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Mercedes G 320 CDI Largo

En un sector en el que cada día son más los SUV con respecto a los todoterreno clásicos, los amantes del TT con mayúsculas, del off-road auténtico, todavía disponen de algunos coches que se mantienen fieles a la premisa de proporcionar buenas prestaciones en campo. Uno de ellos es el Mercedes G, del que probamos la versión chasis largo con el motor 320 CDI.
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Mercedes G 320 CDI Largo
Material «de primera» Cierto es que nuestros ejercicios habituales en la pista de pruebas no son especialmente extremos. No lo son, precisamente, para que todos los modelos que pasen sean capaces de atravesar, con mayor o menor dificultad, por todas las zonas y poder así comparar sus cualidades. Sin embargo, cuando el Mercedes Gafronta los diferentes obstáculos, su eficacia nos hace plantearnos si no sería necesario establecer una zona más específica para comparar a los TT más efectivos. Ningún obstáculo representa el más mínimo problema.
Y es que, a las cualidades que siempre ha tenido el Mercedes G, esta versión añade una transmisión automática que simplifica las acciones del conductor y un motor de 224 CV que gestiona con brillantez las 2,5 toneladas de la carrocería. Todo ello sin sacar «todo el trapo», porque si a ello le añadimos los tres bloqueos de diferencial, para el Mercedes G la pista de pruebas es un auténtico juego de niños.

Incluso sin disponer de los neumáticos más adecuados, la potencia del motor y el efectivo control de tracción permiten al Mercedes G afrontar las pendientes con absoluta solvencia. A pesar de su cambio automático, la capacidad de retención de la reductora autoriza unos descensos seguros y controlados. No será lo más adecuado en carretera, pero a la robustez que aportan al conjunto los ejes rígidos en ambos trenes, hay que sumar los generosos recorridos verticales y que, en este tipo de zona, son la clave para obtener la máxima motricidad. Sólo hay que cuidar que los balanceos no sean demasiado violentos. No es este su ejercicio favorito, a pesar de lo cual, lo pasa con una nota excelente, y es que ni la larga distancia entre ejes ni las vistosas estriberas contribuyen a facilitar el paso. No obstante, como decimos, no sale mal parado gracias a que su altura sobre el suelo es suficiente para proporcionar un buen ángulo ventral.
25 años de historia
Tracción 4x4 clásica
Material «de primera» Cierto es que nuestros ejercicios habituales en la pista de pruebas no son especialmente extremos. No lo son, precisamente, para que todos los modelos que pasen sean capaces de atravesar, con mayor o menor dificultad, por todas las zonas y poder así comparar sus cualidades. Sin embargo, cuando el Mercedes Gafronta los diferentes obstáculos, su eficacia nos hace plantearnos si no sería necesario establecer una zona más específica para comparar a los TT más efectivos. Ningún obstáculo representa el más mínimo problema. Y es que, a las cualidades que siempre ha tenido el Mercedes G, esta versión añade una transmisión automática que simplifica las acciones del conductor y un motor de 224 CV que gestiona con brillantez las 2,5 toneladas de la carrocería. Todo ello sin sacar «todo el trapo», porque si a ello le añadimos los tres bloqueos de diferencial, para el Mercedes G la pista de pruebas es un auténtico juego de niños.

Incluso sin disponer de los neumáticos más adecuados, la potencia del motor y el efectivo control de tracción permiten al Mercedes G afrontar las pendientes con absoluta solvencia. A pesar de su cambio automático, la capacidad de retención de la reductora autoriza unos descensos seguros y controlados. No será lo más adecuado en carretera, pero a la robustez que aportan al conjunto los ejes rígidos en ambos trenes, hay que sumar los generosos recorridos verticales y que, en este tipo de zona, son la clave para obtener la máxima motricidad. Sólo hay que cuidar que los balanceos no sean demasiado violentos. No es este su ejercicio favorito, a pesar de lo cual, lo pasa con una nota excelente, y es que ni la larga distancia entre ejes ni las vistosas estriberas contribuyen a facilitar el paso. No obstante, como decimos, no sale mal parado gracias a que su altura sobre el suelo es suficiente para proporcionar un buen ángulo ventral.
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