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Mercedes 500 SL: A las puertas del cielo

Mercedes alistó a los campeones del mundo Röhrl y Geistdörfer para el Rallye de Montecarlo de 1981. pero nunca llegaron a tomar la salida. Esta es la historia, con Jochen Mass al volante de uno de ellos.
AMS/M.Juliá (texto). AMS (fotos) -
Mercedes 500 SL: A las puertas del cielo

El V8 Mercedes bajo el capó negro mate emite un fuerte bramido. Porque como el corazón de un atleta, el SL de 320 CV y 417 Nm fue desarrollado con una técnica indestructible, pensando en ganar el Campeonato del Mundo de Rallyes de 1981. En aquella época Erich Waxenberger, de 81 años de edad, era el jefe del equipo de rallyes de Mercedes.

Hoy me encuentro sentado en el asiento del copiloto del 500 SL Rallye negro y plata, junto a Jochen Mass, expiloto de Fórmula 1, rodando por el trazado del circuito malagueño de Ascari. Pero todo empezó en las navidades de 1980, en una reunión en Miesbach (Alemania).

El equipo de rallyes de Mercedes ya tenía en su poder un doble triunfo en Costa de Marfil, en el demoledor Bandama, una tortura de 5.336 km con una tasa de accidentalidad del 80 por ciento.

Justo después del rallye, Waxemberger viajó a Stuttgart para tratar en la junta de accionistas uno de los puntos del día: el futuro programa deportivo de Mercedes, que sería su última aparición como jefe de equipo de Mercedes.

32 años después recuerda Waxemberger aquellos minutos decisivos en los que pidió dinero para crear un equipo con dos coches, a cambio de un gran desafío: celebrar el centenario de Mercedes siendo campeones del mundo de rallyes.

El plan del ingiero Waxemberger era asegurarse con los 500 SL varias victorias en las doce pruebas del mundial de ese año y desarrollar un prototipo con motor central y tracción a las cuatro ruedas que pudiese ser competitivo en todas las pruebas del campeonato.

El consejo presidido por Gerhard Prinz recibió con moderado optimismo la propuesta de Waxemberger, pero enseguida surgieron muchas dudas.

Finalmente sólo hubo presupuesto para unas pocas unidades, por lo que Waxenberger no tuvo otra opción que conformarse; El sueño de tener un equipo de campeones del mundo con Röhrl/Geistdörfer en una marca alemana como Mercedes se desvanecía apenas un mes después de haberse concebido. Los tres 500 SL que fueron construidos para el rallye de Montecarlo se vendieron el 13 de enero de 1981, apenas 11 días antes de la salida del Rallye de Bandama. Por tanto, el 500 SL no pudo ser el legado deportivo del 300 SL de 1952.

Sería el 450 SLC con el V8 de cinco litros el que continuaría luchando con mejores armas en el Campeonato del Mundo, gracias en parte a los 36 cm más de batalla con respecto a la versión SL, que le beneficiarían en muchos de los tramos más veloces, consiguiendo cuatro victorias y ocho podios.

Con el 500 SL también comenzaron los test a finales de noviembre. La presentación oficial sería el 24 de enero de 1981 en el rallye de Montecarlo. Durante los tests de puesta a punto, Rörhl y su copiloto sufrirían un fuerte accidente sin consecuencias. Rörhl recibió entonces una llamada telefónica de un miembro del consejo de administración de Mercedes que le preguntó: “¿Cabría el riesgo de que no ganemos el Rallye de Monte Carlo?”

Tanto Röhrl como Waxemberger nunca habían pensado en ganar. Es más, la respuesta a esa llamada fue: “Si todo va bien, podemos aspirar a un puesto por debajo de los cinco primeros, pero si hay nieve, estaremos por detrás de los quince primeros.” Esta conversación sería el principio del fin para el 500 SL.

Jochen Mass nos da su opinión al respecto mientras frena antes de una curva a izquierda lenta y mueve el selector del cambio automático de cuatro velocidades hasta la segunda relación: “Este coche sólo era idóneo para tramos largos”. Sacado del museo para la ocasión, el 500 SL en el que estamos subidos de copiloto junto a Mass cuenta con neumáticos de invierno que provocan un claro subviraje al tomar la curva a izquierda de 90 grados. “La sensación al volante que transmite este coche me recuerda al Ford Capri RS”, comenta Mass. Además, resulta sumamente divertido de conducir con semejante potencial.

Probablemente sea mejor que el SL 500 permanezca como un recuerdo de lo que pudo haber sido, ya que la lucha de Rörhl y los 1.350 kg por las carreteras nevadas de Montecarlo no nos hubiese deparado ninguna alegría.

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