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Costa da Morte III, Zas

Esta es la última ruta de la serie de Costa da Morte. Con los lugares de interés mencionados en los tres números proponemos que diseñéis un plan en el que la práctica del 4x4, respirar la naturaleza salvaje y conocer un poco de la historia, cultura y costumbres de esta región, no está reñido en absoluto.
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Costa da Morte III, Zas
Esta tercera entrega de nuestra pequeña de rutas por la Costa da Morte comienza en el mismo punto en el que finalizaba la segunda, la aldea de Anós, dejando la casa de O Xastre de Anós a la derecha. Continuamos recto en el primer cruce, girando a la derecha por la siguiente calle que encontramos. La calzada deja paso a una pista que, aunque algo bacheada, se adentra sin dificultad por el monte, poblado sobre todo de pinos, helechos y pequeñas coníferas.
Al llegar a la casilla 5 giramos a la izquierda continuando por asfalto hasta la siguiente casilla, donde os proponemos abandonar momentáneamente la ruta para visitar el museo etnográfico de Torres do Allo. Para llegar hasta aquí, basta con tomar la carretera a la derecha en la casilla 6 e inmediatamente encontraremos señales indicadoras hacia Torres do Allo. A este pazo reconstruido se accede por una salida a la derecha de la carretera principal ubicada a menos 500 metros de la casilla 6. Aunque Zas es un Municipio Amigo, rogamos consultéis antes la legislación regional de la ley sobre incendios en los meses de verano. Lope Sánchez de Moscoso y Ulloa, el que se proclamó conde de Altamira en el siglo XV, tenía una fortaleza en el lugar donde ahora se alzan las Torres do Allo, pero los Reyes Católicos ordenaron su demolición, por juzgar que el poderoso conde atentaba contra la autoridad real. En su lugar se levantó más tarde uno de los pocos pazos góticos de Galicia. Uno de los vasallos del conde de Altamira, Gómez de Riobóo, estaba casado con una descendiente directa del conde, Berenguela Sánchez de Moscoso. Su hijo, Gómez de Riobóo el Viejo, fue el que construyó las Torres do Allo a finales del siglo XVI. Al llegar a las Torres do Allo, atravesando una larga avenida de carballos, lo primero que se ve, un poco alejada, es la capilla renacentista, contemporánea del pazo.

Su fachada tiene forma de arco de triunfo. Entre las pilastras se distinguen las figuras pétreas de Adán y Eva, inspiradas en las de la fachada del Hostal Real de Santiago. Coronando el pórtico preside la figura sedente de San Pedro, titular de la parroquia, y en el lateral meridional la de San Pablo en altorrelieve. El pazo está rodeado por una alta muralla. Tiene un cuerpo de edificio franqueado por dos torres y es de estilo gótico tardío, manuelino o isabelino, como se suele llamar. Sigue la escuela de Enrique de Egas, el que diseñó la fachada del Hostal Real de Santiago. Los torreones tienen puerta de arco de medio punto, balcón de piedra y una bonita ornamentación de arcos conopiales. En los escudos aparecen los blasones de Riobóo, Vilardefrancos y Moscoso. Actualmente el pazo se encuentra en perfectas condiciones. Convertido en un museo etnográfico, busca acercar al visitante la forma de vida de aquella época. Herramientas para el cultivo, zapatos, utensilios de cocina... Encontramos expuesta una amplia gama de útiles de todo tipo, con su explicación e ilustraciones. Cuenta con un recorrido por un par de plantas, donde iremos descubriendo una cuidada recreación de numerosos aspectos de la vida en aquella época; la distribución feudal y la historia sobre el propio pazo también son explicadas por medio de una televisión situada en la planta superior y una proyección en la sala de audiovisuales. Llama la atención la charla recreada por una abuela y su nieta (dos monitores sobre las figuras de una anciana y una niña) mientras se está preparando la comida.

