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Opel Kadett B y C Rallye (1965-1978)

La tercera y cuarta generaciones del Kadett crecieron en tamaño, potencia y polivalencia: Caravan, Aero, Sedán, City, Coupé... y hasta Rallye. Y fue en el terreno deportivo donde el Kadett obtuvo su mayor fama.
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Opel Kadett B y C Rallye (1965-1978)
La historia del Opel Kadett no estaría completa sin citar al ancestro de 1936, pero tampoco sin hacerlo de sus versiones más deportivas, que le dieron popularidad y éxitos en toda Europa durante casi dos décadas. Tanto el Tipo B (1965-1972) como el Tipo C (1973-1978) incluyeron modelos destinados a su clientela más competitiva en su amplia gama: el B “Rallye” y el C “GT/E”. Con ellos se logró captar a un público joven ávido de coches rápidos... pero económicos. Porque igual que el concepto “compacto” del Kadett había logrado socializar el automóvil en un primer momento y popularizar el coche familiar en un segundo, ahora democratizaba la competición. Opel era la primera marca que ofrecía casi listo para correr un modelo de precio accesible, fácil mantenimiento y elevadas prestaciones.

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Kadett B y C Rallye (1965-1978)

Cuando se presentó el Kadett B en 1965 ya se ofrecían carrocerías tipo berlina (con dos o cuatro puertas), “fastback” (el “LS”, con dos o cuatro), “station-wagon” (Caravan, con tres o cinco) y coupé. Todas ellas de fuerte inspiración norteamericana. Incluso una terminación “Olympia” de lujo para algunas versiones. El nuevo Kadett había crecido: era 18 cm. más largo y 10 más ancho, con 9 cm. adicionales de distancia entre ejes. El pequeño Opel se había hecho adulto. Los motores crecieron en consonancia: ampliando el diámetro en 3 mm., la cilindrada del motor pasó a 1.078 cc y la potencia a 45 CV (55 en la versión S). Pero pronto le siguieron un 1.2 de 60 CV, la adopción del motor “L” 1.7 de 75 y, desde 1967, el 1.9 procedente del Rekord de 90 CV.

Opel Kadett B
Opel Kadett C GT/E Opel creaba un nuevo segmento en el mercado o, mejor dicho, dos. También el de los compactos-deportivos con la incorporación de la versión Rallye en noviembre de 1966. Para entonces los Kadett Coupé ya eran conocidos en carreras: Hans Beck, del departamento de desarrollo, y Dieter Lambart que trabajaba para un concesionario de Stuttgart, habían preparado uno y lo habían alineado en rallyes. En el Montecarlo de 1966 terminaron 15º y 3º de su clase. El Rallye Kadett fue inmediatamente un éxito de ventas y muchos pilotos europeos se iniciaron a su volante. En 1968 ganó su clase 222 veces de 238 participaciones, además de muchas victorias absolutas. La incorporación del motor 1.9 de 90 CV desde septiembre de 1967 lo convirtió en un auténtico ganador. Opel no se involucró oficialmente en competición, pero sí preparó abundantes coches para concesionarios y clientes. Muchos de ellos fueron a los países nórdicos, donde eran especialmente competitivos en tierra y nieve. Esta vez hemos tenido la suerte de ponernos al volante de un Rallye Kadett oficial que fuera de Anders Kullang, uno de los mejores pilotos de la época, y que se conserva igual que entonces. Salvo su espectacular decoración amarilla y negra, nada lo diferencia exteriormente de un Coupé B de segunda generación (ventanillas traseras largas). Incluso el interior –salvo el Tripmaster Halda- es de serie. Sólo la barra antivuelco trasera de cuatro puntos y los baquets de época (sin reposacabezas) le dan un aire más deportivo... ¡porque los cinturones son de tres puntos! ¡y en aquella época eran un extra de competición! El negro predomina en un habitáculo sobrio, dominado por un volante de gran diámetro y unos cuantos relojes indicadores. El cuentavueltas marca hasta 7.000 rpm y el motor (un 1.9 con culata “crossflow” y 130 CV de potencia) brama por el escape trasero. Pero, no nos engañemos: es poco más que de serie y tiene bajos pese a un árbol más cruzado y una preparación de época. Una delicia de uso, sin saltos ni baches. A más rpm, más potencia. La caja de cambios es la de serie de cuatro marchas, suficientemente robusta para los rallyes. No lleva piñonería especial y va totalmente sincronizada, pero el grupo es un poco más corto que el de origen y lleva autoblocante. Nos adentramos por una carretera nevada y comprobamos lo que es conducir un propulsión trasera a la antigua: lo raro es ir derecho. Golpes de gas, de volante y de freno de mano permiten colocarlo allí donde queremos, con total suavidad. A ello ayudan las suspensiones específicas para nieve: la carrocería va un poco alta y la primera impresión es que son muy blandas, pero sólo en el inicio de su recorrido. Luego se vuelven firmes y transmiten una sensación de control muy tranquilizadora. Volantear, hay que volantear bastante, pero no hace falta abusar del cambio con ese motor tan elástico. Ni siquiera hay que apartar las manos del “timón” para accionar el limpiaparabrisas, que es de pedal. Eso sí, no hay que equivocarse con el del embrague. El freno se usa poco en estas circunstancias, pero con discos delanteros y tambores traseros cuenta con un buen potencial.

El Rallye Kadett abrió el camino a un nuevo nicho de modelos deportivos que culminó en el GT/E de la siguiente generación: la Tipo C. El salto entre la B y la C no fue tan grande como entre A y B. De hecho, se trataba de una evolución lógica, una puesta al día estética y dinámica, tras unas increíbles ventas de más de 2,6 millones de unidades desde 1965 a 1972 (la mitad, de exportación). La nueva estética del Kadett C era más angulosa y agresiva que la de su predecesor y eso que no se pensaba sólo en el coupé: se ofrecieron diecinueve variantes de carrocería, incluido un descapotable (Aero) y un urbano (City). Pero Opel pecó de conservadurismo: mantuvo la propulsión trasera en vez de arriesgarse con la delantera de su competencia. Aún así se vendieron 1,7 millones de unidades en siete años, antes de la aparición del Tipo D con tracción delantera. El Kadett C acortaba su batalla casi un centímetro, pero ampliaba de nuevo –levemente- longitud y anchura en su crecimiento continuo. Las mejoras de su bastidor eran notables, con nuevo puente delantero con triángulos superpuestos, muelles, amortiguadores telescópicos y estabilizadora; ampliando la vía trasera y dotando al eje posterior basculante de nuevos brazos y muelles (el B ya los llevaba desde 1967). La panoplia de motores era amplia: desde el de 1 litro de 40 CV al de 2 litros de 115, pasando por los 1.2 (60), 1.6 (75) y 1.9 (105).
Opel kadett GT/E
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