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Audi Q5 hybrid quattro

El tope de gama de la familia Q5 cuenta con un plus tecnológico que le sienta de lujo: la hibridación. Refinamiento y prestaciones conviven ahora con una mayor eficiencia. Q5, A6 y A8 hybrid son por ahora los modelos que configuran la gama híbrida de Audi.
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Audi Q5 hybrid quattro
El Audi Q5 hybrid es más un vehículo aspiracional que un modelo ecológico. Sus 245 CV tienen la “culpa” de ello y, pese a que la hibridación sí que reduce notablemente los consumos, lo que aporta fundamentalmente es un mayor agrado de conducción en determinadas circunstancias. Nuestro protagonista monta el propulsor de gasolina 2.0 TFSI de 211 CV con alguna modificación, junto a un motor eléctrico de 33 kW (45 CV) puntuales acoplado al cambio automático. Éste es de 8 velocidades, pero se ha sustituido el convertidor de par por el citado motor eléctrico y un embrague multidisco en baño de aceite, que se usa para acoplar y desacoplar el motor de combustión. Su funcionamiento es intachable y recuerda en un principio a un DSG, aunque la base de partida sea diferente. No es mala solución, sino todo lo contrario, además se adapta perfectamente a un uso deportivo. Pero, quizá también por tratarse de un motor turbo, no aporta la suavidad a la que nos tiene acostumbrados Lexus con sus híbridos, o incluso el mismo Toyota Prius, cuyos sistemas de transmisión son mucho más complejos. El empleo de un Multitronic de variador continuo habría resultado, al menos teóricamente, más similar a ellos por concepto, sin embargo técnicamente es por el momento incompatible con la tracción total. Habrá que valorar por tanto otras ventajas, como la de contar con 8 relaciones fijas que se pueden emplear en modo manual, ya sea por medio de las levas del volante, o mediante la propia palanca si la accionamos secuencialmente, pero, francamente, nosotros preferimos dejarlo en automático y, como mucho, activar la modalidad Sport para que sea la electrónica quien lidie con tantas marchas.

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Audi Q5 hybrid quattro la prueba

Aunque resulta de lo más contundente una vez que el turbo sopla a pleno pulmón y disponemos de toda la potencia combinada, la respuesta desde parado es menos inmediata que la de un modelo eléctrico puro y duro, o que la del mencionado Prius, por ejemplo. Esto es debido a que el empuje inicial eléctrico sólo es apto para arrancadas muy sosegadas y, si demandamos algo más de brío, debemos esperar a que el motor de combustión —que se para al detener el vehículo siempre que no esté recargando las baterías— se ponga en marcha. Tarda muy poco en hacerlo, pero lo suficiente como para que, si pecamos de impacientes o aún nos estamos habituando a esta característica, durante la fase de rearranque hundamos más de lo necesario el pie en el acelerador, dando lugar a una leve brusquedad en el momento de recibir toda la potencia de golpe. Esta falta de inmediatez en algunas arrancadas es quizá lo más criticable del Audi Q5 Hybrid, aunque no es un inconveniente crítico. El otro punto flaco es la respuesta del freno, cuyo pedal tiene un recorrido efectivo bastante largo. A la hora de detenernos lentamente no siempre es fácil calcular la distancia a la primera, porque a baja velocidad llega algo de potencia del motor eléctrico a las ruedas y, cuando parece que estamos a punto de parar, el coche continúa avanzando un poco más, a no ser que incrementemos la fuerza sobre el pedal. En frenadas de emergencia, sin embargo, el equipo de frenos se ha comportado de forma óptima.

Los 1,3 kWh de las baterías de ion-litio no permiten milagros, pero aportan más de una alegría, sobre todo si tenemos en cuenta que pesan apenas 38 kg y van en el hueco de la rueda de repuesto. La primera sorpresa llegó cuando a unos 90 km/h “rozando” el acelerador, vimos en la pantalla informativa del sistema híbrido que íbamos circulando sólo con energía eléctrica —el hecho de tener que mirar la pantalla para saberlo dice mucho del bajísimo nivel sonoro y elevado refinamiento del modelo—. A tanta velocidad se necesitan condiciones muy favorables e inercia previa, además se ve cómo va bajando bastante rápido aguja que indica la carga de las baterías, pero ya es todo un logro poder hacerlo, aunque sea momentáneamente. Sin embargo, es a ritmos más lentos donde realmente se notan las ventajas del módulo híbrido, y no sólo en lo que a rebaja de consumos se refiere, sino también por el placer de circular en modo eléctrico durante breves periodos (como máximo 3 km a 60 km/h, según Audi), aunque para ello hay que ser lo suficientemente conservadores con el pie derecho pues, incluso si forzamos la circulación en eléctrico con el botón EV, a la mínima exigencia prestacional arranca el motor de gasolina. Respecto al 2.0 TFSI automático de 211 CV, que es el modelo del que toma la base, el hybrid logra una reducción media del consumo de combustible de 2,16 l/100 km, cifra que se consigue sobre todo porque, en ciudad, pasa de 13,8 a 8,09 l/100 km. Todo un logro que demuestra la eficacia de su sistema híbrido, y más si tenemos en cuenta que el peso se incrementa en 138 kg, según nuestra báscula. El apartado de prestaciones también resulta muy destacable. Con la batería descargada no hay prácticamente diferencia frente al modelo convencional, salvo en el paso de 0 a 100 km/h, que mejora en unas 2 décimas, lo que ha supuesto una grata sorpresa. Pero es que con la batería en plenas facultades las mediciones mejoran notablemente, rebajando en 0,88, 0,53 y 0,84 segundos respectivamente la aceleración de 0 a 100 km/h, los 0 a 1.000 metros y el paso de 80 a 120 km/h, que, con 4,82 segundos, es quizá la medición más brillante.

En línea recta el excelente conjunto propulsor/cambio hace que el Q5 parezca ligero, sin embargo, cuando incrementamos el ritmo en zonas viradas en busca de sensaciones deportivas, o frente a una variación de trayectoria muy repentina, surgen las inercias que cabría esperar de un coche de 1.975 kilos. Aun así mantiene un límite dinámico más que aceptable, así como unas reacciones previsibles y relativamente neutras gracias a un tren trasero que redondea los giros en los momentos críticos, pero no es un coche que se encuentre a gusto en este tipo de tesitura. A cambio, el confort de bacheo y la calidad de rodadura están a la altura de las mejores berlinas de lujo.

Por otro lado, la sensación de calidad que transmite es altísima, desde el sonido al cerrar las puertas, hasta la fluidez con la que se desenrolla el cinturón de seguridad, pasando por una tapicería de cuero bicolor opcional de Audi Exclusive que aporta mayor distinción y sofisticación al habitáculo. Casi todo sorprende positivamente, incluso la practicidad, pues los asientos traseros deslizantes y reclinables permiten optimizar el espacio de carga.

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