Publicidad

Toyota Land Cruiser V8 D-4D y Range Rover 3.6 TDV8

Land Cruiser y Range Rover son dos ilustres de la industria automovilística que reflejan en estas versiones el mismo “imposible”: aunar las mejores cualidades de todo-terreno con el lujo y confort más refinados.
-
Toyota Land Cruiser V8 D-4D y Range Rover 3.6 TDV8
Antes que por una cuestión de ambiente interior, el Range domina este apartado por un tacto de rodadura más refinado, en asfalto y campo. La carrocería del Range se siente mejor aislada de las imperfecciones del piso y del propio empuje del motor. El Toyota deja escapar movimientos verticales y longitudinales más evidentes en su rodar y su eje posterior rígido asimila mucho peor los baches cortantes. Además, su dirección es más pesada y sus diferenciales transmiten mayor resistencia mecánica en las maniobras a baja velocidad. Es cierto que el confort de marcha del Toyota puede resultar increíblemente bueno para tratarse de un auténtico y robusto todo-terreno, pero el “neumático” Range pasa como una elitista berlina de lujo. Por dentro así lo parece, con un diseño, equipamiento y espacio para buscarle una esquina en el salón de casa.
El Toyota recurre a un estilo más convencional, pero cuidado con mucho esmero en cuanto a materiales y equipamiento. Ambos disponen de asientos grandísimos, con todo tipo de reglajes y comodidades eléctricas. Detrás, la ergonomía resulta más natural en el modelo inglés, con una posición más sentado frente a más hundido de cadera en el Toyota. Hablando de asientos, el Toyota ofrece una tercera fila con dos butacas, incuestionable supremacía si necesitamos ese extra de habitabilidad.

El equipamiento es desbordante en ambos coches y merece la pena estudiar su lista. Incluso ambos cuentan con un volante con ajuste eléctrico, que al abrir las puertas se recoge hacia el salpicadero para facilitar la entrada. Esta maniobra es más cómoda en el Toyota, que cuenta con una llave electrónica que abre la puerta con sólo tirar de ella. Y el arranque del motor es por pulsación de un interruptor. De esta manera es el freno de mano del Range, a toque de tecla, mientras el Toyota mantiene la palanca mecánica tradicional. En los dos coches resulta muy interesante la pantalla de marcha atrás por el tamaño de ambas carrocerías, pero sólo el Range tiene, además, sensores acústicos que controlan el frontal y la trasera de la carrocería, muy útil en la ciudad. Otro buen detalle, vista la altura de la base de los maleteros, es la doble hoja (una superior y otra inferior) que ofrecen los dos coches. Desde un punto dinámico, ya hemos comentado lo que nos han sorprendido estos dos mastodontes en la carretera. Incluso sus capacidades de frenada son soberbias para las taras que tienen que detener. No sólo por la distancia, sino por lo estables que se muestran en frenadas violentas. De todas formas, frenan muy bien en la distancia, pero no puede obviar que sus sistemas de frenado están expuestos a una intensidad de trabajo que en demandas continuas debilitan claramente su resistencia y en el Toyota el pedal tiende a ceder con mayor prontitud recorrido. En cuanto al equipamiento específico, ambos modelos cumplen con muy buena nota. El Toyota incluye incluso doble airbag de rodillas. Curiosamente no se ha contemplado los faros de xenón, que son de serie y direccionales en el Range. Ambos cuentan con ruedas de repuesto de tamaño y especificaciones normales, todo un respiro.

Aun con una diferencia en el precio de partida a favor del Toyota, ambos modelos se mueven en una franja en la que pesa más el producto en sí que el aspecto económico. Además, ambos modelos disfrutan de un estatus de imagen y de producto que los convierten en coches atemporales por mucho tiempo. De su supuesta alta calidad general hay que esperar una fiabilidad fuera de toda duda.
Range Rover
— Motor, cambio y prestaciones
— Confort, presentación y equipamiento
— Capacidad TT

