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Audi Q3 2.0 TDI vs Range Rover Evoque 2.2 Diesel

Los SUV siguen de moda, creando tendencia y ofreciendo soluciones para casi todo, en este caso trasladando el lujo al segmento compacto. Estamos ante dos modelos totalmente distintos, pero con un mismo objetivo: la distinción.
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Audi Q3 2.0 TDI vs Range Rover Evoque 2.2 Diesel
Sus respectivos fabricantes nos los han presentado como SUV’s de carácter urbano, modelos cuyas dimensiones les permiten infiltrarse en el tráfico de la ciudad sin demasiada aparatosidad, ya que miden prácticamente lo mismo que un compacto tradicional. Aportan una posición de conducción dominante y una dosis extra de practicidad, así como las ventajas dinámicas inherentes a la tracción total, virtudes que más de uno valorará. Sin embargo, la mayoría de sus dueños pocas veces afrontará una pista de tierra con ellos, pues lo que se busca con este tipo de coches suele ser, fundamentalmente, diferenciarse del resto. En este sentido, tanto Audi como Range Rover han sabido imprimir un halo de exclusividad a sus pequeños todocamino, dando como resultado dos modelos muy personales.
Mismo concepto, pero radicalmente diferentes, una vez que los analizamos es cuando salen a relucir las ventajas e inconvenientes de cada uno. Lo primero que llama la atención en el Range Rover Evoque son los atractivos trazos de su carrocería, que se complementan a la perfección con un interior igual de apetecible. La sensación de lujo está muy presente gracias a un salpicadero tapizado en cuero, remates detallistas y materiales de calidad, así como una armonía en su diseño que, si sabemos elegir una buena combinación de colores, poco tendrá que envidiar a la mismísima Aston Martin. Enamora a primera vista, hasta el punto de que cualquier pequeño defecto toma un papel secundario, salvo su precio...

El Audi Q3 es más convencional, está en la línea de otras creaciones de la firma de los cuatro aros y no tiene tantas pretensiones como su rival, pero puede presumir de buena realización y de la presentación que cabría esperar de un Audi. Destaca su funcionalidad y un manejo más intuitivo de los sistemas telemáticos, además cuenta con la posibilidad de incorporar un completo elenco de dispositivos de seguridad: supervisión de ángulo muerto, asistente activo de mantenimiento de carril, reconocimiento de señales, luces largas automáticas y head-up display. La sofisticación técnica también está presente en su cambio automático de doble embrague y 7 velocidades, de impecable gestión y funcionamiento, el cual proporciona mayor satisfacción de conducción que el ZF de convertidor de par del Evoque, que sólo cuenta con 6 marchas y ha sido claramente superado por el de 8 relaciones de dicha marca. El peso 122 kilos inferior, el tipo de transmisión y la mejor respuesta a pocas vueltas de su motor hacen del Audi Q3 un coche más vivo e inmediato a las órdenes del acelerador. Resulta más ágil que el Evoque en el tráfico urbano, además, prestaciones y consumos también son mejores, en parte porque incorpora un rápido sistema Stop/Start cuyo funcionamiento apenas incomoda. Otro aspecto importante a la hora de circular por ciudad es la visibilidad. Los anchos pilares delanteros y enormes retrovisores del Evoque bloquean gran parte de la visión diagonal. No se ve el bordillo en las rotondas, por ejemplo, y al final da la sensación de ser un coche mucho más voluminoso de lo que es en realidad. Esto no ocurre en el Audi Q3, que se siente compacto y más manejable a la hora de callejear, lo que se traduce en un mayor confort de uso. Por si fuera poco, también “bachea” algo mejor que el Evoque, que en función del tipo de pavimento puede transmitir mayores aceleraciones verticales a sus ocupantes, sobre todo a baja velocidad. Fuera de la ciudad los dos cuentan con potencia más que de sobra para moverse con mucha soltura, aunque las 7 marchas del Audi Q3 permiten aprovechar el motor más adecuadamente en cambios de ritmo. Nuestros protagonistas resultan bastante silenciosos incluso a velocidades muy elevadas, por lo que se puede disfrutar plenamente de sus equipos de sonido, o mantener una conversación sin elevar la voz. En el comportamiento vuelven a surgir diferencias de matiz, aunque ambos modelos cuentan con muy buenas maneras. El Audi Q3 basa su eficacia en un tren delantero bastante incisivo, combinado con un alto agarre de los neumáticos, lo que permite mantener un paso por curva muy ágil sin exigir a su conductor apenas esfuerzo, ya que la carrocería sólo se descompone si superamos ampliamente los límites que dicta la lógica. Únicamente en situaciones de emergencia el eje trasero puede deslizar para redondear el giro, de forma muy leve, pero eficaz, y siempre tutelado por el ESP. A pesar de unas reacciones inmediatas y respuesta muy directa a las órdenes del volante, su conducción no emociona especialmente. Por otro lado, es un modelo sensible a las transferencias de masas, ya que abre la trayectoria al pisar el acelerador y la cierra al levantar el pie, incluso a velocidades moderadas. El Range Rover Evoque, por su parte, transmite una mayor sensación de aplomo y sus 6 cm extra de batalla se traducen en una progresividad de reacciones superior cuando tratamos de explorar los límites de su bastidor. Se deja conducir y su tren trasero es más participativo, dando lugar a un comportamiento bastante neutro y gratificante que camufla eficazmente su mayor tonelaje respecto al Audi Q3, además balancea menos que su rival. Con sólo 2,5 vueltas entre topes, su dirección es muy directa, incluso más que la de algunos turismos, lo que ayuda a proporcionar sensación de agilidad y un ligero toque de deportividad que combina muy bien con el eficaz bastidor. Respecto a los frenos, esta unidad no ha mostrado los problemas de fatiga que acusó la versión Coupé probada en el número 2.726 de Autopista. El punto débil de ambos son las curvas enlazadas en carreteras de montaña, donde, cuando el ritmo es elevado, sale a relucir el peso y sobre todo el alto centro de gravedad característico de los SUV, obligando a las ayudas electrónicas a poner orden antes de que suceda cualquier cosa que pudiera poner en aprietos al conductor.

