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¿Hacia dónde va la Fórmula 1?

La época en la cual las grandes marcas han protagonizado la Fórmula 1 va a acabar en 2010, temporada a partir de la cual el rumbo de la máxima categoría del automovilismo tiene un futuro más bien incierto. ¿Volveremos a la época de los pequeños constructores, o estamos ante el principio del fin de la categoría?
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¿Hacia dónde va la Fórmula 1?
Que la crisis económica mundial está afectando a la Fórmula 1 es una realidad consumada. La marcha de Toyota y el anuncio de abandono de Bridgestone a final de la temporada que viene así lo demuestran. No hace mucho tiempo, más del cincuenta por ciento de la parrilla de salida de un Gran Premio de Fórmula 1 eran grandes fabricantes. Sin embargo, desde la temporada pasada la F1 sufre un abandono de estas grandes marcas al que solamente sobreviven Ferrari, Renault (que no es seguro que continúe) y Mercedes, si es que podemos contar a los alemanes como un gran constructor pese a que su presencia no es con un equipo propio como tal.

Honda en 2008, junto a BMW y Toyota en 2009, han provocado una deserción sin precedentes en la Fórmula 1. Bien es cierto que en todos ellos han influido también una falta alarmante de resultados (especialmente en el caso de los japoneses) y que la crisis ha podido ser la excusa para no seguir haciendo el ridículo, pero de no haber mediado la incontrolada escalada de costos en las que se ha metido la Fórmula 1 desde hace algún tiempo, probablemente esta situación no se hubiera dado. Sin embargo en 2010 la entrada de nuevos equipos independientes tiene que forzar a todos los integrantes de la Fórmula 1 a plantearse seriamente una reducción drástica de costes. Si el ritmo que lleva hoy en día la Fórmula 1 es insostenible para gigantes del automovilismo como Toyota o BMW, no hay que decir lo que puede suponer para equipos del calibre de USF1 o Campos Meta, por citar a dos de los nuevos que, si todo va como debería, debutarán en la máxima categoría en el GP de Bahrein 2010. Las medidas propuestas hasta ahora para recortar gastos en la Fórmula 1 han pinchado en hueso. La última fue la prohibición de realizar test entre carreras. Sin embargo, muchos son los que afirman que se han gastado más dinero en evolucionar los coches esta temporada que las anteriores. El motivo es que para dichos desarrollos han tenido que utilizar la más alta tecnología con el fin de simular los test en pista, con el elevadísimo coste que ello conlleva. Además, no hay que olvidar que por muy bueno que sea un simulador, nunca será como un circuito real, y esto se ha demostrado este año cuando los equipos probaban algunas piezas en los entrenamientos libres y rápidamente las descartaban.

Una posible solución a este problema es la de entrenar sobre el propio circuito en el que se haya disputado una carrera el día posterior a la misma (método utilizado en Moto GP, por ejemplo), o incluso sustituir la jornada de entrenamientos libres del viernes por una jornada de test que dure todo el día, sin que sea afectada por las limitaciones de la competición propia (motor y caja de cambios principalmente). De esta forma se ahorraría bastante en el sentido de que los equipos no tendrían que desplazarse a ningún circuito a realizar un test, y podrían llevar a cabo las evaluaciones de sus nuevas piezas sobre el asfalto y no sobre la pantalla de un ordenador. Otro error que acarrea bastantes gastos a los equipos son los constantes cambios en el reglamento. Sin estabilidad, los equipos se ven obligados a cambiar sus monoplazas radicalmente cada año, algo que volverá a suceder de cara a 2010 con la prohibición de repostajes y el estrechamiento de los neumáticos delanteros. Esperemos que con la llegada de Jean Todt a la presidencia de la FIA, la estabilidad reglamentaria sea un hecho durante unas cuantas temporadas, permitiendo a los equipos un respiro económico en este sentido. Es vital que desde la temporada que viene el ahorro de dinero sea un hecho consumado en la Fórmula 1, ya que los nuevos equipos (sin los cuales ya serían solamente ocho escuderías las que participarían en el campeonato) no tienen detrás una gran estructura que les salve de la quiebra si los resultados no acompañan. Es hora de apretarse el cinturón, tras lo cual es posible que podamos vivir una Fórmula 1 más próxima a la de antes, cuando los pequeños constructores podían plantar cara a las grandes marcas, haciendo de las carreras de F1 el mayor espectáculo del mundo.

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