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Dacia Duster 1.5 dCi 4x4 y Nissan Juke 1.6 Turbo 4x4

Nacidos de la misma plataforma, y bajo clara influencia Renault, Dacia y Nissan se alejan del turismo convencional con dos conceptos 4x4, eso sí, totalmente alternativos. Ambos podrían cruzar España en caminos paralelos: el Dacia Duster, por pistas y zonas rurales… donde mejor se desenvuelve; el Nissan Juke, mejor entre retorcidos puertos de montaña. Toda una aventura sin pisar autopista. Para eso, los hay más preparados.
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Dacia Duster 1.5 dCi 4x4 y Nissan Juke 1.6 Turbo 4x4

En una época actual en la que se impone el pensamiento global y donde, junto al ahorro energético y la lucha contra la contaminación, el tiempo emerge cada día como valor más preciado por el ser humano, aún hay fabricantes que, por momentos, se apartan del camino. Puede que condicionados también en buena parte por sinergias de grupo, y capacidades de inversión, pero aportando al final aire fresco a segmentos hoy demasiado encorsetados.

Dacia o Nissan representan buenos ejemplos con sus nuevos Duster y Juke. Ni trabajadas aerodinámicas, ni nuevos sistemas para ganar eficiencia, ni desarrollos de cambio alargados para rebajar consumos… como hoy es tónica general en la industria. Al contrario, aquí el gasto en carretera es alto (incluso en el Diesel Dacia Duster la sexta velocidad es prácticamente del nivel de una cuarta habitual de ecológico utilitario tipo Seat Ibiza) para, en la práctica, no rehuir pero sí alejar de su entorno natural a las prolíficas vías rápidas que ya inundan con más y más carriles nuestra geografía.

Y también aportando diseños y formas muy diferentes a lo comúnmente establecido: más “chic” y arriesgado el Nissan Juke para competir con grandes polivalentes, más campero y robusto el Dacia Duster para enfrentarse a los pequeños SUV. Y, en el fondo, también ambos con importantes líneas comunes. Como su base: la misma y adaptable plataforma B del grupo Renault. De la que salen desde sus Clio y Modus, a los Nissan Cube y Note o los Dacia Logan y Sandero. Mucho y muy variado. Eso sí, en versión de batalla corta el Nissan Juke, y extendida el más grande Dacia Duster, pero los dos, también, con misma arquitectura técnica, modificando además su más simple eje torsional trasero por una suspensión Multibrazo con elementos derivados del Nissan Murano en las versiones 4x4.

Gran aceptación popular. Tanto el Dacia Duster como el Nissan Juke se sitúan ya como los modelos más vendidos de sus categorías todo camino. Dos originales propuestas que emprendieron una gran aventura… a la que ahora nos subimos.

Atrás quedan autopistas y largas rectas. Ninguno es rodador de seda, ni de larga distancia. Y tampoco en refinamiento se hacen fuertes. Lo suyo es más músculo. Es hora de divertirse y, por filosofía, toca acceder a carreteras secundarias. El primer tramo nos lleva a enlazar todo tipo de curvas y, a las primeras de cambio, el Dacia Duster flojea. No por mostrar malas trayectorias, ni desconcertar con reacciones inseguras. De hecho, con gran batalla y anchura, se conduce muy fácil. Pero sí por marcar demasiado pronto sus límites de adherencia. La dirección no informa en exceso, los neumáticos “chillan” al mínimo apoyo (mixtos, por cierto, para insinuar ya intenciones) y la carrocería balancea en amplios movimientos. Agradable, pero no ganaría desde luego un rally… para lo que sí parece haber nacido en cambio el Nissan Juke.

Con aroma ya deportivo desde su diseño (que, eso sí, condiciona enormemente un reducido espacio interior en contraposición de un Dacia Duster con centímetros para la familia numerosa), al volante el Nissan Juke gusta del trazado sinuoso. Y ya puestos a saborear sus posibilidades no podíamos renunciar, tras conducir antes sus populares 1.6 de 117 CV y 1.5 dCi de 110, a subirnos ahora a su variante más potente, única con tracción 4x4: motor 1.6 Turbo de 190 CV y cambio automático CVT de variador continuo y 6 relaciones prefijadas. Será minoritaria, pero síntoma de la pasional concepción de Nissan... y de su exclusiva puesta en escena.

Desde luego, a diferencia del Dacia Duster, el Nissan Juke marca bien la pisada. Ligero y muy ágil, a los mandos es rapidísimo, muy directo y engancha por un comportamiento deportivo de reacciones muy vivas… en ocasiones demasiado. Prefiere, por tanto, el buen asfalto, donde sus firmes suspensiones contienen mejor los movimientos de carrocería y la dirección marca con gran precisión las trazadas para llegar en tiempo récord (también con un cambio CVT que en modo manual por palanca –lástima que no cuente con levas- se siente muy rápido) a una cumbre en la que termina el asfalto. Hora de pisar tierra.  

