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Coches malditos, ¿mito o realidad?

¿Es pura superstición o se trata de hechos reales? Hay coches que históricamente han sido tachados de portar una maldición. Los más famosos son el Porsche 550 RS Spyder de James Dean o el Graef und Stift en el que asesinaron a los archiduques de Austria.
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Coches malditos, ¿mito o realidad?
Las historias de miedo que los niños cuentan por la noche a la luz de una linterna también pueden tener a automóviles como protagonistas. Podría ser la trama de una película, y de hecho lo es: un vehículo que porta una maldición y trae la desgracia a todo el que se cruza en su camino.

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Coches Malditos

Hay ciertas ‘leyendas’ que, debatiéndose entre el mito y la realidad, narran la historia de coches que existieron realmente y que dejaron tras de sí muertes extrañas e inexplicables. Quizá el caso más famoso es el del Porsche de James Dean, el ‘pequeño bastardo’ en el que murió el famoso actor a los veinticuatro años. Pero no es el único. En nuestra búsqueda tras los automóviles malditos hemos encontrado casos increíbles. Darles credibilidad es cosa de cada uno, pero no cabe duda de que son verdaderos ‘expedientes x’. ¿Se trata de simple superstición? ¿Hasta qué punto estos hechos son auténticos? Bienvenido a nuestro viaje por lo desconocido. Como la gran mayoría de las estrellas que mueren prematuramente, James Dean pasó a ser leyenda. El lema del actor era irónicamente ‘vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver’. Una idea que bien podría definir su corta existencia. Al joven actor le gustaba pisar el acelerador, a pesar de protagonizar campañas de tráfico contra el exceso de velocidad. Un hobby que le llevó a la tumba. ¿O quizá el culpable fue su coche? Durante el rodaje de Gigante, película que se estrenó dos meses después de su muerte, James Dean se compró un Porsche 550 RS Spyder. Todo un señor deportivo de los años 50, que equipaba un motor de 110 CV de potencia capaz de llegar a los 220 km/h. El actor lo bautizó ‘Little Bastard’ (pequeño bastardo), quizá haciendo referencia a lo difícil que era manejar su endiablada propulsión trasera.

Su bastidor era 2Z77767, unos números que parecían portar una maldición. El 30 de septiembre de 1955, James Dean se dirigía a una carrera que se iba a celebrar en Paso de Robles (Salinas, California). Al llegar al cruce de la ruta 446 con la 41, chocó contra un Ford Tudor que iba excediendo el límite de velocidad. Algunas fuentes aseguran que la estrella conducía a una velocidad moderada y qué sólo el otro conductor tuvo la culpa, pero otras exponen que ambos circulaban demasiado rápido. Sea como fuere, Dean murió en el acto. Su acompañante, el mecánico y amigo del actor Rolf Weutherich, corrió mejor suerte: ‘sólo’ se fracturó la clavícula y una pierna. George Barris, famoso ‘tunero’ de Chicago que ha elaborado numerosos coches famosos del mundo del espectáculo (el Batmóvil de los años 60, el mismísimo Coche Fantástico o el Ecto-1 de los Cazafantasmas), decidió quedarse con el destrozado Little Bastard y aprovechar algunas de las partes que podían ser útiles tras el accidente. No en vano se trataba del coche de una estrella de Hollywood. El Porsche 550 fue trasladado a su taller. Al bajarlo del camión, las cuerdas que lo sostenían se rompieron y el deportivo cayó sobre uno de los mecánicos, partiéndole las dos piernas. Esta fue la primera de una larga lista de desgracias que envolvieron a los coches y conductores que equiparon algunos de sus componentes.

