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Renault Koleos 2.0 dCi/150 vs Toyota Rav4 2.2 D-CAT/150 y VW Tiguan 2.0 TDi BMT DSG/7

Huían de una imagen agresiva, pero el Koleos ha acabado pareciendo lo que es, un SUV. Un gran SUV, por cierto, capaz de afrontar sin complejos un mano a mano frente al pionero RAV4 y el mejor SUV de asfalto del momento, el Tiguan.
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Renault Koleos 2.0 dCi/150 vs Toyota Rav4 2.2 D-CAT/150 y VW Tiguan 2.0 TDi BMT DSG/7

Invierno, primera excursión a la nieve, un Renault Laguna se de­tiene a poner las cadenas mientras un Koleos se abre paso sobre asfalto helado sin aparente complicación. Primavera, las tenues pero intensas lluvias de la temporada han convertido los caminos que co­nectan las fincas de caza en intransitables ba­rrizales por donde lentamente zigzaguea un Toyota RAV4, no sin cierta dificultad al avan­ce debido a sus ruedas de clara orientación as­fáltica. Verano, la gran escapada: de punta a punta de la Península sin necesidad de parar a repostar a bordo de un infatigable y confor­tabilísimo Tiguan que ahora puede llanear “a vela” desacoplando motor y cambio para arañar décima a décima consumos.

Sin lugar a dudas, estamos ante el coche de las mil caras, uno de los formatos más completos en términos de po­livalencia y habitabilidad para su tamaño, cada vez más mejorados en comportamiento, segu­ridad y eficiencia, el triángulo donde berlinas, compactos y turismos en general no tienen ri­val. Cada vez con más peso específico en las res­pectivas gamas de sus fabricantes (se venden más RAV4 que Avensis, o mientras que las ven­tas de Laguna bajan en 2011, las de Koleos su­ben). Arañan ventas a la berlina clásica, pero también al monovolumen compacto, con quie­nes también comparten entidad y soluciones de coche familiar y rizan el rizo cuando las condi­ciones atmosféricas agudizan

Aquí reunimos tres buenos ejemplos: un re­novado Koleos que suma vistosidad tras una actualización en la que recorta drástica­mente emisiones y consumos sin una aparente revolución técnica; un incombustible RAV4, tan cerca de ese concepto de coche que él mismo inventó como del monovolumen compacto que representa el Verso; y, por último, un Tiguan, que al igual que Polo, Golf o Passat y otros tan­tos representa el extremo del coche generalista en su categoría en términos de comportamien­to, gama, motores y posibilidades de personali­zación.

Tres coches muy distintos entre sí (en precio sobre todo, con un Koleos que ha demos­trado ser capaz de hacerse con algunos clien­tes que llegan buscando un Duster) pero con un mismo público objetivo. Así los vemos nosotros. Me siento cómodo y seguro a bordo de sus in­timidatorios puestos de conducción, no veo de­rroche en sus cifras de consumo y sus sistemas de tracción total me aportan confianza y seguri­dad aún sabiendo que Laguna, Passat o Avensis pueden reaccionar mejor al límite. Kilos y altura tienen la culpa de ello. Nuestros tres SUV, con 4,45 m de longitud media arro­jan un promedio de 1.712 kilos frente a los 4,72 m/1.576 kg de aquellos turismos citados.

Son unos 140 kilos más de lastre para carrocerías con dimensiones de Scénic, Touran o Verso, és­tas también claramente más ligeras a igualdad de mecánica (1.620 kilos de media). Y esos kilos, líneas exteriores más "agresivas" aerodinámica­mente hablando y el arrastre de la tracción total nos lleva también a unos consumos no dema­siado altos en valor absoluto, pero sí mayores que coches de habitabilidad similar en forma­to turismo: 6,3 l/100 km de promedio para ellos frente a 5,5 l/100 km (también en promedio) de Laguna, Avensis y Passat... Y cuantos más datos analizas, peor para el SUV en ese día a día del conductor medio y no digamos ya verdadero afi­cionado. Pero con todo, sigo viendo en ellos un plus que no me ofrecen otros formatos.. 