El camino, de inicio, es sencillo. Y el Nissan Juke impone motor. Algo elevado, parece un correcaminos avanzando imparable en modo 4x4 hasta que el camino se estrecha y escarpa. Porque, a pesar de su apariencia, no hay SUV en el mercado con tan poca altura libre (sólo 145 centímetros limitados por un escape muy próximo al suelo), ni con tan escaso recorrido de amortiguación. Pronto hace tope, y no nos permitiría seguir mucho más allá de una pista principal que tampoco resulta demasiado cómoda.

Para continuar la excursión, pies y manos a un Dacia Duster que, a pesar de recortar su maletero hasta 395 dm3 (en 4x2 la ausencia de la transmisión 4x4 lo elevan a 505 dm3), todavía ofrece espacio para alojar las tortillas, la nevera o unas sillas plegables con las que los escasos 225 dm3 del Nissan Juke no podrían.

Ahora sí, Dacia ofrece su mejor versión. No sólo por una altura al suelo en su Duster de Toyota Land Cruiser o Land Rover Freelander, sino también por amplios recorridos de una amortiguación que “traga” con sorprendente naturalidad todo bache o desnivel, una tracción 4x4 con modo de bloqueo del diferencial central y una caja de cambios muy de campo, con dos primeras marchas muy cortas (la primera prácticamente simula una reductora).

El Dacia Duster se atreve así con cualquier dificultad, agarrándose a la tierra con decisión y donde incluso se agradece por confort una dirección menos reactiva que la del Nissan Juke. Un verdadero tipo duro que, por la impresión de robustez que siempre transmite (ni siquiera se aprecian grandes “crujidos” de carrocería o salpicadero en el trato exigente), termina por contagiar a un conductor hipnotizado ante el desafío: contra más piedra o desnivel, mejor. Con rueda también convencional de repuesto (a diferencia de la de emergencia del Nissan Juke), no debería, eso sí, olvidarse el sentido común. Una robustez que también se prolonga a un muy amplio pero austero interior.

Muy alejado de un visual Nissan Juke. En este no falta gran diseño (como una consola central que imita el depósito de una moto y llamativas tapicerías), un buen y actual equipamiento (acceso/arranque sin llaves, volante multifunción, conexión USB, navegador, Bluetooth, control de crucero…) o guiños emocionales, como un sistema de control dinámico para elegir entre conducción “Normal”, “Sport” y “Eco” (con diferencias poco apreciables en la práctica) o un nuevo gráfico para observar el continuo reparto de par de su tracción entre ejes y ruedas (como un BMW X6). 

Cómo son

En una época actual en la que se impone el pensamiento global y donde, junto al ahorro energético y la lucha contra la contaminación, el tiempo emerge cada día como valor más preciado por el ser humano, aún hay fabricantes que, por momentos, se apartan del camino. Puede que condicionados también en buena parte por sinergias de grupo, y capacidades de inversión, pero aportando al final aire fresco a segmentos hoy demasiado encorsetados.

Dacia o Nissan representan buenos ejemplos con sus nuevos Duster y Juke. Ni trabajadas aerodinámicas, ni nuevos sistemas para ganar eficiencia, ni desarrollos de cambio alargados para rebajar consumos… como hoy es tónica general en la industria. Al contrario, aquí el gasto en carretera es alto (incluso en el Diesel Dacia Duster la sexta velocidad es prácticamente del nivel de una cuarta habitual de ecológico utilitario tipo Seat Ibiza) para, en la práctica, no rehuir pero sí alejar de su entorno natural a las prolíficas vías rápidas que ya inundan con más y más carriles nuestra geografía.

Y también aportando diseños y formas muy diferentes a lo comúnmente establecido: más “chic” y arriesgado el Nissan Juke para competir con grandes polivalentes, más campero y robusto el Dacia Duster para enfrentarse a los pequeños SUV. Y, en el fondo, también ambos con importantes líneas comunes. Como su base: la misma y adaptable plataforma B del grupo Renault. De la que salen desde sus Clio y Modus, a los Nissan Cube y Note o los Dacia Logan y Sandero. Mucho y muy variado. Eso sí, en versión de batalla corta el Nissan Juke, y extendida el más grande Dacia Duster, pero los dos, también, con misma arquitectura técnica, modificando además su más simple eje torsional trasero por una suspensión Multibrazo con elementos derivados del Nissan Murano en las versiones 4x4.

Gran aceptación popular. Tanto el Dacia Duster como el Nissan Juke se sitúan ya como los modelos más vendidos de sus categorías todo camino. Dos originales propuestas que emprendieron una gran aventura… a la que ahora nos subimos.

