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De Lérida a Andorra por valles y colladas

Saltar de valle en valle pasando por colladas que rozan los 2.000 m de altitud y disfrutar de paisajes sobrecogedores. Sentirse inmerso en la naturaleza exuberante de los bosques, dejarse llevar por las aguas bravas de los ríos pirenaicos, sosegarse en la contemplación de las diminutas aldeas o el cálido hogar de los albergues para acabar entrando en Andorra por reviradas pistas, es una recomendable elección para el tiempo libre.
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De Lérida a Andorra por valles y colladas
Verano y otoño son las estaciones en las que se puede disfrutar sin complicaciones de los altos pasos pirenaicos. Es, por tanto, el momento ideal para programarse una excursión por la comarca de Pallars Sobirá, en la provincia de Lérida. No obstante, el buen tiempo puede invitarnos a intentar esta ruta en primavera o en un invierno no demasiado duro.
Nuestro recorrido, uno de los cientos que se pueden trazar por estos espectaculares rincones del Pirineo catalán, sigue una larga pista que regala el espíritu de los aficionados al «off-road» con decenas de kilómetros de tierra, algunos tramos de piedra y unos cuantos vadeos que, si bien no resultan demasiado complicados, aportan ese puntito de emoción que a todos gusta.

El punto de partida es la pequeña población de Guerri de la Sal, un agradable caserío de larga historia a orillas del río Noguera Pallaresa, a 12 kilómetrosde Sort. Aquí, un monasterio románico fundado en el año 807 por el presbítero Espanell y cinco personas más, dedicado a Santa María, monopolizaba las salinas. La sal era el único medio de conservar los alimentos durante la edad media, de forma que la explotación y comercio de tan preciado tesoro a tan larga distancia del mar generaba importantes beneficios para el monasterio. Debe comenzar, pues, nuestro viaje con la visita a estas salinas entre montañas, hoy sólo conservadas como testimonio de lo que fuera principal riqueza económica del valle. La explotación de los bosques con sus maderas y los legendarios raiers, que bajaban los troncos por el río hasta Lérida, la ganadería, la energía hidroeléctrica y, por último, el turismo, se han sucedido como fuentes de ingresos en la economía del valle.

Es el valle del Noguera Pallaresa uno de los lugares del Pirineo catalán con mayores atractivos. Los amantes de la naturaleza tienen aquí suficientes alicientes ya antes de comenzar la ruta, como para pasar algún día dedicado a gozar de las eco-actividades. El rafting es una de las más apreciadas. No hace falta ser un consumado palista para aventurarse en una lancha conducida por un experto guía. Son varios los niveles de dificultad que ofrece el río y, por tanto, varias las excursiones que se pueden hacer: traje de goma, casco, chaleco salvavidas y el remo, todo ello facilitado por el organizador, son los únicos requisitos. Una corta clase teórica basta para adentrarse en el río y, si se puede, una cámara de fotos submarina para inmortalizar el momento es una buena idea. Los que no deseen mojarse tienen una variada serie de alternativas, desde el simple paseo a pie, caballo, hasta el tiro con arco, mientras los más osados pueden probar con el descenso de cañones o la escalada. Aun con todo, la capital del valle, Sort, es mucho más conocida del público general por otro aspecto. Sort en catalán es suerte, y no han sido pocas las veces que en las administraciones de lotería de este pueblo se han vendido series enteras de billetes que resultaron premiados. Los días previos a la Navidad, largas colas de foráneos venidos de inimaginables rincones de España buscan la fortuna junto al Noguera Pallaresa.

Justo al otro lado del río comienza la ruta, que cubre sus primeros kilómetros por una pista forestal asfaltada. Los que deseen pisar pronto tierra quizá se sientan unpoco defraudados, pero los ha bitantes de Baén saben apreciar las virtudes del compacto firme durante todo el año. Frente al diminuto conglomerado de casas puramente montañesas comienza la tierra. Pronto quedan atrás los paisajes del amplio valle del Noguera y se penetra en los más estrechos panoramas de los valles de sierra de Boumort. Tan sólo algunas casas aisladas que por aquí toman el nombre de bordas y la serpenteante pista son las huellas humanas. Las colladas se enlazan en este tramo del recorrido siguiendo una pista sencilla de tierra salpicada a tramos con grava. Los mas expertos podrán cubrir estos primeros kilómetros tan sólo con tracción trasera, pero a la mínima duda siempre es recomendable engranar la tracción total. En cualquier caso, velocidades moderadas evitan ocasionales sustos al cruzarse en curvas ciegas con los muy escasos vehículos de los payeses que hacen a diario el recorrido para controlar el ganado que vagabundea a su antojo en los altos pastizales. Son muchos los lugares que tientan al viajero para realizar una parada, tomar los prismáticos y disfrutar del entorno. No son pocos los que requieren aun más e invitan a sacar la cámara fotográfica e inmortalizar el lugar. Concluye este primer tramo en Castells, desde donde una pista más ancha y rápida comienza el descenso hacia Taús, la Guardia de Ares y, tras un zigzagueante descenso, Espaén.

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