Tracción total para todos. No creo que el cliente pueda apreciar que la de uno es mejor que la del rival porque cuando las distinciones tienen que sa­lir a la luz, al final es la calidad y tipo de rue­da lo que marca las diferencias. Sólo el Koleos permite conmutar de tracción 4x2 a 4x4; el res­to lo hacen "sobre la marcha", automáticamente, aunque siempre queda algo de arrastre. Como el RAV4, también el Koleos tiene un botón para el bloqueo del diferencial central a baja veloci­dad (el Tiguan detecta esa necesidad automáti­camente), pero realmente son las suspensiones, por sus amplios recorridos y suave tarado de amortiguación lo que hace al SUV de Renault más orientado al campo que los otros dos. Sin llegar a dejar a RAV4 o Tiguan clavados en nin­gún paso, al menos ha sido el que más confian­za nos ha inspirado y el más cómodo para avan­zar por terreno roto.

Estamos a una versión un tanto peculiar del RAV4:
Toyota nos cedía un automático que sólo se asocia con la versión "ultra-limpia" del motor 2.2 D-4D, con su catalizador de óxidos de nitró­geno. Y esa combinación, por nivel de acabado, implica ruedas de 18 pulgadas que perjudican por igual aptitudes fuera del asfalto y confort de marcha en él: su amortiguación se siente, por tanto, seca e incómoda frente al Koleos, y poco refinada frente al Tiguan de VW, que filtra y aísla con eficacia admitiendo incluso menos balanceo lateral que el coche de Toyota. Ni siquiera la flexibilidad de suspensión del Koleos nos lleva a sentir aparatosidad de reac­ciones en cualquiera de estos coches. Luego, aparecen matices: la dirección de éste es poco informativa, sobre todo cuando el morro se ali­gera de peso por efecto de aceleración, rasante o cambio de apoyo. Y el RAV4 tiene cierto efecto de ir sobre raíles siendo al cambio de dirección claramente más lento que el Tiguan, y también algo más subvirador. En resumidas cuentas, poco ágil. ¿Tiguan? Digamos que es el coche que más cerca está del turismo: excelente en­trada en curva, apoyos sin el más mínimo aspa­viento y, con diferencia, la mejor dirección por tacto y precisión, aunque tendremos que apren­der a "leer" la deriva de sus ruedas mixtas (como las del Koleos), que además de derivar sensible­ mente más que las de verano, penalizan las dis­tancias de frenado.

Sin demasiadas evoluciones (ni Stop-Start, pero ahora con regeneración de energía), el 2.0 dCi del Koleos mejora consumos (ciudad sobre todo) y tac­to aportando la excelente prestación de siempre y alto agrado de utilización, pero el "motor" de la comparativa no es otro que el del Tiguan: al dato (sobre todo los de consumo) y sensaciones, se lleva los puntos de calle y el cambio DSG/7 es insuperable. Al D-4D, por su parte, se le sien­te ya con demasiada intensidad dentro del ha­bitáculo (más que por ruido, por vibraciones), especialmente en frío, y aunque el cambio auto­mático aporta comodidad de uso, no supone un claro plus en todo como sí hace el DSG/7. Pero el de Toyota es un coche con gran imagen y tie­ne un as en la manga: su habitabilidad y flexibi­lidad de uso, mayor que los otros. A precio, está claro que el muy bien equipado Koleos es la apuesta ganadora, siendo el Tiguan quien mar­ca las distancias en coste de adquisición, pero también en calidad global y rendimiento

¿Qué opinas de esta noticia? Debate en los foros con otros aficionados al mundo del motor.

Invierno, primera excursión a la nieve, un Renault Laguna se de­tiene a poner las cadenas mientras un Koleos se abre paso sobre asfalto helado sin aparente complicación. Primavera, las tenues pero intensas lluvias de la temporada han convertido los caminos que co­nectan las fincas de caza en intransitables ba­rrizales por donde lentamente zigzaguea un Toyota RAV4, no sin cierta dificultad al avan­ce debido a sus ruedas de clara orientación as­fáltica. Verano, la gran escapada: de punta a punta de la Península sin necesidad de parar a repostar a bordo de un infatigable y confor­tabilísimo Tiguan que ahora puede llanear “a vela” desacoplando motor y cambio para arañar décima a décima consumos.

