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BMW M3, el origen del mito

25 años y cuatro generaciones después, el espíritu deportivo del BMW M3 se mantiene más vivo que nunca. Autopista.es rinde homenaje a uno de los coches más emblemáticos en la historia reciente de la automoción. Para que vayas calentando motores, aquí tienes un aperitivo: las claves del original M3 E30.
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BMW M3, el origen del mito
En agosto de 1985, las principales revistas alemanas especializadas en el mundo del motor anunciaban algo realmente atractivo: BMW estaba empezando a desarrollar el Serie 3 más rápido y excitante de todos los tiempos. Los datos de prestaciones inicialmente adelantados impresionaban: un motor de 200 CV, una aceleración de 0 a 100 km/h en 6,7 segundos y una velocidad máxima de 230 km/h.

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25 Aniversario BMW M3

El proyecto del M3 se había estando fraguando unos meses antes en los cuarteles generales de BMW y Motorsport GmbH con un único objetivo: transmitir la herencia deportiva del espíritu M, cimentado por el estratosférico M1 de finales de los 70 y principios de los 80. El entonces presidente de la compañía, Eberhard von Kuenheim, encargó personalmente al Director de Desarrollo Técnico de Motorsport GMBH, Paul Rosche, la puesta en marcha del M3. A Rosche le avalaba haber sido el padre del motor turbo con el que el piloto brasileño Nelson Piquet se alzaba con el título de campeón del Mundo de F-1 en 1983 al volante del BMW Brabham. La historiografía cuenta que en el increíble plazo de dos semanas Rosche y su equipo de ingenieros y mecánicos prepararon el nuevo propulsor. Fueron dos semanas de frenético trabajo, en el que se tuvieron que solventar diversos inconvenientes. El primero de ellos era el cigüeñal del entonces motor de seis cilindros del Serie 3. A medida que aumentaban las revoluciones, el cigüeñal tendía a vibrar antes que un motor de cuatro cilindros. Por ello, se eligió un tetracilíndrico que aumentó su cilindrada de 2,0 litros a 2,3 litros –este motor de cuatro cilindros también ofrecía la ventaja de un menor peso-. El cigüeñal de dicho motor era extremadamente rígido y estaba preparado para soportar incluso algo más de 10.000 rpm, aunque finalmente la versión que se comercializaría posteriormente se limitaba a 6.750 rpm, lo que mostraba un margen de mejora y desarrollo posterior realmente impresionante. Rosche y su equipo habían demostrado que se podía lograr un motor deportivo y que transmitiese grandes sensaciones sin tener que recurrir a la sobrealimentación, lo que aportaba las grandes virtudes y la potencialidad de los propulsores atmosféricos.

El Serie 3 E30 Coupé iba a ser el vehículo en cuyas entrañas se iba a acoplar el nuevo motor. El propio Rosche condujo por primera vez el M3 E30 hasta la casa de Kuenheim. Éste se puso al volante y cuando volvió de su ‘paseo’, fue claro y franco: ‘Good, I like it’. El ‘jefe’ daba el visto bueno. La leyenda del M3 comenzaba oficialmente. El objetivo de BMW era crear un M3 totalmente apto para la conducción diaria. Por ello, su fabricación no sólo se iba a limitar a las necesarias 5.000 unidades que se precisaban para su homologación para la carretera –según las normas vigentes de entonces-. No obstante, antes de su entrada definitiva en la cadena de montaje para su producción en masa hubo que solventar otros contratiempos.

Los probadores de BMW y Motorsport GmbH continuaban con los tests. Una vez más, el ‘infierno verde’ de Nürburgring iba a engrandecer su mito de circuito tremendamente exigente. El motor 2.3 de 200 CV y el cambio manual de cinco marchas se mostraban intachables, no así el sistema de escape cuyas salidas presentaban diversas grietas muy preocupantes. Al parecer, el sistema de escape no era capaz de soportar las altas temperaturas de los gases en plena carga, lo que provocaba que dicho sistema se dilatara hasta 2,5 cm La solución, en principio, sencilla: unas arandelas en las salidas e imprevisto solventado. Además de estas pruebas de Nürburgring, el M3 superó el duro test de 150.000 kms a plena velocidad y sin pausa en el circuito italiano de Nardo. En otoño de 1985 se presentaba en sociedad el nuevo BMW M3. El lugar elegido fue el Salón del Automóvil de Frankfurt. Además de su motor 2.3 de 200 CV -195 CV en la versión con catalizador que se comercializaría en 1989- y sus increíbles prestaciones de 235 km/h y aceleración de 0 a 100 km/h en 6,7 segundos, este deportivo para el uso diario destacaba por su agresivo diseño y por otras características técnicas.

En su estética, resaltaba el deflector delantero y el gran alerón posterior, así como los faldones laterales. Su ligero peso -1.200 kg sin lastre- era otra de sus virtudes, con una increíble relación peso-potencia de 6,15 kg/CV. La aerodinámica también se había trabajado a fondo, con un coeficiente Cx de 0,33. Tanta exclusividad y desarrollo técnico tuvieron un precio: 58.000 marcos de entonces, exactamente 14.700 marcos que el BMW 325i Cabrio, la versión hasta entonces más cara hasta la aparición del M3. Las necesarias 5.000 unidades del M3 para su homologación se vendieron fácilmente. Las primeras unidades no se entregaron a los clientes hasta 1987. Era tal la expectación que había creado el M3 que muchas de las revistas del motor especializadas incluían anuncios de compra y venta donde se ofrecía un precio notablemente superior al oficial. El año 1987 fue el momento elegido para el debut oficial del M3 en competición. La versión de carreras incorporaba el motor 2.3 potenciado hasta 300 CV a 8.200 rpm. Ese mismo año comenzaba de forma oficial el Campeonato Mundial de Turismos –conocido hoy en día con las siglas WTCC-. Escuderías como Linder, Schnitzer y Zaspeed y pilotos de renombre como Christian Danner, Markus Oestreich, Roberto Ravaglia y Enmanuelle Pirro se encargaron de empezar a escribir con letras mayúsculas la leyenda del M3 en circuitos. Roberto Ravaglia se alzaba con el título de campeón mundial, mientras que Winfred Vogt se hizo con el cetro europeo. De esta forma, el M3 arrasó en su debut en circuitos, pero fuera de ellos, también tuvo un papel destacado. Entre las actuaciones más relevantes, rescatamos la victoria conseguida en el Rallye de Córcega, la primera de BMW tras 14 años de sequía o el octavo lugar conseguido por el belga Marc Duez en el mítico Rallye de Montecarlo, el mejor piloto con un coche que no llevaba tracción a las cuatro ruedas. Las carreras de resistencia fueron otra de las modalidades deportivas en las que el M3 obtuvo varios triunfos, los más destacados los logrados en 1989 y 1990 en las 24 Horas de Nürburgring.

Era tal el atractivo del BMW M3 que las versiones especiales no se alargaron mucho en el tiempo. Para aquellos que quisieran presumir de un deportivo en toda regla con la exclusividad propia de un descapotable, la firma alemana preparó el primer M3 Cabrio con motor 2.3 y versiones de 195 y 215 CV. Mención especial merecen el M3 Evolution con 220 CV y el posterior Sport Evolution de 238 CV, cuya producción quedó limitada a 600 unidades. Para los mercados italiano y portugués, también se preparó un M3 con motor 2.0 de 192 CV –se denominó 320is-. La primera generación del M3 fue un éxito sonado e inesperado para BMW. Hasta finales de 1991, se comercializaron 17.970 unidades, 786 de ellas en versión descapotable.
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