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Alfa 4C contra Iveco Stralis, el bello y la bestia

¿Qué hacen un camión Iveco Race Stralis y un Alfa 4C así de juntos? Hemos invitado a estos dos fuera de serie, con una relación peso/potencia similar, a un duelo sin igual.
Jörn Thomas. Fotos: Hans-Dieter Seufert -
Alfa 4C contra Iveco Stralis, el bello y la bestia

El lugar elegido para este encuentro: la pista de hormigón del aeropuerto de Leipheim, en Alemania.  El luchador de sumo Diesel de 1.400 CV de la ciudad alemana de Ulm reta a la pulga de 240 CV con motor central nacida en Arese, Italia. Duelo en la pista de 700 metros. Pero no desde cero, porque, de lo contrario, reventaría el Iveco. Porque, ¡hay que poner en marcha 5,5 toneladas de peso! De eso se encarga un motor de 12,9 litros y seis cilindros en línea instalado entre las vigas longitudinales del chasis. Para nuestro Iveco Stralis, las cifras están en torno a los 1.400 CV y los 612 mkg de par, y su limitador de velocidad a 160 km/h no va a hacer falta en esta misión, ya que el Iveco hoy podría alcanzar unos 220 km/h.

Dejamos el condicional “podría alcanzar” porque si Charly, el piloto, pisase de verdad a fondo, al frenar el Stralis dejaría su silueta recortada a través del bosque durante varios kilómetros. Y eso que los frenos de serie modificados con discos Brembo lo clavan. Para que no se fundan en seguida, les han prescrito una ducha fría, para lo cual el Stralis lleva un depósito de agua más grande que el de gasóleo (240 litros). También el intercooler, situado en el túnel del motor que se ha quedado libre, mientras que el radiador de agua normal se encuentra en horizontal delante, y debajo de él recibe una dosis de refrigeración extra.

El 4C va a explotar de furia

El Alfa rojo chillón no está acostumbrado a ser segundo plato. Gracias a su chasis de fibra de carbono, y a haberse privado de ciertos lujos inútiles, este coche de una tonelada pesa menos que el motor del Iveco. El 4C tiene un motor central de 1.750 cm3 que, gracias a una sobrealimentación generosa, le inyecta 240 CV y 25,5 mkg al eje trasero. A los que se les den bien los números ya habrán hecho la cuenta; y la habrán hecho bien: con una relación peso/potencia de unos 4 kg/CV, los adversarios se parecen bastante, a pesar de sus diferencias de carácter. Al volante del Alfa, a uno le da la impresión de estar en un coche de carreras, más que en un deportivo. Poco equipamiento, apenas amortiguación. El motor grita, el turbocompresor silba al calentarse y las piedrecitas de la carretera golpean el monocasco sin apenas amortiguación. Una caja de fibra de carbono como ésta es, además, una caja de resonancia magnífica.

Pero con el Stralis no tiene ni punto de comparación. Su motor Diesel ruge con toda la ferocidad de sus seis cilindros y acata las órdenes del acelerador al instante, a pesar de sus dos litros de cilindrada unitaria. ¿ABS y compañía? Ni hablar de eso. El piloto acciona la caja de cambios de dieciséis marchas, casi de serie, a base de embrague y palanca de cambios; el piloto del Alfa, su caja de cambios de seis velocidades y doble embrague mediante una palanca junto al volante, ayudado por el control de tracción, el ESP y el ABS.

Por fin nos ponemos manos a la obra. Marcha en paralelo a unos 60 km/h, acelerador a fondo: el primero en llegar al siguiente pilón, gana. Charly, el piloto del Iveco, conduce a plena carga contra los frenos, los discos refrigerados por agua humean, el motor ruge, ronco y furioso, contra la resistencia, mientras que yo ajusto el Alfa al número de revoluciones preciso.

A mis espaldas suspira el cuatro cilindros, el cuentarrevoluciones digital indica 7.000 rpm. Es el momento de dar un golpe de palanca y salir a por todas. Charly y su Iveco Stralis lo hacen de un tirón. ¡Y de qué manera! El camión va aumentando de tamaño; metro a metro, su lateral naranja avanza frente a las ventanillas laterales del Alfa; en algún momento, la parte trasera del Stralis aparece delante del parabrisas. Línea de meta, fin, para casa, esto ha sido todo. “La bestia” ha ganado. Un pequeño consuelo: la victoria ha quedado en casa; Iveco y Alfa Romeo pertenecen al mismo grupo industrial: Fiat.

Y ahora,  ¡yo!

Procuro que no se me note la emoción y trato de mantener la cara de póquer a pesar de la euforia, mientras Charly me explica las principales maniobras. Hay que mantener la presión de carga sobre los dos bares para que la cosa se ponga en marcha. No voy a tener que cambiar mucho, bastan de la quinta a la octava.

Giro la llave y aprieto el botón de arranque. Cierro la puerta. Yiiaaaah. ¡Por fin! Suelto el embrague y piso el acelerador. Primero, suavito, de prueba. Después, hasta el fondo. Madre mía: el cacharro avanza como loco, la presión de carga aumenta y las revoluciones también. Toca subir rápido de marchas. Sexta, séptima, octava. Más allá de los 140 km/h, empiezo a pensar en frenar, atravieso una gran curva y vuelta a empezar. La dirección es muy precisa, y la aspiración bastante ágil.

Sobre la pegada del motor no hay nada más que decir. Incluso teniendo en cuenta las cinco toneladas y media, 612 mkg resultan bastante impresionantes sobre el eje trasero Meritor con bloqueo total. Si te pasas pisando, te quedas de lado. También al frenar, porque los muchachos han preparado mucha mucha presión sobre el eje trasero.

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