Atrás quedan autopistas y largas rectas. Ninguno es rodador de seda, ni de larga distancia. Y tampoco en refinamiento se hacen fuertes. Lo suyo es más músculo. Es hora de divertirse y, por filosofía, toca acceder a carreteras secundarias. El primer tramo nos lleva a enlazar todo tipo de curvas y, a las primeras de cambio, el Dacia Duster flojea. No por mostrar malas trayectorias, ni desconcertar con reacciones inseguras. De hecho, con gran batalla y anchura, se conduce muy fácil. Pero sí por marcar demasiado pronto sus límites de adherencia. La dirección no informa en exceso, los neumáticos “chillan” al mínimo apoyo (mixtos, por cierto, para insinuar ya intenciones) y la carrocería balancea en amplios movimientos. Agradable, pero no ganaría desde luego un rally… para lo que sí parece haber nacido en cambio el Nissan Juke.

Con aroma ya deportivo desde su diseño (que, eso sí, condiciona enormemente un reducido espacio interior en contraposición de un Dacia Duster con centímetros para la familia numerosa), al volante el Nissan Juke gusta del trazado sinuoso. Y ya puestos a saborear sus posibilidades no podíamos renunciar, tras conducir antes sus populares 1.6 de 117 CV y 1.5 dCi de 110, a subirnos ahora a su variante más potente, única con tracción 4x4: motor 1.6 Turbo de 190 CV y cambio automático CVT de variador continuo y 6 relaciones prefijadas. Será minoritaria, pero síntoma de la pasional concepción de Nissan... y de su exclusiva puesta en escena.

Desde luego, a diferencia del Dacia Duster, el Nissan Juke marca bien la pisada. Ligero y muy ágil, a los mandos es rapidísimo, muy directo y engancha por un comportamiento deportivo de reacciones muy vivas… en ocasiones demasiado. Prefiere, por tanto, el buen asfalto, donde sus firmes suspensiones contienen mejor los movimientos de carrocería y la dirección marca con gran precisión las trazadas para llegar en tiempo récord (también con un cambio CVT que en modo manual por palanca –lástima que no cuente con levas- se siente muy rápido) a una cumbre en la que termina el asfalto. Hora de pisar tierra.  

El camino, de inicio, es sencillo. Y el Nissan Juke impone motor. Algo elevado, parece un correcaminos avanzando imparable en modo 4x4 hasta que el camino se estrecha y escarpa. Porque, a pesar de su apariencia, no hay SUV en el mercado con tan poca altura libre (sólo 145 centímetros limitados por un escape muy próximo al suelo), ni con tan escaso recorrido de amortiguación. Pronto hace tope, y no nos permitiría seguir mucho más allá de una pista principal que tampoco resulta demasiado cómoda.

Para continuar la excursión, pies y manos a un Dacia Duster que, a pesar de recortar su maletero hasta 395 dm3 (en 4x2 la ausencia de la transmisión 4x4 lo elevan a 505 dm3), todavía ofrece espacio para alojar las tortillas, la nevera o unas sillas plegables con las que los escasos 225 dm3 del Nissan Juke no podrían.

Ahora sí, Dacia ofrece su mejor versión. No sólo por una altura al suelo en su Duster de Toyota Land Cruiser o Land Rover Freelander, sino también por amplios recorridos de una amortiguación que “traga” con sorprendente naturalidad todo bache o desnivel, una tracción 4x4 con modo de bloqueo del diferencial central y una caja de cambios muy de campo, con dos primeras marchas muy cortas (la primera prácticamente simula una reductora).

El Dacia Duster se atreve así con cualquier dificultad, agarrándose a la tierra con decisión y donde incluso se agradece por confort una dirección menos reactiva que la del Nissan Juke. Un verdadero tipo duro que, por la impresión de robustez que siempre transmite (ni siquiera se aprecian grandes “crujidos” de carrocería o salpicadero en el trato exigente), termina por contagiar a un conductor hipnotizado ante el desafío: contra más piedra o desnivel, mejor. Con rueda también convencional de repuesto (a diferencia de la de emergencia del Nissan Juke), no debería, eso sí, olvidarse el sentido común. Una robustez que también se prolonga a un muy amplio pero austero interior.

Muy alejado de un visual Nissan Juke. En este no falta gran diseño (como una consola central que imita el depósito de una moto y llamativas tapicerías), un buen y actual equipamiento (acceso/arranque sin llaves, volante multifunción, conexión USB, navegador, Bluetooth, control de crucero…) o guiños emocionales, como un sistema de control dinámico para elegir entre conducción “Normal”, “Sport” y “Eco” (con diferencias poco apreciables en la práctica) o un nuevo gráfico para observar el continuo reparto de par de su tracción entre ejes y ruedas (como un BMW X6). 

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