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Allen de 1898

En la extensión mundial del automovilismo, los Estados Unidos estuvieron rezagados en una primera fase, aquella en la que coexistieron los automóviles dotados de propulsión a vapor, motor eléctrico o motor de explosión. Aquel retraso inicial se puede comprobar en el Allen que les mostramos, un llamativo artefacto mecánico.
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Allen de 1898
Aunque pronto se convertiría en el primer fabricante mundial de automóviles y se mantendría en ese puesto hasta finales del siglo XX, el inicio de la automoción en los Estados Unidos se demoró casi una década con respecto a Alemania o Francia. Así se podía constatar en junio de 1895 en la carrera París-Burdeos-París, el la que participaron veintiún vehículos, de los que catorce llevaban motor de explosión, seis eran de vapor y uno utilizaba motor eléctrico. El vencedor, el Panhard conducido por Émile Levassor, consiguió una media de 24,6 km/h en los 1.200 kilómetros de recorrido y basó su victoria en la ausencia de averías durante el largo trayecto.

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Allen de 1898: detalles

El primer coche norteamericano propulsado por un motor de explosión apareció en 1895, nueve años después de que rodase en Alemania el triciclo Benz y cuando ya en Francia era un medio de locomoción bastante extendido.

Mientras eso sucedía en Francia, en Peoria (Illinois) Charles Duryea daba a conocer el primer automóvil con motor de explosión construido en Norteamérica. Se trataba de un coche muy sencillo, con motor bicilíndrico situado detrás del eje trasero al que transmitía la fuerza mediante una cadena. Y como era habitual en aquellos primeros años, el mando de la dirección era una barra vertical que había que inclinar hacia el lado que se desease girar. De inmediato, y en respuesta a la carrera disputada en Francia, el diario Times Herald organizó una carrera entre Chicago y Waukegan, a orillas del lago Michigan. Tomada la salida junto a otros vehículos eléctricos o de vapor, el Duryea ganó la prueba y empleó diez horas y veinte minutos en recorrer los 86 kilómetros de distancia. Vista desde ahora, una media inferior a los 10 km/h puede parecer ridícula, pero habría que ver en qué estado se encontraba el firme y qué dificultades encontró Mr. Duryea a lo largo del camino. En cualquier caso, la victoria de aquel vehículo con motor de explosión significó la llegada de una tercera alternativa a un campo ocupado hasta entonces por los coches eléctricos y los de vapor. Para entonces, un joven Henry Ford, que conocía de sobra la propulsión a vapor, ya estaba creando su propio automóvil con motor de explosión, que terminaría en la primavera de 1896 y recibiría el apelativo de Quadricycle. Su mecánica era de dos cilindros y tenía un cambio de dos velocidades, con las que alcanzaba respectivamente 15 y 30 km/h y cuyo paso de una a otra se producía por el desplazamiento de una polea. Carecía de diferencial, por lo que Ford tenía que tomar las curvas con el eje trasero deslizando y manejar la dirección a las ruedas delanteras mediante una barra. Aquel coche, que pesaba 250 kg y carecía de marcha atrás, era el fruto del esfuerzo de varios años en los que hasta el propio Edison le animó a seguir trabajando en aquel vehículo que transportaba su propio combustible. Tres años después eran numerosos los fabricantes norteamericanos de automóviles, aunque todavía quedaba sin asentarse en aquel mercado la superioridad de los vehículos con motor de explosión. Además, existía aún el convencimiento general de que aquel invento era demasiado complicado y peligroso, máxime con lo sencillo que era subirse al caballo y salir arreando.

