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Range Rover Sport 3.0 TDV6

Nació como «Baby Range»... y, hoy, es ya el señor de los caminos. Al Range Rover Sport no le detiene ni su versión básica, ahora un enérgico y más eficiente doble turbo Diesel de 245 CV. Como buen Land Rover, grande en respuesta 4x4; como Sport, sorprendente su agilidad y dulce rodar en asfalto.
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Range Rover Sport 3.0 TDV6

Planteado en origen como un pequeño y lujoso Discovery, la variante Sport del Range Rover ha terminado por afianzarse como el modelo de vocación más dinámica jamás construido por Land Rover. Del primero, de hecho, tomó en 2005 una avanzada arquitectura de carrocería y bastidor integrados, sello de su imparable avance en campo. Sin embargo, respecto a él y a su hermano mayor Range Rover, redujo en más de 10 centímetros altura y distancia entre ejes (en algo menos también su longitud) para ganar eficacia y agilidad en carretera.

Cinco años después, su esencia se mantiene y, ni ese ajuste de dimensiones dentro de la gama, restan impacto al Range Rover Sport. Impone ya sólo con su presencia. Icono de imagen por robustez y volumen, ahora poco cambia con su renovación: suaviza ligeramente algún ángulo de chapa, agranda parrilla y tomas de aire, e introduce LEDs en todas sus ópticas. Tanta planta que, desde su altísima postura de conducción, un Volkswagen Touareg casi nos parece pequeño en el primer semáforo.

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Range Rover Sport 3.0 TDV6

Sir Range

Antes de arrancar, eso sí, el Range Rover Sport ya nos ha mostrado su trato de caballero británico. Ahora, desde la propia llave, rebaja la altura de la carrocería para facilitar el acceso (se agradece, hombre) y su puerta sigue abriéndose desde la base, estribos incluidos, para no ensuciarnos el traje al subir o bajar. Detalles de señorío, que se trasladan a un interior exquisito, sin ruidos, humos o vibraciones, con grandes materiales, muy amplio en sus dos filas y en el que unos nuevos y envolventes asientos con pétalos laterales de ajuste eléctrico o unas afinadas luces LED de ambiente se combinan con etiquetas que advierten cómo cuidar la piel de alta calidad y con grandes pantallas de información, incluso táctiles.

Por cierto, el rediseñado salpicadero del Range Rover Sport ha reducido a la mitad su número de interruptores. No los hemos contado... pero las históricas quejas de manejo desaparecen: ahora todo es más sencillo e intuitivo. La elegancia no tiene por qué cargar.

Motorazo... y propio

Claro que si la calidad de realización gusta pero no sorprende (ya la esperábamos), y su inicial aparatosidad se mantiene (cuestión de tomarle la medida y ver sus impecables reacciones para confiar en él), más asombro causa ahora dar contacto. Land Rover ha renovado la gama de este Range Rover Sport, tanto en Diesel como en gasolina, pero este TDV6 de acceso y 3,0 litros de cilindrada se lleva la palma. Sin duda, el más lógico.

Probado recientemente sobre un Jaguar XF, la adaptación al Range Rover Sport es muy buena. Toma la versión superior, con su fantástico par máximo de 61,2 mkg pero con «sólo» 245 CV (no los 275 del XF). Land Rover, fabricante ahora perteneciente como Jaguar al fabricante indio Tata, «dieselizó» en su día el Range Rover al amparo de VM, BMW o Ford (marcas éstas últimas a las que perteneció). Sin embargo, ahora monta una evolución propia del grupo británico, aunque, todo sea dicho, basada en el bloque 2.7 V6 de la alianza Ford-PSA.

Más cilindrada, un 40% más de fuerza... pero, sobre todo, una sofisticada sobrealimentación por doble turbo marcan, y de qué manera, las diferencias: un turbo relativamente grande y de geometría variable, asumiendo la carga en exclusiva hasta pasadas las 2.500 rpm; y otro, más pequeño y fijo, solapándose desde ahí para evitar el desfallecimiento a medios y altos regímenes. 

El poder de la electrónica convierte al Range Rover Sport 3.0 TDV6 en todo un multiusos. Distinta altura de carrocería (incluso por llave), bloqueo de diferenciales, reductora, 5 modos distintos de conducción, control de descenso... Elija o déjese asesorar en pantalla.

El resultado es muy brillante en el Range Rover Sport, como el rodar: instantáneo en su respuesta, muy fino en la transición entre turbos y con gran pisada y aislamiento en carretera. De seda, como una berlina premium. Incluso Land Rover anuncia con esta configuración de turbos menores pérdidas mecánicas por bombeo y más eficiencia. Y se cumple: rebaja hasta en 1,3 l/100 km el consumo medio del anterior 2.7 TDV6 (aun así 10,6 de media, no olvidemos su volumen), al que barre literalmente en prestaciones. Así también minimiza el inconveniente del gran peso (más de 2,5 toneladas) que siempre fue un lastre para el Range Sport de acceso. Al anterior, le aventaja en más de 2,5 segundos en aceleraciones, con adelantamientos hasta 4 segundos más rápidos.

Ahora sí se mueve el Range Rover Sport con gran alegría. Mucho tiene que ver también su revisado cambio automático ZF de 6 relaciones, con rápidos bloqueos de embrague que reducen al mínimo el resbalamiento del convertidor. Además, por primera vez incluye levas para manejo secuencial desde el volante. Toda una indicación ya de su espíritu más deportivo.

Dentro y fuera

Como también lo refleja su nueva puesta a punto en frenos (sorprendente cómo este Range Rover Sport detiene tanto cuerpo), control de estabilidad (ahora con control antivuelco y de subviraje, frenando ruedas además de limitar fuerza de motor) y amortiguadores, siempre de tarado variable y con resortes neumáticos. Fundamental también el opcional Dynamic Response (2.206 euros), estabilizadoras activas que a baja velocidad quedan liberadas para permitir la máxima extensión de suspensiones, y a alta se endurecen para evitar el balanceo.

Curvas a él (siempre que no sobrepasemos la lógica de su volumen, pues las inercias se vuelven difíciles de controlar), y campo. Porque el conocido sentido «off road» del Range Rover Sport incluso mejora con el revisado sistema Terrain Response y sus cinco modos de conducción de serie (normal, hierba/nieve, arena, barro/ surcos y rocas) que adaptan motor, suspensión, diferenciales, control de estabilidad y cambio automático para cada terreno. Funciona de maravilla, incluso aconsejando cuándo activar reductora y control de descensos. Un experto cerebro a nuestra disposición para superar cualquier obstáculo... si no fuera por los neumáticos. Se anuncian como 4x4, pero su llanta de 20 pulgadas y reducido perfil 40 no aconsejan grandes sacudidas ni golpes. Claro que, como contrapartida, en carretera agarran como felinos. En definitiva, un Range dueño de todo territorio y con la tecnología por bandera. Larga vida al TT de lujo. 

- Motor/Comportamiento/Confort
- Sistema Terrain Response
- Versatilidad de uso - Elevado peso
- Neumáticos sólo para asfalto
- Maniobrabilidad urbana
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