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Más ciudades atascadas

Los atascos nos son exclusivos de los nuevos países emergentes. El mundo industrializado también los sufre, así como zonas que aún no han dado su empuje final hacia el capitalismo. El primer caso disfruta de poder económico para hacer frente a las vicisitudes de la circulación, mientras que el segundo se sume en una completa anarquía.
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Más ciudades atascadas

 

Pese a contar con unas infraestructuras mucho más preparadas, los atascos siguen siendo uno de los problemas endémicos de las grandes capitales de los países industrializados. La hora punta produce grandes dolores de cabeza tanto a conductores como a administraciones. No obstante, a diferencia de lo que ocurre en Pekín, en Johannesburgo o Sao Paulo, la red de transporte público está muy desarrollada y sigue siendo la opción más usada por los urbanitas, principalmente para desplazarse a sus centros de trabajo. En el polo opuesto se encuentran ciudades aún en vías de desarrollo: allí el volumen de coches es menor, pero la carencia de un código de circulación, de una red de transporte y de infraestructura vial tiene como resultado un caos llevado al extremo.

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Atasco en la ciudad

De todas las ciudades del mundo desarrollado, es Los Ángeles la que más sufre embotellamientos. A pesar de ser la metrópoli con más carreteras del planeta, con unas infraestructuras de vértigo si observamos un plano aéreo de sus autopistas, no se libra de este mal. La razón es sencilla, Los Ángeles está concebida por y para el transporte privado: el transporte público no es una opción, por lo que las familias están obligadas a tener, como mínimo, un coche. La hora punta resulta un infierno con miles de coches atascados en el intrincado de asfalto que la conforma.

A ésta se une Tokio. Pese a ser la ciudad más industrializada del mundo, la capital nipona sufre diariamente embotellamientos en sus calles y autopistas a consecuencia del enorme volumen de vehículos. Sin embargo, la situación se hace sostenible gracias a un Centro de Control de Tráfico de ciencia ficción. Su central parece la misma NASA, con enormes paneles LCD que muestran el plano de Tokio e indican el estado de las calles por colores, siendo rojo el indicador de problemas de circulación. La información la reciben de las más de 17.000 cámaras repartidas por la ciudad, así como de los agentes de tráfico y los helicópteros. Este organismo, que funciona 24 horas al día los 365 días al año, es capaz de manipular los semáforos de la ciudad para conseguir una mayor fluidez.

La tercera en discordia es Londres. Pese al peaje urbano que opera desde hace años, los atascos son el pan nuestro de cada día. El centro de Londres se caracteriza por calles estrechas, colapsadas por las decenas de líneas de autobuses que circulan por la zona. Llama la atención estar paseando por Oxford Street a las seis de la tarde y ver una fila de autobuses, cual orugas, que avanzan lentamente al son de los semáforos.

Si hay algo peor que el tráfico denso en una ciudad, es el tráfico denso sin orden alguno. Es el caso de algunas urbes asiáticas, donde la normativa de tráfico y las señales y semáforos son un mito. Cuando un europeo viaja a estas ciudades es testigo de una locura inconcebible para nuestra mente, acostumbrada a pasos de cebra, semáforos y, sobre todo, carriles con una única dirección. En Hanoi, capital de Vietnam, más de un turista tendrá miedo de cruzar la calle en las zonas más transitadas: un río de motos y bicicletas, en su mayoría, mezcladas con algún coche o autobús, fluye sin pausa por las calles. Los peatones cruzan sin que estos se detengan, sorteando con habilidad las decenas de vehículos. Las intersecciones no están reguladas, por lo que vemos motos y coches cruzarse sin organización alguna y en diferentes direcciones. No obstante, es curioso ver cierto orden en medio del caos y, sobre todo, observar la facilidad con la que circulan los conductores: parecen entender esa absoluta anarquía. Similar a la de Hanoi es la circulación de Bangkok: sus estrechas calles acogen a cientos de bicicletas, motos y tuk-tuks –el mítico triciclo motorizado clásico de estos países- que transitan sin atenerse a ninguna regla. Pero a diferencia que en Vietnam o en Bombai (India), en la capital de Tailandia se unen a la fiesta los elefantes. Más de 200 viajan por las calles junto a la vorágine del tráfico desde 2006, momento en el que el ayuntamiento los comenzó a utilizar como reclamo turístico. Este claro caso de explotación animal se une al hecho del peligro que entraña permitir que estos lentos paquidermos circulen junto a los vehículos. Pese que allí la velocidad media es de 13 km/h sigue siendo bastante elevada en comparación con el paso de un elefante. El aumento de accidentes por el casco urbano de Bangkok ha obligado a la administración a limitar el acceso de los elefantes a las calles más transitadas: gracias a un chip, éstos están controlados y se evita que salgan de sus áreas designadas.>

Jakarta, capital de Indonesia, es otra de las urbes señaladas como caos vial. La propia administración de este país situado en la isla de Java hizo un estudio que profetizaba que en 2014 la ciudad estaría completamente colapsada. Las causas del desastre son las mismas: infraestructuras deficientes, un código de tráfico inadecuado y una red de transporte público insuficiente.
El atasco más grande del mundo
¿Por qué se forman los atascos?
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