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Fórmula 1: Hamilton a Stirling Moss: “¿Teníais miedo en tu época?”

Esta semana arranca el Mundial 2016 de F1 con Lewis Hamilton como máximo favorito. Juntamos al británico con otra leyenda, Stirling Moss, en una charla única.
Michael Schmidt | Fotos: Hans-Dieter Seufert, Wolfgang Wilhelm. -
Fórmula 1: Hamilton a Stirling Moss: “¿Teníais miedo en tu época?”

Lewis Hamilton, tricampeón del mundo de Fórmula 1 en 2008, 2014 y en la pasada campaña 2015, está preparado para afrontar como máximo favorito el asalto a un nuevo Mundial en 2016 –que arranca este fin de semana en Australia– con los que igualaría a otro mito de este deporte: Alain Prost. 

Otra leyenda de la F1, en este caso del pasado, fue Sir Stirling Moss, de 86 años y también británico que, a pesar de no haber ganado un Mundial de Fórmula 1 (fue subcampeón en cuatro ocasiones), es considerado uno de los grandes de este deporte. ‘El campeón sin corona’, le dicen. 

Él y Hamilton tienen una interesante charla sobre automovilismo deportivo, sobre carreras, después de ponerse al volante de sendos Mercedes W196 en el trazado viejo de Monza. Dos perspectivas históricas que, en estas líneas, se juntan. 

Lewis Hamilton: ¡Hey, acabo de estar en lo más alto de la pared vertical, a un palmo del quitamiedos! ¿Cómo lo hacíais hace 60 años? 

Hamilton y Stirling MossSir Stirling Moss: También llegábamos hasta arriba. A 250 kilómetros por hora.

Hamilton.: Wow! No habría nada que impidiera conducir por esa pared hoy en día. Si volviesen a asfaltar las curvas y a instalar vallas arriba, se podría hacer. La Nascar lo hace. ¿Te imaginas qué carreras se podrían hacer con nuestros coches? Hoy todos los circuitos los construyen los mismos, así que todos son parecidos, pero me alegro de ser piloto hoy en día, porque todo es mucho más seguro. En tu época, no podías permitirte ni un error. 

Moss: Una vez, en un Maserati, se me rompió la dirección. En medio de la pared vertical, me encontré de repente con los brazos cruzados. El coche llegó hasta arriba, chocó con el quitamiedos y volvió a girar hacia adentro. Fue el peor susto de mi vida. 

Hamilton: Una vez me contaste que, cuando tenías un accidente, rezabas por salir despedido a tiempo del coche. Ahora pensamos justo lo contrario. Lo último que quiere uno es salir despedido del coche. ¿Teníais miedo? 

Moss: Durante el accidente, no. En esos momentos, estabas concentrado en salvar la vida. El miedo siempre venía después, cuando pensabas: “Macho, qué cerca has estado”. Pero dime, hoy no te he visto ni una vez en la pared. ¿Estabas por encima de mí? 

Hamilton en un Fórmula 1 clásicoHamilton: Mira el vídeo. Te grité durante el viaje: “¡Hey, Stirling! ¡Cómo mola!” Mientras tanto, tú estabas concentrado sólo en la pista. El viaje de hoy ha sido la leche. Al final he corrido una vuelta más rápida. He sentido el W196 con cada fibra de mi cuerpo. ¿Qué hace? ¿A dónde quiere ir ahora? En comparación con mi actual Mercedes, puede que tarde algo más en reaccionar, pero te obliga a estar atento cada segundo. El coche se desviaba todo el rato en los bloques de hormigón de la pared. Una vez salté medio metro a la izquierda, hacia el quitamiedos. En esos momentos contienes la respiración. Cuando te vi en el Stromlinie delante de mí, con tu viejo casco y las gafas de carrera, me dio la impresión de estar participando en una de tus carreras. ¿Siempre ibas al límite? 

Moss: En mi época, no era posible. Habríamos reventado los coches. En aquella época, sólo terminábamos el 50 por ciento de las carreras, y yo participaba en hasta 52 carreras al año. Me pasaba tres días a la semana en el coche, así que no necesitaba ningún entrenamiento extra. ¿Perderías velocidad si dejaras de entrenar? 

Hamilton: Sí, porque ahora la fuerza centrífuga es más alta. Si me cansase y empezaran a dolerme la espalda, la nuca o las piernas, perdería la concentración. 