Entre los constructores que crearon sus propios autos figuraba el que realizó este ejemplar, G. Edgar Allen, un fabricante de carruajes de caballos con talleres en Englewood, New Jersey, que alquiló un local en Nueva York para vender sus vehículos con motor de explosión y mantuvo la marca en activo entre 1895 y 1900. Al menos, así se le menciona en el libro “Horseless Vehicles Automobiles, Motor Cycles”, publicado en 1900 por Gardner Hiscox y en el que aparecían todos los diversos artilugios autopropulsados fabricados en los Estados Unidos. Ahí terminaba toda la información que pudimos encontrar sobre la marca del vehículo, que además coincide en nombre de marca con otros fabricantes de vehículos que residían en California, Massachussets y Ohio. Aunque pronto se convertiría en el primer fabricante mundial de automóviles y se mantendría en ese puesto hasta finales del siglo XX, el inicio de la automoción en los Estados Unidos se demoró casi una década con respecto a Alemania o Francia. Así se podía constatar en junio de 1895 en la carrera París-Burdeos-París, el la que participaron veintiún vehículos, de los que catorce llevaban motor de explosión, seis eran de vapor y uno utilizaba motor eléctrico. El vencedor, el Panhard conducido por Émile Levassor, consiguió una media de 24,6 km/h en los 1.200 kilómetros de recorrido y basó su victoria en la ausencia de averías durante el largo trayecto. El primer coche norteamericano propulsado por un motor de explosión apareció en 1895, nueve años después de que rodase en Alemania el triciclo Benz y cuando ya en Francia era un medio de locomoción bastante extendido.

Mientras eso sucedía en Francia, en Peoria (Illinois) Charles Duryea daba a conocer el primer automóvil con motor de explosión construido en Norteamérica. Se trataba de un coche muy sencillo, con motor bicilíndrico situado detrás del eje trasero al que transmitía la fuerza mediante una cadena. Y como era habitual en aquellos primeros años, el mando de la dirección era una barra vertical que había que inclinar hacia el lado que se desease girar. De inmediato, y en respuesta a la carrera disputada en Francia, el diario Times Herald organizó una carrera entre Chicago y Waukegan, a orillas del lago Michigan. Tomada la salida junto a otros vehículos eléctricos o de vapor, el Duryea ganó la prueba y empleó diez horas y veinte minutos en recorrer los 86 kilómetros de distancia. Vista desde ahora, una media inferior a los 10 km/h puede parecer ridícula, pero habría que ver en qué estado se encontraba el firme y qué dificultades encontró Mr. Duryea a lo largo del camino. En cualquier caso, la victoria de aquel vehículo con motor de explosión significó la llegada de una tercera alternativa a un campo ocupado hasta entonces por los coches eléctricos y los de vapor. Para entonces, un joven Henry Ford, que conocía de sobra la propulsión a vapor, ya estaba creando su propio automóvil con motor de explosión, que terminaría en la primavera de 1896 y recibiría el apelativo de Quadricycle. Su mecánica era de dos cilindros y tenía un cambio de dos velocidades, con las que alcanzaba respectivamente 15 y 30 km/h y cuyo paso de una a otra se producía por el desplazamiento de una polea. Carecía de diferencial, por lo que Ford tenía que tomar las curvas con el eje trasero deslizando y manejar la dirección a las ruedas delanteras mediante una barra. Aquel coche, que pesaba 250 kg y carecía de marcha atrás, era el fruto del esfuerzo de varios años en los que hasta el propio Edison le animó a seguir trabajando en aquel vehículo que transportaba su propio combustible. Tres años después eran numerosos los fabricantes norteamericanos de automóviles, aunque todavía quedaba sin asentarse en aquel mercado la superioridad de los vehículos con motor de explosión. Además, existía aún el convencimiento general de que aquel invento era demasiado complicado y peligroso, máxime con lo sencillo que era subirse al caballo y salir arreando.

Entre los constructores que crearon sus propios autos figuraba el que realizó este ejemplar, G. Edgar Allen, un fabricante de carruajes de caballos con talleres en Englewood, New Jersey, que alquiló un local en Nueva York para vender sus vehículos con motor de explosión y mantuvo la marca en activo entre 1895 y 1900. Al menos, así se le menciona en el libro “Horseless Vehicles Automobiles, Motor Cycles”, publicado en 1900 por Gardner Hiscox y en el que aparecían todos los diversos artilugios autopropulsados fabricados en los Estados Unidos. Ahí terminaba toda la información que pudimos encontrar sobre la marca del vehículo, que además coincide en nombre de marca con otros fabricantes de vehículos que residían en California, Massachussets y Ohio.
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