Toyota
— Tecnología y equipamiento
— Capacidad TT
— Motor y prestaciones

Range Rover
— Peso elevado
— Control de estabilidad brusco

Toyota
— Resbalamiento del cambio
— Peso elevado
Tierra, mar y aire
Antes que por una cuestión de ambiente interior, el Range domina este apartado por un tacto de rodadura más refinado, en asfalto y campo. La carrocería del Range se siente mejor aislada de las imperfecciones del piso y del propio empuje del motor. El Toyota deja escapar movimientos verticales y longitudinales más evidentes en su rodar y su eje posterior rígido asimila mucho peor los baches cortantes. Además, su dirección es más pesada y sus diferenciales transmiten mayor resistencia mecánica en las maniobras a baja velocidad. Es cierto que el confort de marcha del Toyota puede resultar increíblemente bueno para tratarse de un auténtico y robusto todo-terreno, pero el “neumático” Range pasa como una elitista berlina de lujo. Por dentro así lo parece, con un diseño, equipamiento y espacio para buscarle una esquina en el salón de casa. El Toyota recurre a un estilo más convencional, pero cuidado con mucho esmero en cuanto a materiales y equipamiento. Ambos disponen de asientos grandísimos, con todo tipo de reglajes y comodidades eléctricas. Detrás, la ergonomía resulta más natural en el modelo inglés, con una posición más sentado frente a más hundido de cadera en el Toyota. Hablando de asientos, el Toyota ofrece una tercera fila con dos butacas, incuestionable supremacía si necesitamos ese extra de habitabilidad.

El equipamiento es desbordante en ambos coches y merece la pena estudiar su lista. Incluso ambos cuentan con un volante con ajuste eléctrico, que al abrir las puertas se recoge hacia el salpicadero para facilitar la entrada. Esta maniobra es más cómoda en el Toyota, que cuenta con una llave electrónica que abre la puerta con sólo tirar de ella. Y el arranque del motor es por pulsación de un interruptor. De esta manera es el freno de mano del Range, a toque de tecla, mientras el Toyota mantiene la palanca mecánica tradicional. En los dos coches resulta muy interesante la pantalla de marcha atrás por el tamaño de ambas carrocerías, pero sólo el Range tiene, además, sensores acústicos que controlan el frontal y la trasera de la carrocería, muy útil en la ciudad. Otro buen detalle, vista la altura de la base de los maleteros, es la doble hoja (una superior y otra inferior) que ofrecen los dos coches. Desde un punto dinámico, ya hemos comentado lo que nos han sorprendido estos dos mastodontes en la carretera. Incluso sus capacidades de frenada son soberbias para las taras que tienen que detener. No sólo por la distancia, sino por lo estables que se muestran en frenadas violentas. De todas formas, frenan muy bien en la distancia, pero no puede obviar que sus sistemas de frenado están expuestos a una intensidad de trabajo que en demandas continuas debilitan claramente su resistencia y en el Toyota el pedal tiende a ceder con mayor prontitud recorrido. En cuanto al equipamiento específico, ambos modelos cumplen con muy buena nota. El Toyota incluye incluso doble airbag de rodillas. Curiosamente no se ha contemplado los faros de xenón, que son de serie y direccionales en el Range. Ambos cuentan con ruedas de repuesto de tamaño y especificaciones normales, todo un respiro.

Aun con una diferencia en el precio de partida a favor del Toyota, ambos modelos se mueven en una franja en la que pesa más el producto en sí que el aspecto económico. Además, ambos modelos disfrutan de un estatus de imagen y de producto que los convierten en coches atemporales por mucho tiempo. De su supuesta alta calidad general hay que esperar una fiabilidad fuera de toda duda.
Range Rover
— Motor, cambio y prestaciones
— Confort, presentación y equipamiento
— Capacidad TT

