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Concesionarios olvidados que acumulan polvo... y coches (vídeos)

Rincones en los que el tiempo solo pasa en forma de polvo depositado. Tres concesionarios que echaron el cierre escondiendo en su interior auténticas joyas.
Carlos Cuesta Chanes -
Concesionarios olvidados que acumulan polvo... y coches (vídeos)

Tic tac, segundos inertes que pasan sin que nada pase entre esas paredes. Ajenos a la vida ahí fuera y ajenos al tiempo. Y por cada segundo una mota de polvo, y al cabo de años, una gruesa capa cubre cada uno de los coches allí olvidados. Algunos de ellos, auténticas delicias automovilísticas que, de haber corrido otra suerte, estarían ahora en manos de alguien que no consentiría una sola mota de polvo sobre sus flamantes carrocerías.

Hablamos de tres concesionarios en tres continentes que, por diversos motivos, echaron el cierre. Es verdad, son miles los puntos de venta de coches que han cerrado. Entonces, ¿qué tienen de especial estos tres? Pues que sus respectivos dueños no se molestaron en sacar de allí los coches que tenían en stock el día de la triste clausura. Esta es la historia de cada uno de ellos.

Concesionario en Kolding (Dinamarca)

Jens Soresen tenía un próspero concesionario Fiat en una pequeña localidad portuaria de Suecia llamada Koldig. Cuando los años ochenta acababan de aterrizar en los calendarios, Soresen decidió cambiar la venta de turismos por la de vehículos pesados. Por algún motivo, en el momento de cerrar las puertas para no volver a abrirlas quedaron dentro unos 200 coches que permanecieron en el olvido durante décadas. Era 1981.

Tic tac, los segundos siguieron avanzando en fila, y se fueron acumulando hasta que Jens cumplió 92 años. Nunca llegó a cumplir 93. Entonces hubo que leer el testamento, y fue así como su hijo Kjeld descubrió que era el heredero de toda una gran flota de turismos: modelos Fiat 127, 128, 131, Ritmo… Las puertas del concesionario volvieron a abrirse y muchos de esos coches, que habían pasado décadas a la espera de dar con un comprador que ya parecía que nunca iba a llegar, por fin fueron vendidos. Los precios variaron desde los 250 euros que se pagaron por un 600 que reflejaba en su carrocería los estragos de un accidente de otro tiempo hasta los 6.500 de un Lancia Beta. Y, por supuesto, Kjeld se quedó algunos de los coches.

Concesionario en Oakville (Ontario, Canadá)

A este concesionario de BMW le llegó la mala suerte el día de 1988 en que, por motivos que no han trascendido, se le retiró la licencia de venta. Desde entonces permanece cerrado; y, si en el de Suecia los coches acumulaban polvo, aquí polvo y nieve se amontona sobre ellos a partes iguales. Y es que algunos de los coches están a la intemperie. El concesionario albergaba modelos como el Serie 5, el M635 CSi, el Serie 7, una moto R80 o un 535i con 735.503 km.

No obstante, este establecimiento ha vuelto recientemente a la vida, y se ha incorporado de golpe al siglo XXI. Ahora se aloja en él una empresa que se dedica al alquiler, venta y reparación de vehículos de alta gama. Desconocemos qué ha sido de los coches que ocuparon el local durante tantos años.

Concesionario en Gifum (Tokyo, Japón)

Este es el más misterioso de los tres concesionarios que nos ocupan, puesto que desconocemos cómo llegó a la situación de abandono en la que se encuentra hoy. Está en las proximidades de la ciudad de Nagoya, al sur de Tokio, cerca de la capital nipona. Todo lo que te podemos contar es lo que se puede ver a través de sus –cada vez más opacos- cristales.

El establecimiento aloja multitud de coches clásicos de diversas marcas que languidecen a la vista de quien pasan ante la puerta cerrada. Maserati, Corvette, Alfa Romeo, Mini, Renault, un Iseta medio desmontado… Pero la joya de la corona es un Fórmula Indy que condujeron Airton Senna y Emerson Fittipaldi.

En este enlace puedes hacer una visita virtual a este peculiar museo improvisado.

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