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Comparativa: Honda CR-V vs Mazda CX-5 y Mitsubishi Outlander

Los SUV nipones siempre han destacado por su funcionalidad y afinadas mecánicas, dos virtudes que nuestros tres protagonistas de tracción total han sabido perfeccionar hasta situarse en lo más granado del segmento.
Pablo Mallo.

Twitter: @p_mallo -

Comparativa: Honda CR-V vs Mazda CX-5 y Mitsubishi Outlander

La practicidad interior es un factor primordial en los SUV —últimamente casi más que la propia filosofía todocamino— y el ingenio de los japoneses se deja notar mucho en este apartado. Sin ir más lejos, los mecanismos que emplean para abatir sus asientos traseros y aprovechar así su generosa capacidad de carga están muy trabajados y resultan muy cómodos de usar. Pero no hay que olvidar otro de sus sellos particulares: las mecánicas turbodiésel. La denominación 2.2 que comparten nuestros protagonistas ha sido, salvo contadas excepciones, coto exclusivo de los japoneses. Es cierto que puede haber una ligera desventaja de cara al consumo frente a rivales europeos de igual potencia y menor cubicaje, pero el agrado de uso que proporcionan es superior, sobre todo a la hora de usar la parte baja del cuentavueltas, pues resultan operativos desde apenas 1.100 rpm. El refinamiento, suavidad e inmediatez de respuesta del Honda son decisivos, siendo el motor más redondo del grupo. El CX-5 es igual de suave y ligeramente más prestacional, pero en esta unidad de pruebas no ha sido tan lineal ni tan perfecto como en otras que han pasado por nuestra redacción en las que nos hemos llevado la sensación de que es uno de los mejores Diesel del momento, además, quizá por el hecho de ser biturbo (uno pequeño, optimizado para pocas vueltas, y otro mayor, para altas y medias rpm), su tiempo de respuesta no siempre ha sido igual y a 2.000 rpm hay veces que se ha producido algo de retardo. El Outlander, por su parte, es también muy brillante, pero resulta algo menos refinado.

  

4x4, a su manera...

Por tacto y por el tipo de gestión que emplea para la tracción total, el Mitsubishi Outlander es el que mayor vocación campestre muestra a priori. Sin dejar de ser preciso y con muy buen accionamiento, el cambio se siente bastante más robusto que en sus rivales, y la dirección, con una zona central algo peculiar —muy asistida—, puede recordar vagamente a algunos todo terreno de pura cepa, cuya zona neutral acaba ablandándose debido a holguras. Por otro lado, es el único que cuenta con un botón para bloquear el reparto de par entre ambos ejes, con el que también se seleccionan otras dos modalidades: "4WD auto" y "4WD eco". La primera, muy similar a la que encontramos en el CX-5, varía el reparto de manera continua entre ambos ejes; la segunda, en cambio, envía la potencia únicamente al tren delantero, salvo cuando el sistema detecta pérdidas de motricidad, momento en el que también reciben potencia las ruedas traseras. Este último esquema, que está pensado para reducir rozamientos y optimizar consumos, es el utilizado por el CR-V. Lógicamente, el comportamiento en carretera está bastante influenciado por el tipo de mecanismo 4x4, como veremos más adelante. En campo, sin embargo, es más la pericia del conductor y el tipo de neumático montado —más de carretera que de campo en estos modelos— lo que condiciona el nivel de dificultad de las pistas a las que podremos acceder, donde los eficaces controles electrónicos de tracción, combinados con una 1ª relativamente corta —no tanto en el Mazda—, juegan un papel primordial para superar posibles obstáculos.

 

Mejoras muy palpables

Respecto a generaciones anteriores, la mayor evolución tiene que ver con su comportamiento en carretera, ya que en los tres casos la conducción es casi de turismo. El Mazda incluso puede presumir de un carácter deportivo, con una trasera muy participativa que no duda en deslizar si la provocamos en fuertes apoyos, reacciones inmediatas, suspensiones algo más firmes —sin ser incómodas— y prácticamente ausencia de subviraje bajo aceleración. Si no fuera por el ESP, el único no desconectable del lote, habría sido incluso más satisfactorio para amantes de la deportividad, pero se ha primado la seguridad para todos los públicos, algo por otra parte comprensible en un SUV. Pese a su excelente chasis y la confianza que otorga, la dirección pierde algo de precisión cuando vamos a buen ritmo, y obliga a ir más pendiente de ella que en sus rivales. Lo más criticable, sin embargo, es que los espejos retrovisores exteriores vibran superada cierta velocidad, y el cambio, que es muy rápido y agradable, algunas veces se nos ha quedado atascado con la marcha atrás insertada al maniobrar, y otras, se ha desengranado sola, algo que en otras unidades del modelo no nos ha ocurrido.

 

El Honda apuesta más por el confort, pero sin descuidar el dinamismo. Respecto a la edición pasada ha incrementado notablemente su velocidad de paso por curva, aunque no es tan incisivo como el Mazda CX-5. Es eficaz, pero llegado el límite de adherencia aparece cierta deriva de los neumáticos que obliga a girar algo más el volante, y que anticipa reacciones neutras o ligeramente subviradoras, manteniendo en todo momento una conducción muy fácil. Sólo una repentina y contundente frenada en apoyo puede resultar menos tranquilizadora, ya que la trasera se insinúa y provoca una férrea respuesta del ESP, pero el mismo ejercicio con las ayudas electrónicas desconectadas nos hace constatar que no era para tanto, ya que el coche mantiene la compostura en todo momento. Por otro lado, la dirección es precisa e informativa, mientras que la frenada, al igual que en sus rivales, mucho mejor de lo esperado.

 

Aunque la personalidad en curva del Mitsubishi Outlander está bien definida, cambia levemente en función del modo de tracción seleccionado. La direccionalidad del eje trasero se vuelve algo más inmediata al inicio del giro si hacemos uso de los modos "4WD lock" o "4WD auto", y se hace esperar un poco más en "4WD eco", pero la diferencia no es acusada. En cualquier caso, su bastidor es sensible a las transferencias de masas y redondea levemente al dejar de acelerar en plena curva, también a poca velocidad, lo que da sensación de agilidad. Podría perfeccionarse la dirección, que apenas informa, y su tacto, menos consistente que el de sus rivales, no da demasiada confianza hasta que te acostumbras a sus límites. Por lo demás no se le pueden poner pegas, porque también puede presumir de buena eficacia dinámica y un grado de confort similar al del Honda. Eso sí, es el que mejor radio de giro logra y, pese a sus 10 centímetros extra de carrocería, proporciona una notable maniobrabilidad.

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