También es admirable la hermosa entrada a Torres do Allo, una impresionante carballeira (robledal), de unos 600 metros de longitud, que va descubriendo el pazo poco a poco. Siguiendo nuestra ruta cruzamos la carretera para continuar por un camino con más vegetación en el firme, un poco más estrecho. Un murete a la derecha nos acompaña durante el suave descenso hasta llegar al río do Allo (río de ajo), lo cruzamos por un puente y tras una ligera subida cambiamos la tierra por la calzada. En la casilla 9 encontramos a la derecha una pista amplia y lisa que de nuevo se adentra por una zona muy verde. El monte, frondoso, plagado de pinos, helechos y tojos, se deja admirar incluso en días nublados, pues lluvioso y hasta con niebla, adquiere una belleza especial, un aura, un silencio, propios sólo de estas tierras. Al llegar a la casilla 11 no cruzamos la carretera, sino que la dejamos a la derecha para ir en paralelo y atravesarla en la siguiente casilla. Encontraremos una especie de raqueta, debemos girar a la derecha por un pequeño tramo asfaltado que se convierte en pista posteriormente dejando a la izquierda una casa blanca y unos postes de teléfono. Un poco más adelante nos topamos con una zona inundada de agua, posteriormente vadeamos el río Lamas y, para finalizar, otra zona de camino inundado por el agua del río. No debería suponer ningún problema atravesar la zona inundada ni el vadeo, aunque recomendamos cautela en época de lluvias. Si en esta casilla (11) tomamos la carretera a la izquierda, podemos buscar un cartel indicador hacia «Pedra Vixia», un antiguo aserradero convertido en zona de meriendas y descanso. Es un lugar frondoso, adaptado con mesas y sillas. El río Lamas y sus bifurcaciones lo atraviesan, creando una pequeña isla a la que se puede acceder por varios puentes de madera.

En la casilla 18 seguimos a la izquierda por asfalto, dejando a nuestra espalda la aldea de Gomariz. Un poco más adelante, a la altura de un campo de fútbol, el asfalto da paso a una pista, nosotros continuamos por el camino que sube a la izquierda. Este tramo de subida/llano/bajada es liso ancho y rápido. A partir de la 22 iniciamos un bonito descenso donde podemos «respirar» el verdor que nos rodea. Sólo los colores de una aldea que se deja entrever osan contrastar con el predominante verde oscuro de los montes de la Costa da Morte. Aunque prácticamente hemos llegado a la aldea anteriormente citada, cambiamos el rumbo y de nuevo comenzamos el ascenso de otro monte. Éste, bastante menos frondoso, es atravesado por un camino de características similares al anterior. Al llegar a la casilla 29 salimos a asfalto, a la altura de una aldea llamada Artón, para tomar inmediatamente un camino a la izquierda. Éste, es algo mas estrecho y con mayor vegetación en el firme, discurre por una zona que, aunque el pino sigue siendo el árbol dominante, nos cruzamos con unos cuantos robles. En la 30 nos incorporamos a asfalto. A unos 250 metros nos topamos con un «ceda el paso» y otra carretera que se incorpora, debemos seguir de frente hasta llegar a la 31. Esta marca consiste en realizar primero un giro a la derecha, por asfalto aún, y unos cuantos metros más adelante salir a camino a la derecha. El parcial lo hemos puesto «a cero» al comienzo de la marca, es decir, en el primer desvío de asfalto. El camino, llano y cómodo, ha perdido toda la frondosidad que traíamos en los tramos anteriores, y va descubriendo aldeas a izquierda y derecha, y en lo alto de los montes. Al llegar a la casilla 33 tomamos asfalto a la derecha y poco después giramos a la izquierda dirección Meanos. Atentos a la siguiente casilla, hemos de tomar la calle de la derecha, entre dos casas y dejando un poste de luz a la izquierda. Por fin, en la 35 pisamos de nuevo tierra. Nos adentramos por una zona frondosa en la que abundan los robles, castaños y eucaliptos. El camino nos lleva hasta la Carballeira (robledal) de Zas, lugar donde se celebra la fiesta celta anual de la Carballeira de Zas, el segundo fin de semana de agosto. La ruta continúa por un tramo algo bacheado y con vegetación en el firme, en subida, hasta llegar a la carretera (casilla 39).

