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De Lérida a Andorra por valles y colladas

Saltar de valle en valle pasando por colladas que rozan los 2.000 m de altitud y disfrutar de paisajes sobrecogedores. Sentirse inmerso en la naturaleza exuberante de los bosques, dejarse llevar por las aguas bravas de los ríos pirenaicos, sosegarse en la contemplación de las diminutas aldeas o el cálido hogar de los albergues para acabar entrando en Andorra por reviradas pistas, es una recomendable elección para el tiempo libre.
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De Lérida a Andorra por valles y colladas
Tan sólo unas decenas de metros de asfalto para regresar a la pista y comenzar la ascensión, ya en franca dirección norte en busca del puerto del Cantó. Aquí se requiere obligatoriamente la utilización de la doble tracción, pues las paellas depiedra suelta se suceden para ganar altura con rapidez.
Pronto queda atrás el valle, de forma que en pocos kilómetros se tiene una espectacular vista de la pista por la que descendimos. En la cima una amplia collada, tapizada por frescos pastos y poco más adelante la sorpresa de Guils, un aglutinado caserío de paredes rojizas. Una vez atravesado tan bello pueblo se alcanza el asfalto del puerto del Cantó, por el que ascendemos hasta alcanzar la collada.

Justo en la cima comienza la tercera y última parte de este recorrido, sin duda la más espectacular y de naturaleza más desbordante. No en vano nos encontramos ya bien introducidos en el corazón de los Pirineos. Es muy fácil tomar esta pista bien marcada, que nace en el mismo aparcamiento del puerto y lleva en pocos kilómetros hasta el albergue de este antiguo refugio, hoy perfectamente reconstruido. No serán pocos los que decidan pasar la noche en este refugio para disfrutar de la autentica naturaleza pirenaica, regalarse con una gratificante cena y escuchar bajo el manto estrellado las muchas historias que puede relatar. Los perros huskyes rodean el refugio, la cuadrilla de fuertes canes, curtidos en mil batallas y los relatos de carreras de trineos hacen entrar al viajero en el singular mundo de los mushers. Poco conocidas hasta hace unos años en nuestro país, las carreras de trineos están tomando auge con presteza. Uno de los deportes de nieve más duros y exigentes, donde hombre y animales se unen para vencer a la naturaleza. Son precisamente las pistas por las que circulamos en estos momentos uno de los tramos mas duros de la carrera de trineos más importante de España. En pleno invierno, cuando la nieve cubre el paisaje, resulta imposible circular en automóvil. Es la hora para que los trineos tirados por los perros esquimales compitan por ganarse un puesto entre los mejores.

Continua el viaje atravesando un frondoso bosque hasta alcanzar el Coll de la Baseta. Aquí, las pistas bien marcadas y señalizadas hacen dudar en la elección. A poniente la ermita y Montenartró invitan a tomar esta dirección y regresar a la parte alta del valle del río Noguera Pallaresa, pero nuestra elección sigue rumbo noreste en dirección a la ermita de Santa Magdalena. Éste es el tramo más espectacular del viaje, donde la alternancia de valles y colladas, pequeños vadeos y tramos de roca hacen las delicias de los aficionados. Las profundas roderas invitan a la conducción tranquila, una rueda aquí y la otra allá, permiten superar los peores tramos con mayor comodidad. Próximos ya a Civis, el control de la Guardia Civil es parada de obligación. Sólo queda un suave descenso, el pasopor Civis con su hotel y restaurante y la entrada en Andorra a la altura de Sant Julià de Lória. Concluye en el país de los Pirineos esta ruta, lo que supone el aliciente añadido de la posibilidad de realizar unas compras, que en nuestro caso tendrán como referencia las numerosas tiendas de accesorios para vehículos todo terreno.

La historia del contrabando, o paso de mercancías de forma ilegal entre países, existe desde el mismo momento que se crearon las fronteras. En el caso de Andorra, el contrabando ha sido siempre una constante, aunque con los años han ido cambiando los productos objeto de tráfico. Por no remontarnos demasiado a siglos pasados, durante los últimos cincuenta años las mercancías han sido de lo más variopinto.

Antes y durante la II Guerra Mundial, la lana española pasaba por las montañas camino de Andorra con destino a Alemania para la fabricación de uniformes del tercer Reich. Después, y ya en sentido inverso, fueron las puntillas para adornar manteles cortinas y vestidos, luego vinieron los equipos técnicos, el material electrónico, medicinas, motos de cross y, en la actualidad, con la práctica supresión aduanera, es el tabaco el producto de mayor volumen de trasiego.
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