Sin lugar a dudas, estamos ante el coche de las mil caras, uno de los formatos más completos en términos de po­livalencia y habitabilidad para su tamaño, cada vez más mejorados en comportamiento, segu­ridad y eficiencia, el triángulo donde berlinas, compactos y turismos en general no tienen ri­val. Cada vez con más peso específico en las res­pectivas gamas de sus fabricantes (se venden más RAV4 que Avensis, o mientras que las ven­tas de Laguna bajan en 2011, las de Koleos su­ben). Arañan ventas a la berlina clásica, pero también al monovolumen compacto, con quie­nes también comparten entidad y soluciones de coche familiar y rizan el rizo cuando las condi­ciones atmosféricas agudizan

Aquí reunimos tres buenos ejemplos: un re­novado Koleos que suma vistosidad tras una actualización en la que recorta drástica­mente emisiones y consumos sin una aparente revolución técnica; un incombustible RAV4, tan cerca de ese concepto de coche que él mismo inventó como del monovolumen compacto que representa el Verso; y, por último, un Tiguan, que al igual que Polo, Golf o Passat y otros tan­tos representa el extremo del coche generalista en su categoría en términos de comportamien­to, gama, motores y posibilidades de personali­zación.

Tres coches muy distintos entre sí (en precio sobre todo, con un Koleos que ha demos­trado ser capaz de hacerse con algunos clien­tes que llegan buscando un Duster) pero con un mismo público objetivo. Así los vemos nosotros. Me siento cómodo y seguro a bordo de sus in­timidatorios puestos de conducción, no veo de­rroche en sus cifras de consumo y sus sistemas de tracción total me aportan confianza y seguri­dad aún sabiendo que Laguna, Passat o Avensis pueden reaccionar mejor al límite. Kilos y altura tienen la culpa de ello. Nuestros tres SUV, con 4,45 m de longitud media arro­jan un promedio de 1.712 kilos frente a los 4,72 m/1.576 kg de aquellos turismos citados.

Son unos 140 kilos más de lastre para carrocerías con dimensiones de Scénic, Touran o Verso, és­tas también claramente más ligeras a igualdad de mecánica (1.620 kilos de media). Y esos kilos, líneas exteriores más "agresivas" aerodinámica­mente hablando y el arrastre de la tracción total nos lleva también a unos consumos no dema­siado altos en valor absoluto, pero sí mayores que coches de habitabilidad similar en forma­to turismo: 6,3 l/100 km de promedio para ellos frente a 5,5 l/100 km (también en promedio) de Laguna, Avensis y Passat... Y cuantos más datos analizas, peor para el SUV en ese día a día del conductor medio y no digamos ya verdadero afi­cionado. Pero con todo, sigo viendo en ellos un plus que no me ofrecen otros formatos.. 

Tracción total para todos. No creo que el cliente pueda apreciar que la de uno es mejor que la del rival porque cuando las distinciones tienen que sa­lir a la luz, al final es la calidad y tipo de rue­da lo que marca las diferencias. Sólo el Koleos permite conmutar de tracción 4x2 a 4x4; el res­to lo hacen "sobre la marcha", automáticamente, aunque siempre queda algo de arrastre. Como el RAV4, también el Koleos tiene un botón para el bloqueo del diferencial central a baja veloci­dad (el Tiguan detecta esa necesidad automáti­camente), pero realmente son las suspensiones, por sus amplios recorridos y suave tarado de amortiguación lo que hace al SUV de Renault más orientado al campo que los otros dos. Sin llegar a dejar a RAV4 o Tiguan clavados en nin­gún paso, al menos ha sido el que más confian­za nos ha inspirado y el más cómodo para avan­zar por terreno roto.

Estamos a una versión un tanto peculiar del RAV4:
Toyota nos cedía un automático que sólo se asocia con la versión "ultra-limpia" del motor 2.2 D-4D, con su catalizador de óxidos de nitró­geno. Y esa combinación, por nivel de acabado, implica ruedas de 18 pulgadas que perjudican por igual aptitudes fuera del asfalto y confort de marcha en él: su amortiguación se siente, por tanto, seca e incómoda frente al Koleos, y poco refinada frente al Tiguan de VW, que filtra y aísla con eficacia admitiendo incluso menos balanceo lateral que el coche de Toyota. Ni siquiera la flexibilidad de suspensión del Koleos nos lleva a sentir aparatosidad de reac­ciones en cualquiera de estos coches. Luego, aparecen matices: la dirección de éste es poco informativa, sobre todo cuando el morro se ali­gera de peso por efecto de aceleración, rasante o cambio de apoyo. Y el RAV4 tiene cierto efecto de ir sobre raíles siendo al cambio de dirección claramente más lento que el Tiguan, y también algo más subvirador. En resumidas cuentas, poco ágil. ¿Tiguan? Digamos que es el coche que más cerca está del turismo: excelente en­trada en curva, apoyos sin el más mínimo aspa­viento y, con diferencia, la mejor dirección por tacto y precisión, aunque tendremos que apren­der a "leer" la deriva de sus ruedas mixtas (como las del Koleos), que además de derivar sensible­ mente más que las de verano, penalizan las dis­tancias de frenado.