En la 42, si paramos exactamente en el ‘waypoint’ que indica el rutómetro, podemos bajar del coche y dirigirnos hacia la casa abandonada que parece una antigua mini central eléctrica, cruzamos a pie un puente de madera, dejando la casa a la izquierda buscamos un sendero que va remontando el río, hasta llegar a un remanso, sitio ideal para descansar, disfrutar del estruendo del agua superando los desniveles del río, o incluso, darse un chapuzón. El camino, estrecho y con baches, asciende por un monte de robles, castaños y eucaliptos, también helechos y pequeñas coníferas nos van acompañando por este frondoso recorrido. En la casilla 45, giramos a la izquierda y tomamos la pista que sube a la derecha dejando una casa a la derecha, la subida, ancha aunque con piedra suelta, nos lleva a lo alto por un camino, hasta que, en la casilla 48 nos desviamos por un tramo poco visible. Aunque parezca en algunos momentos que el camino desaparece, las roderas se pueden intuir, unos pocos metros más adelante salimos a un camino principal, ancho rápido y sin baches. Que nos lleva durante una larga recta hasta un cortado donde por abajo cruza la carretera. Cuidado con la velocidad ya que desde lejos el efecto óptico es de continuidad de esta pista. En la casilla 52 cruzamos la carretera y tomamos el camino de servicio del sentido contrario de la carretera. Más adelante giramos a la izquierda, siguiendo por el que sería el mismo camino de no existir la carretera. Éste, un poco más estrecho y bacheado se adentra en una zona poco frondosa, aunque podemos encontrar alguna que otra rama en el camino, vamos encontrando progresivamente una mayor vegetación en el firme del trazado, hasta la casilla 55 donde nos incorporamos a una pista anchísima. A la izquierda va quedando Pico de Meda, y los molinos eólicos. La ruta sube hasta la cumbre, donde en los días despejados podemos recrear la vista en un mosaico de aldeas, montes, bosques, valles... Atentos en la casilla 60, hemos de girar a la izquierda dejando un poste de electricidad a la derecha y un molino a la izquierda. Y en la 61, comenzar el descenso dejando la pista principal justa a la altura de un molino y nada más haber rebasado una casetilla. Se trata de una bajada de piedra mucho menos marcada que la pista por donde veníamos. Mientras descendemos cruzamos un par de pasos de ganado y nos adentramos en un área ligeramente más frondosa: pinos, castaños, robles y eucaliptos se dejan ver tímidamente. En la casilla 67 cruzamos el asfalto y llegamos la aldea de Carreira, tras callejear hasta la 70, salimos a un camino que nos lleva a vadear un pequeño riachuelo. Recomendamos precaución al cruzarlo en época de lluvias. Desde aquí hasta la 76 el tramo se va deteriorando poco a poco, apareciendo más vegetación y obstáculos en el firme del camino. En la zona encontramos varios surcos de gran tamaño, y altura. Todos ellos con alternativas claras. Aunque con suelo muy mojado puede resultar más complicado de superar. Después de haber cruzado un par de aldeas por asfalto, As Pereiras y Bermello, tomamos carretera principal en la casilla 84, y, tras dos kilómetros, nos desviamos a la izquierda por una carretera secundaria dirección Anós, nada más haber pasado el restaurante Hermida, que queda a la izquierda. Esta carretera nos lleva a la aldea de Anós y su acogedora casa de turismo rural, bar y restaurante O Xastre de Anós. Fin de ruta.
Leyendas y curiosidades
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