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F1: Quince años sin Senna

Acaban de cumplirse quince años de una de las fechas más negras de la historia de la F1. El 1 de mayo de 1994 Ayrton Senna perdió la vida en el circuito de Imola cuando se estrelló en la curva de Tamburello mientras lideraba el GP de San Marino de ese año. La leyenda sobre el verdadero Magic comenzó en ese momento.
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F1: Quince años sin Senna
1 de mayo de 1994. El GP de San Marino de F1 iba a comenzar ya de luto tras la muerte en los entrenamientos oficiales de Roland Ratzenberger, además de un brutal accidente en la jornada del viernes protagonizado por Rubens Barrichello, del cual el brasileño salió con vida increíblemente. Las reuniones entre los pilotos reclamando mayor seguridad se sucedieron desde ese fatídico momento. De hecho, muchos no querían ni correr. Dice la leyenda que el propio Senna presentía algo malo y tampoco quería saltar a pista. Pero dos ceros en las dos primeras carreras, unidos a dos victorias de Michael Schumacher, hicieron que Ayrton saliera a por todas desde la “pole position”, que era la 65ª de su carrera.

Nada más apagarse el semáforo, un accidente múltiple en la salida al quedarse clavado el segundo de los Benetton Ford, pilotado por JJ Letho, provocó la salida del Safety Car. Senna lideraba la prueba por delante de Schumacher, que presionó con insistencia al brasileño cuando el coche de seguridad volvió a boxes. El verdadero Magic trató de escaparse por todos los medios, pero al comenzar la séptima vuelta algo falló en la dirección del Williams. Senna entró a fondo en Tamburello (que hasta ese año era una rapidísima curva de izquierdas y no una chicane como lo es hoy en día), pero a mitad de la curva, el monoplaza del brasileño salió recto contra el muro. Con el tiempo, nos enteramos de que el Williams de 1994, creado por el mago Adrian Newey, era tan sumamente compacto que sus pilotos tenían dificultades para girar el volante del todo sin rozar con los nudillos la carrocería. Debido a esto Senna hizo que le montaran un suplemento en la dirección para que ésta cambiara su posición y así evitar el continuo golpeo en sus manos, que le acababa machacando con el paso de las vueltas. Y por ahí cedió el Williams, en la peor zona del antaño rapidísimo circuito de Imola. El accidente fue fuerte, pero a primera vista habíamos visto golpes mucho peores sin trágicas consecuencias. Pero la mala suerte se cebó con el piloto más carismático de la historia. Un trozo de la suspensión delantera derecha de su monoplaza salió disparado incrustándose dentro de la cabeza del astro carioca, atravesando su casco y provocándole daños irreparables junto con la brutal desaceleración que hizo que su cerebro se golpease fuertemente contra el cráneo. Senna golpeó el muro a 230 km/h, con una desaceleración de 4,4G, logrando frenar desde los 303 km/h a los que vio que el golpe era inevitable (redujo también dos marchas antes del impacto). A Senna se le realizó una traqueotomía en plena pista, pero pese a los esfuerzos del personal médico italiano, el fatal desenlace fue imposible de evitar. Unas horas después la muerte de Ayrton Senna fue certificada, convirtiéndose el 1 de mayo de 1994 en una de las jornadas más negras de la historia de la F1.

Podríamos hace un repaso a sus números, increíbles como los de cualquier campeón. También podríamos hacer referencia a las cualidades que mostró al volante de un coche de carreras. O destacar su terrible velocidad en las sesiones de calificación, donde tiene el mejor porcentaje de “pole positions” por carreras disputadas, por no hablar de lo que sucedía cuando llovía… pero el gran triunfo de Ayrton Senna fue su carisma. Ningún piloto hasta la fecha había representado (ni lo ha hecho aún) una unión tan perfecta entre el ídolo y el aficionado. Elevó la popularidad de la Fórmula 1 hasta límites que entonces no se conocían, ayudado por sus duelos con el francés Alain Prost (especialmente duros resultaron los de 1989 y 1990, que acabaron con ambos pilotos tocándose para resolver el título). Su muerte ha contribuido a que la figura de Senna pase de ídolo a leyenda del automovilismo.

Aquel trágico día ha supuesto hasta el momento la última muerte de un piloto a bordo de un Fórmula 1. Y es que desde que Senna se estrelló en Tamburello, los monoplazas y circuitos de la máxima categoría se han hecho más y más seguros hasta el punto de que accidentes como el de Robert Kubica en Canadá 2007 no pasen de simples sustos. El legado de Ayrton, tanto en la afición como en la seguridad de sus colegas actuales, está más vivo que nunca… y lo estará siempre.
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