Sin demasiadas evoluciones (ni Stop-Start, pero ahora con regeneración de energía), el 2.0 dCi del Koleos mejora consumos (ciudad sobre todo) y tac­to aportando la excelente prestación de siempre y alto agrado de utilización, pero el "motor" de la comparativa no es otro que el del Tiguan: al dato (sobre todo los de consumo) y sensaciones, se lleva los puntos de calle y el cambio DSG/7 es insuperable. Al D-4D, por su parte, se le sien­te ya con demasiada intensidad dentro del ha­bitáculo (más que por ruido, por vibraciones), especialmente en frío, y aunque el cambio auto­mático aporta comodidad de uso, no supone un claro plus en todo como sí hace el DSG/7. Pero el de Toyota es un coche con gran imagen y tie­ne un as en la manga: su habitabilidad y flexibi­lidad de uso, mayor que los otros. A precio, está claro que el muy bien equipado Koleos es la apuesta ganadora, siendo el Tiguan quien mar­ca las distancias en coste de adquisición, pero también en calidad global y rendimiento

¿Qué opinas de esta noticia? Debate en los foros con otros aficionados al mundo del motor.

Invierno, primera excursión a la nieve, un Renault Laguna se de­tiene a poner las cadenas mientras un Koleos se abre paso sobre asfalto helado sin aparente complicación. Primavera, las tenues pero intensas lluvias de la temporada han convertido los caminos que co­nectan las fincas de caza en intransitables ba­rrizales por donde lentamente zigzaguea un Toyota RAV4, no sin cierta dificultad al avan­ce debido a sus ruedas de clara orientación as­fáltica. Verano, la gran escapada: de punta a punta de la Península sin necesidad de parar a repostar a bordo de un infatigable y confor­tabilísimo Tiguan que ahora puede llanear “a vela” desacoplando motor y cambio para arañar décima a décima consumos.

Sin lugar a dudas, estamos ante el coche de las mil caras, uno de los formatos más completos en términos de po­livalencia y habitabilidad para su tamaño, cada vez más mejorados en comportamiento, segu­ridad y eficiencia, el triángulo donde berlinas, compactos y turismos en general no tienen ri­val. Cada vez con más peso específico en las res­pectivas gamas de sus fabricantes (se venden más RAV4 que Avensis, o mientras que las ven­tas de Laguna bajan en 2011, las de Koleos su­ben). Arañan ventas a la berlina clásica, pero también al monovolumen compacto, con quie­nes también comparten entidad y soluciones de coche familiar y rizan el rizo cuando las condi­ciones atmosféricas agudizan

Aquí reunimos tres buenos ejemplos: un re­novado Koleos que suma vistosidad tras una actualización en la que recorta drástica­mente emisiones y consumos sin una aparente revolución técnica; un incombustible RAV4, tan cerca de ese concepto de coche que él mismo inventó como del monovolumen compacto que representa el Verso; y, por último, un Tiguan, que al igual que Polo, Golf o Passat y otros tan­tos representa el extremo del coche generalista en su categoría en términos de comportamien­to, gama, motores y posibilidades de personali­zación.

Tres coches muy distintos entre sí (en precio sobre todo, con un Koleos que ha demos­trado ser capaz de hacerse con algunos clien­tes que llegan buscando un Duster) pero con un mismo público objetivo. Así los vemos nosotros. Me siento cómodo y seguro a bordo de sus in­timidatorios puestos de conducción, no veo de­rroche en sus cifras de consumo y sus sistemas de tracción total me aportan confianza y seguri­dad aún sabiendo que Laguna, Passat o Avensis pueden reaccionar mejor al límite. Kilos y altura tienen la culpa de ello. Nuestros tres SUV, con 4,45 m de longitud media arro­jan un promedio de 1.712 kilos frente a los 4,72 m/1.576 kg de aquellos turismos citados.