Toyota
— Tecnología y equipamiento
— Capacidad TT
— Motor y prestaciones

Range Rover
— Peso elevado
— Control de estabilidad brusco

Toyota
— Resbalamiento del cambio
— Peso elevado
Tierra, mar y aire
Antes que por una cuestión de ambiente interior, el Range domina este apartado por un tacto de rodadura más refinado, en asfalto y campo. La carrocería del Range se siente mejor aislada de las imperfecciones del piso y del propio empuje del motor. El Toyota deja escapar movimientos verticales y longitudinales más evidentes en su rodar y su eje posterior rígido asimila mucho peor los baches cortantes. Además, su dirección es más pesada y sus diferenciales transmiten mayor resistencia mecánica en las maniobras a baja velocidad. Es cierto que el confort de marcha del Toyota puede resultar increíblemente bueno para tratarse de un auténtico y robusto todo-terreno, pero el “neumático” Range pasa como una elitista berlina de lujo. Por dentro así lo parece, con un diseño, equipamiento y espacio para buscarle una esquina en el salón de casa. El Toyota recurre a un estilo más convencional, pero cuidado con mucho esmero en cuanto a materiales y equipamiento. Ambos disponen de asientos grandísimos, con todo tipo de reglajes y comodidades eléctricas. Detrás, la ergonomía resulta más natural en el modelo inglés, con una posición más sentado frente a más hundido de cadera en el Toyota. Hablando de asientos, el Toyota ofrece una tercera fila con dos butacas, incuestionable supremacía si necesitamos ese extra de habitabilidad.

El equipamiento es desbordante en ambos coches y merece la pena estudiar su lista. Incluso ambos cuentan con un volante con ajuste eléctrico, que al abrir las puertas se recoge hacia el salpicadero para facilitar la entrada. Esta maniobra es más cómoda en el Toyota, que cuenta con una llave electrónica que abre la puerta con sólo tirar de ella. Y el arranque del motor es por pulsación de un interruptor. De esta manera es el freno de mano del Range, a toque de tecla, mientras el Toyota mantiene la palanca mecánica tradicional. En los dos coches resulta muy interesante la pantalla de marcha atrás por el tamaño de ambas carrocerías, pero sólo el Range tiene, además, sensores acústicos que controlan el frontal y la trasera de la carrocería, muy útil en la ciudad. Otro buen detalle, vista la altura de la base de los maleteros, es la doble hoja (una superior y otra inferior) que ofrecen los dos coches. Desde un punto dinámico, ya hemos comentado lo que nos han sorprendido estos dos mastodontes en la carretera. Incluso sus capacidades de frenada son soberbias para las taras que tienen que detener. No sólo por la distancia, sino por lo estables que se muestran en frenadas violentas. De todas formas, frenan muy bien en la distancia, pero no puede obviar que sus sistemas de frenado están expuestos a una intensidad de trabajo que en demandas continuas debilitan claramente su resistencia y en el Toyota el pedal tiende a ceder con mayor prontitud recorrido. En cuanto al equipamiento específico, ambos modelos cumplen con muy buena nota. El Toyota incluye incluso doble airbag de rodillas. Curiosamente no se ha contemplado los faros de xenón, que son de serie y direccionales en el Range. Ambos cuentan con ruedas de repuesto de tamaño y especificaciones normales, todo un respiro.

Aun con una diferencia en el precio de partida a favor del Toyota, ambos modelos se mueven en una franja en la que pesa más el producto en sí que el aspecto económico. Además, ambos modelos disfrutan de un estatus de imagen y de producto que los convierten en coches atemporales por mucho tiempo. De su supuesta alta calidad general hay que esperar una fiabilidad fuera de toda duda.
Range Rover
— Motor, cambio y prestaciones
— Confort, presentación y equipamiento
— Capacidad TT

