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Ford Ranger 3.0 TDCi Wildtrak

Una comparativa no es nada nuevo, pero si lo que encontramos es una comparativa de toda una gama valorados por los propios usuarios, la cosa empieza a ser distinta. Y eso es lo que os ofrecemos en esta ocasión, el juicio a todas las Pick-Up realizado por lectores, con resultados bastante curiosos.
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Ford Ranger 3.0 TDCi Wildtrak
Junto con el Nissan Navara, esta versión del Ford Ranger muestra un enfoque más lúdico y se aleja del planteamiento puramente industrial que presentan la mayoría de sus rivales. La mecánica de tres litros garantiza un buen grado de prestaciones y el equipamiento proporciona un cierto grado de refinamiento, que hace su utilización diaria más agradable.

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Ford Ranger 3.0 TDCi Wildtrak

Existen otras variantes del Ford Ranger, pero sólo el WildTrak incorpora la mecánica de tres litros, que eleva sus cualidades dinámicas a un plano notable y que le separa del resto de sus hermanos de gama, situándole además en el grupo de cabeza de la categoría, por lo que se refiere a prestaciones. Hasta aquí nada que reprochar. Sin embargo, el hecho de tratarse de una versión exclusiva, tiene una serie de contrapartidas que para muchos pueden no representar un problema, pero para otros pueden ser un condicionante a la hora de tomar la decisión. La versión Wildtrak tiene un equipamiento cerrado que ofrece, dentro del precio, una de las dotaciones más completas que podemos encontrar en el segmento, pero que nos obliga a «cargar» con elementos que pueden no ser de nuestro agrado. Por ejemplo; la atractiva tapicería de cuero puede no ser la más adecuada para según que utilización vayamos a dar al coche y la configuración de doble cabina nos permite disponer de cinco confortables plazas, pero reduce parcialmente la longitud de la caja, lo que puede ser un problema por ejemplo para transportar una moto de Enduro. Decimos esto porque para disponer de una mayor variedad de configuraciones debemos renunciar a la brillante mecánica de tres litros, y en caso de tener como prioridad el rendimiento, a lo que tendremos que renunciar es a una mayor variedad de posibilidades de carga y de equipamiento. En todo caso, la versión Limited de 2,5 litros ofrece también unas excelentes cualidades dinámicas, y sin salir de la marca, ni del modelo, podemos adaptar el Ranger a nuestras necesidades.

Los que vean cumplidas sus expectativas de carga/pasajeros con el Wildtrak gozarán, como decíamos, de un equipamiento sumamente completo y de un modelo con una imagen francamente llamativa y no exenta de atractivo. Su configuración es de las que más se alejan del uso industrial, y consecuentemente, el interior está configurado de manera muy similar al de una berlina. A la ya citada amplitud y confort del habitáculo hay que añadir un equipo de sonido con MP3, elevalunas eléctricos en las cuatro puertas, alarma antirrobo y asientos con un diseño deportivo que ofrecen una excelente sujeción lateral. En el exterior, las barras antivuelco, las estriberas laterales y el color específico de la carrocería nos garantizan no pasar desapercibidos en el tráfico. Al margen de su imagen más o menos exclusiva, es la mecánica la que aporta más elementos objetivos, a valorar. El motor de tres litros no sólo ofrece una elevada cifra de potencia absoluta —164 CV en el caso de nuestra unidad- sino que su rendimiento a bajo régimen le convierte en uno de los propulsores más agradables de utilizar. Podemos comprobar en el gráfico de par como ya desde 1.500 rpm disponemos de 90 por ciento del par máximo, y esos valores se mantienen hasta superadas netamente las 3.000 vueltas, circunstancia que hace su conducción muy agradable desde el punto de vista mecánico. Siempre disponemos de una respuesta contundente al bajar el pie derecho y eso tiene otra ventaja adicional. En los recorridos más complicados no hay que llevar el motor hasta medio régimen para disponer de capacidad de avance. Si a ello le unimos una reductora bastante corta, vemos como con el Ford disponemos de un excelente compañero para afrontar los recorridos más extremos con garantías de éxito. Sólo los ángulos de salida y ventral pueden representar algún problema, pero eso es algo intrínseco a este tipo de vehículos con grandes voladizos traseros y generosas distancias entre ejes. La motricidad, cuando circulamos descargados y en dos ruedas motrices, es el otro Talón de Aquiles de los Pick-Up, que se agrava a medida que aumenta la potencia del motor. Para la ocasión, Ford ha dotado a este Ranger de un diferencial trasero autoblocante, que reduce el problema. Pero ¡ojo! Porque los excesos de optimismo con el pie derecho nos pueden poner el coche costado con cierta facilidad. Sí. Es divertido. Pero sólo si lo provocamos intencionadamente, si nos sorprende deja de tener gracia.

Bien asentado sobre sus neumáticos de 245 de sección las dos toneladas del Ranger están razonablemente controladas por la adherencia que nos proporcionan sus ruedas en asfalto, otra cosa es en el campo, donde la configuración mixta tiene las limitaciones ya conocidas en cuanto a motricidad y adherencia lateral. Las prestaciones son brillantes y no están acompañadas de un consumo desmesurado. En carretera, el abundante par disponible nos permite circular en marchas largas, con lo que en esas condiciones las cifras se mantienen por debajo de los 10 litros, aunque se muestra bastante sensible a los repechos y a los cambios de ritmo, lo que hace subir el consumo de manera significativa si no somos disciplinados con el pie derecho. Eso sí, a cambio, disponemos de un potencial dinámico excelente, sobre todo en lo que se refiere a capacidad de recuperación y adelantamiento. En cuanto al confort de marcha, las ballestas posteriores no son el mejor «mimbre» y si bien garantizan robustez para cargas pesadas, en versiones tan lúdicas como esta no estaría de más disponer de una suspensión con muelles, más progresivos que las ballestas, que condicionarían menos el confort y el comportamiento, sobre todo a coche descargado.
Comparativa de excepción
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