Son unos 140 kilos más de lastre para carrocerías con dimensiones de Scénic, Touran o Verso, és­tas también claramente más ligeras a igualdad de mecánica (1.620 kilos de media). Y esos kilos, líneas exteriores más "agresivas" aerodinámica­mente hablando y el arrastre de la tracción total nos lleva también a unos consumos no dema­siado altos en valor absoluto, pero sí mayores que coches de habitabilidad similar en forma­to turismo: 6,3 l/100 km de promedio para ellos frente a 5,5 l/100 km (también en promedio) de Laguna, Avensis y Passat... Y cuantos más datos analizas, peor para el SUV en ese día a día del conductor medio y no digamos ya verdadero afi­cionado. Pero con todo, sigo viendo en ellos un plus que no me ofrecen otros formatos.. 

Tracción total para todos. No creo que el cliente pueda apreciar que la de uno es mejor que la del rival porque cuando las distinciones tienen que sa­lir a la luz, al final es la calidad y tipo de rue­da lo que marca las diferencias. Sólo el Koleos permite conmutar de tracción 4x2 a 4x4; el res­to lo hacen "sobre la marcha", automáticamente, aunque siempre queda algo de arrastre. Como el RAV4, también el Koleos tiene un botón para el bloqueo del diferencial central a baja veloci­dad (el Tiguan detecta esa necesidad automáti­camente), pero realmente son las suspensiones, por sus amplios recorridos y suave tarado de amortiguación lo que hace al SUV de Renault más orientado al campo que los otros dos. Sin llegar a dejar a RAV4 o Tiguan clavados en nin­gún paso, al menos ha sido el que más confian­za nos ha inspirado y el más cómodo para avan­zar por terreno roto.

Estamos a una versión un tanto peculiar del RAV4:
Toyota nos cedía un automático que sólo se asocia con la versión "ultra-limpia" del motor 2.2 D-4D, con su catalizador de óxidos de nitró­geno. Y esa combinación, por nivel de acabado, implica ruedas de 18 pulgadas que perjudican por igual aptitudes fuera del asfalto y confort de marcha en él: su amortiguación se siente, por tanto, seca e incómoda frente al Koleos, y poco refinada frente al Tiguan de VW, que filtra y aísla con eficacia admitiendo incluso menos balanceo lateral que el coche de Toyota. Ni siquiera la flexibilidad de suspensión del Koleos nos lleva a sentir aparatosidad de reac­ciones en cualquiera de estos coches. Luego, aparecen matices: la dirección de éste es poco informativa, sobre todo cuando el morro se ali­gera de peso por efecto de aceleración, rasante o cambio de apoyo. Y el RAV4 tiene cierto efecto de ir sobre raíles siendo al cambio de dirección claramente más lento que el Tiguan, y también algo más subvirador. En resumidas cuentas, poco ágil. ¿Tiguan? Digamos que es el coche que más cerca está del turismo: excelente en­trada en curva, apoyos sin el más mínimo aspa­viento y, con diferencia, la mejor dirección por tacto y precisión, aunque tendremos que apren­der a "leer" la deriva de sus ruedas mixtas (como las del Koleos), que además de derivar sensible­ mente más que las de verano, penalizan las dis­tancias de frenado.

Sin demasiadas evoluciones (ni Stop-Start, pero ahora con regeneración de energía), el 2.0 dCi del Koleos mejora consumos (ciudad sobre todo) y tac­to aportando la excelente prestación de siempre y alto agrado de utilización, pero el "motor" de la comparativa no es otro que el del Tiguan: al dato (sobre todo los de consumo) y sensaciones, se lleva los puntos de calle y el cambio DSG/7 es insuperable. Al D-4D, por su parte, se le sien­te ya con demasiada intensidad dentro del ha­bitáculo (más que por ruido, por vibraciones), especialmente en frío, y aunque el cambio auto­mático aporta comodidad de uso, no supone un claro plus en todo como sí hace el DSG/7. Pero el de Toyota es un coche con gran imagen y tie­ne un as en la manga: su habitabilidad y flexibi­lidad de uso, mayor que los otros. A precio, está claro que el muy bien equipado Koleos es la apuesta ganadora, siendo el Tiguan quien mar­ca las distancias en coste de adquisición, pero también en calidad global y rendimiento

¿Qué opinas de esta noticia? Debate en los foros con otros aficionados al mundo del motor.
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