Toyota
— Tecnología y equipamiento
— Capacidad TT
— Motor y prestaciones

Range Rover
— Peso elevado
— Control de estabilidad brusco

Toyota
— Resbalamiento del cambio
— Peso elevado
Tierra, mar y aire
Antes que por una cuestión de ambiente interior, el Range domina este apartado por un tacto de rodadura más refinado, en asfalto y campo. La carrocería del Range se siente mejor aislada de las imperfecciones del piso y del propio empuje del motor. El Toyota deja escapar movimientos verticales y longitudinales más evidentes en su rodar y su eje posterior rígido asimila mucho peor los baches cortantes. Además, su dirección es más pesada y sus diferenciales transmiten mayor resistencia mecánica en las maniobras a baja velocidad. Es cierto que el confort de marcha del Toyota puede resultar increíblemente bueno para tratarse de un auténtico y robusto todo-terreno, pero el “neumático” Range pasa como una elitista berlina de lujo. Por dentro así lo parece, con un diseño, equipamiento y espacio para buscarle una esquina en el salón de casa. El Toyota recurre a un estilo más convencional, pero cuidado con mucho esmero en cuanto a materiales y equipamiento. Ambos disponen de asientos grandísimos, con todo tipo de reglajes y comodidades eléctricas. Detrás, la ergonomía resulta más natural en el modelo inglés, con una posición más sentado frente a más hundido de cadera en el Toyota. Hablando de asientos, el Toyota ofrece una tercera fila con dos butacas, incuestionable supremacía si necesitamos ese extra de habitabilidad.

El equipamiento es desbordante en ambos coches y merece la pena estudiar su lista. Incluso ambos cuentan con un volante con ajuste eléctrico, que al abrir las puertas se recoge hacia el salpicadero para facilitar la entrada. Esta maniobra es más cómoda en el Toyota, que cuenta con una llave electrónica que abre la puerta con sólo tirar de ella. Y el arranque del motor es por pulsación de un interruptor. De esta manera es el freno de mano del Range, a toque de tecla, mientras el Toyota mantiene la palanca mecánica tradicional. En los dos coches resulta muy interesante la pantalla de marcha atrás por el tamaño de ambas carrocerías, pero sólo el Range tiene, además, sensores acústicos que controlan el frontal y la trasera de la carrocería, muy útil en la ciudad. Otro buen detalle, vista la altura de la base de los maleteros, es la doble hoja (una superior y otra inferior) que ofrecen los dos coches. Desde un punto dinámico, ya hemos comentado lo que nos han sorprendido estos dos mastodontes en la carretera. Incluso sus capacidades de frenada son soberbias para las taras que tienen que detener. No sólo por la distancia, sino por lo estables que se muestran en frenadas violentas. De todas formas, frenan muy bien en la distancia, pero no puede obviar que sus sistemas de frenado están expuestos a una intensidad de trabajo que en demandas continuas debilitan claramente su resistencia y en el Toyota el pedal tiende a ceder con mayor prontitud recorrido. En cuanto al equipamiento específico, ambos modelos cumplen con muy buena nota. El Toyota incluye incluso doble airbag de rodillas. Curiosamente no se ha contemplado los faros de xenón, que son de serie y direccionales en el Range. Ambos cuentan con ruedas de repuesto de tamaño y especificaciones normales, todo un respiro.

Aun con una diferencia en el precio de partida a favor del Toyota, ambos modelos se mueven en una franja en la que pesa más el producto en sí que el aspecto económico. Además, ambos modelos disfrutan de un estatus de imagen y de producto que los convierten en coches atemporales por mucho tiempo. De su supuesta alta calidad general hay que esperar una fiabilidad fuera de toda duda.
Range Rover
— Motor, cambio y prestaciones
— Confort, presentación y equipamiento
— Capacidad TT

Toyota
— Tecnología y equipamiento
— Capacidad TT
— Motor y prestaciones

Range Rover
— Peso elevado
— Control de estabilidad brusco

Toyota
— Resbalamiento del cambio
— Peso elevado
Tierra, mar y aire
Te recomendamos

El cicloturismo es una de las actividades deportivas que más desplazamientos por nues...

Ágil, cómodo y con gran espacio, el Citroën C3 Aircross propone interesantes solucion...

Repasamos todos los SUV a los que hay que estar atento en 2018 y algunos que ya sabem...

Una encuesta a nivel europeo permite a la OCU valorar los coches más y menos fiables ...

Toda la potencia y fuerza que pueda desarrollar un coche deportivo llegará al asfalto...

Antes de que lleguen las fuertes nevadas, Autopistas se anticipa a la llegada del inv...

Utilizamos cookies propias y de terceros para facilitar y mejorar la navegación, mostrarte contenido relacionado con tus preferencias y recopilar información estadística. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Más información.