Dos de las ruedas de Little Bastard pasaron a formar parte de un automóvil de competición. En medio de la carrera, ambos neumáticos estallaron y el coche se estrelló contra uno de los rivales. El corredor no murió, pero estuvo varios días en coma. Por otro lado, Barris vendió el eje de transmisión y el motor a dos pilotos, uno de ellos un médico aficionado a las carreras. Durante la competición, ambos coches sufrieron una brutal colisión que acabó con la vida de sus ocupantes. Temeroso de ser alcanzado por la maldición, Barris decidió deshacerse de la carrocería y el chasis. El Porsche de James Dean fue a parar a un museo de Sacramento (California, EEUU) para ilustrar los peligros de la velocidad en carretera. Aunque parezca increíble, Little Bastard cayó del pedestal donde estaba expuesto y le rompió la cadera a un joven visitante. Finalmente, sus dueños decidieron llevarlo al desguace y destruirlo. Mientras era transportado a Nueva Orleans, el camión que lo llevaba fue alcanzado por un automóvil. El conductor del coche salió despedido para ‘enterrarse’ bajo las ruedas de Little Bastard y fenecer. Hasta el día de su ‘muerte’, este Porsche ‘del Averno’ se llevó la vida de cuatro personas y causó heridas de gravedad a otras cuatro. ¿Casualidad?, he aquí el misterio. Little Bastard y el Graef und Stift protagonizan uno de los reportajes de Cuarto Milenio, el famoso programa de Cuatro presentado por Iker Jiménez. Junto a Little Bastard, esta limusina nacida en 1910 es considerada otro de los más famosos automóviles malditos de la historia. Su color rojo sangre parecía augurar un futuro de desgracia para todo aquel que lo poseyera. Fabricado por la marca austriaca Graef und Stift, se trataba del coche donde fueron asesinados por Gavrilo Princip, miembro del grupo radical ‘La joven Bosnia’, los archiduques de Austria, Francisco Fernando de Hasburgo y Sofía de Hohenberg. Este hecho, ocurrido en Sarajevo, fue el detonante de la primera Gran Guerra.

La leyenda cuenta que todos los dueños de este Graef und Stift eran víctimas de la mala suerte. El primero en adquirir el coche fue un oficial del Estado Mayor de Bosnia. A la semana de tenerlo, se estrelló contra una tapia y murió, mientras que el vehículo no sufrió daño alguno. Su siguiente dueño fue un médico yugoslavo. Tras seis meses, falleció al volcar con él, pero la dura limusina se mantuvo, de nuevo, intacta. Posteriormente, fue adquirido por Simon Mantharides, un joyero coleccionista de antigüedades. Al comprarlo como pieza de colección, no perdió la vida a su volante, pero se suicidó seis meses después por causas desconocidas. El Graef und Stift pasó a manos de otro coleccionista. Se trataba de un médico y, al parecer, comenzó a perder pacientes y a tener problemas económicos. Por este motivo, lo puso en venta. El coche se convirtió en propiedad de un corredor de apuestas nada supersticioso: quería probar que aquel modelo no era el portador de ninguna maldición. Tardó pocos días en morir en carretera, ¿a que no adivináis con qué automóvil? La historia más curiosa de este caso es la de un rico terrateniente residente en Sarajevo. Un día, mientras paseaba feliz con su nueva adquisición, el Graef und Stift se quedó parado sin motivo aparente. Cuando estaban atándolo a un carro de bueyes para transportarlo al taller, aquel vehículo infernal se puso en marcha súbitamente, atropelló a su dueño y cayó por un barranco. Pero la 'leyenda' no termina aquí. Aún estando destrozado, Tiber Hirshfield, propietario de un negocio de vehículos de alquiler, lo adquirió, lo restauró y lo pintó de azul. Quizá esperaba que el cambio de color acabase con sus 'instintos asesinos'. No fue así. Las características de este modelo austriaco lo convertían en el coche perfecto de una boda. La primera vez que fue utilizado para este fin, sufrió un accidente. Hirshfield, que hacia las veces de chófer, fue su sexto y último dueño en fallecer.

Este 'cuento de terror' finaliza en un museo de Austria. El edificio parecía un imán para las bombas aliadas en la II Guerra Mundial: la mayor parte de la colección fue arruinada en la contienda. Casi toda, menos el Graef und Sift de los archiduques de Austria: un perfecto superviviente que bien podría compararse con un asesino en serie.
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