Hamilton y Stirling MossMoss: ¿Qué fuerzas centrífugas tenéis que aguantar hoy en día? 

Hamilton: Hasta 5 g. ¿Y vosotros? 

Moss: Sin contar la pared vertical, 0,9 g, como máximo. 

Hamilton: Tenemos tanto efecto suelo que es difícil describirlo. En Barcelona hay una curva a la derecha larguísima. Corres y corres, y el coche sigue pegado siempre a la carretera. Cuando llegas a la recta, das un par de bocanadas de aire, porque hasta entonces no has podido respirar. 

Moss: ¿Sigue habiendo hoy día curvas en las que te daría miedo tener un accidente? 

Hamilton: No muchas. La curva 8 del circuito de Suzuka es una de ellas. Hay una bajada, el coche toca suelo, y te aceleras tanto que puedes salir volando si cometes el más mínimo error. Y apenas hay escapatoria. Pero el único miedo es a que el accidente te haga perderte los siguientes entrenamientos, y no a lesionarte. Hoy hay escapatorias de grava y asfaltadas de hasta 100 metros de longitud. Ni siquiera se te penalizan los errores, así que vas siempre al 110 por ciento. Si no funciona, lo intentas otra vez al 108 por ciento. 

Moss: En nuestra época, los entrenamientos estaban para aprender a desarrollar la velocidad paso a paso. Todo se basaba en la experiencia, porque no había datos. 

Hamilton: Eres mi ídolo por haber hecho lo que hago yo ahora, pero en una época en que un desliz te podía costar la vida. Seguro que estabas siempre con las pulsaciones por las nubes. Ese factor miedo ya no lo tenemos hoy en día. Ahora lo que cuenta es perseguir la precisión y la perfección. Mi peor escenario en caso de accidente es que duela, pero no que te mates. ¿Podría haber sido piloto de carreras en tus circunstancias? Creo que habría tenido el punto de locura que hace falta. Puede que eso me diferencie de algunos de mis compañeros. 

Moss: Me has explicado cómo funciona tu volante. ¿Cuánto tiempo tardas en aprenderte todos los botones y poder conducir intuitivamente? 

Hamilton: Yo me llevo el volante casa y practico allí. En las pruebas, un ingeniero me pregunta si me aclaro con todo. Antes de la primera carrera, ya te has acostumbrado. La Fórmula 1 se ha vuelto tan técnica que nos podemos pasar hasta seis horas al día empollando datos o hablando con ingenieros. A veces, mi ingeniero me manda correos a las tres de la mañana con las últimas evaluaciones de datos. ¿Cómo era en tu época?

Moss: Las discusiones eran muy breves. Al fin y al cabo, no sabíamos nada sobre nuestros coches. De lo único que entendíamos era de marchas y de presiones de neumáticos. Bueno, y de lo que sentíamos en el coche. Una vez, en los 90, conduje un Tyrell y me quedé impresionado de cómo podías pisar y pisar el acelerador sin que las ruedas apenas derraparan. Por aquel entonces, los coches ya tenían suficiente efecto suelo en el eje trasero. 

Hamilton: Y los neumáticos gordos, que también hacen mucho. En nuestros coches de ahora tenemos mucho derrape. 

Moss: ¿De verdad? ¿Y qué hacéis?

Hamilton: Tienes que rozar el acelerador y subir pronto de marcha para mantener bajo el par motor.

Moss: ¿Cuánta potencia tenéis? 

Hamilton: No te lo dicen. Supongo que entre 700 y 800 CV, pero te da la impresión de que sean más, porque tienes mucho par motor. ¿Qué te atrajo a las carreras, Stirling? 

Moss: Me hice piloto porque había leído un libro sobre el príncipe Bira. Yo tendría 15 años o así. Él era un auténtico caballero que podía permitirse participar en carreras. Yo pensé: ¡qué vida más magnífica! Conducir coches rápidos y darle la vuelta al mundo... ¿Y tú? 

Hamilton: A mí siempre me habían gustado los coches. Una vez vi una carrera de Fórmula 1 con mi padre por la tele, pero todavía no estaba seguro de qué quería ser de mayor: o Superman o Ayrton Senna. Al final me decidí por Senna. 

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