pleno atasco, debemos modificar la manera de percibir la situación. Por ejemplo, pensar 'otra vez, saldré con mas tiempo'. En segundo lugar, es conveniente sustituir los pensamientos negativos por los positivos: 'No pasa nada si llego un poco más tarde'. Si esto no funciona o lo hace parcialmente, podemos desviar el pensamiento de la situación estresante, centrando nuestra atención en la tertulia de la radio o en la canción de nuestro CD. Y lo más importante: desconectar. Si estás preocupado por la crisis, porque no sabes si te van a echar del trabajo o te acabas de quedar en el paro o tienes dificultades para pagar la hipoteca, tienes dos opciones: no conducir si te encuentras mal o si no te queda otro remedio, coger el coche pero con la cabeza puesta en la carretera.

No todo estrés es malo. Cuando nos vemos en una situación difícil o queremos conseguir algo concreto, nuestro organismo se 'programa' para actuar ante esa situación. El problema es cuando el estrés es continuado. Nos estresamos para conseguir un mayor rendimiento, pero este mayor rendimiento tiene una consecuencia lógica: la fatiga. Por eso cuando el estrés es puntual, no es nocivo, pero si es continuado es fuente de innumerables problemas. Este estrés malo, llevado al extremo, es incompatible con la conducción. Una de las consecuencias fisiológicas del estrés malo es una disfunción en la visión: los ojos se adaptan para captar más luz, por lo que las pupilas se dilatan y por este motivo, la visión general se ve afectada, ya que la luz ambiental molesta mucho más y cuesta más enfocar los objetos a corta y media distancia.

Del estrés al miedo, hay un paso. La incertidumbre de una situación, por ejemplo: ¿cuándo va a acabar la crisis?, puede provocar miedo. Además, la persona estresada se encuentra debilitada (ya hemos visto que el estrés provoca fatiga), con lo que no se siente con fuerza para enfrentarse a la situación. Esto provoca falta de atención. El deporte más común del estresado es darle vueltas a las cosas sin parar, con lo que la capacidad de concentración disminuye y las distracciones se disparan en la conducción. En este caso, es fundamental ir al médico para determinar las causas del estrés y buscar una solución. Y, por supuesto, hasta encontrarla, ni tocar el volante.
Crisis: cómo nos afecta al volante
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