Sus respectivos fabricantes nos los han presentado como SUV’s de carácter urbano, modelos cuyas dimensiones les permiten infiltrarse en el tráfico de la ciudad sin demasiada aparatosidad, ya que miden prácticamente lo mismo que un compacto tradicional. Aportan una posición de conducción dominante y una dosis extra de practicidad, así como las ventajas dinámicas inherentes a la tracción total, virtudes que más de uno valorará. Sin embargo, la mayoría de sus dueños pocas veces afrontará una pista de tierra con ellos, pues lo que se busca con este tipo de coches suele ser, fundamentalmente, diferenciarse del resto. En este sentido, tanto Audi como Range Rover han sabido imprimir un halo de exclusividad a sus pequeños todocamino, dando como resultado dos modelos muy personales. Mismo concepto, pero radicalmente diferentes, una vez que los analizamos es cuando salen a relucir las ventajas e inconvenientes de cada uno. Lo primero que llama la atención en el Range Rover Evoque son los atractivos trazos de su carrocería, que se complementan a la perfección con un interior igual de apetecible. La sensación de lujo está muy presente gracias a un salpicadero tapizado en cuero, remates detallistas y materiales de calidad, así como una armonía en su diseño que, si sabemos elegir una buena combinación de colores, poco tendrá que envidiar a la mismísima Aston Martin. Enamora a primera vista, hasta el punto de que cualquier pequeño defecto toma un papel secundario, salvo su precio...

El Audi Q3 es más convencional, está en la línea de otras creaciones de la firma de los cuatro aros y no tiene tantas pretensiones como su rival, pero puede presumir de buena realización y de la presentación que cabría esperar de un Audi. Destaca su funcionalidad y un manejo más intuitivo de los sistemas telemáticos, además cuenta con la posibilidad de incorporar un completo elenco de dispositivos de seguridad: supervisión de ángulo muerto, asistente activo de mantenimiento de carril, reconocimiento de señales, luces largas automáticas y head-up display. La sofisticación técnica también está presente en su cambio automático de doble embrague y 7 velocidades, de impecable gestión y funcionamiento, el cual proporciona mayor satisfacción de conducción que el ZF de convertidor de par del Evoque, que sólo cuenta con 6 marchas y ha sido claramente superado por el de 8 relaciones de dicha marca. El peso 122 kilos inferior, el tipo de transmisión y la mejor respuesta a pocas vueltas de su motor hacen del Audi Q3 un coche más vivo e inmediato a las órdenes del acelerador. Resulta más ágil que el Evoque en el tráfico urbano, además, prestaciones y consumos también son mejores, en parte porque incorpora un rápido sistema Stop/Start cuyo funcionamiento apenas incomoda. Otro aspecto importante a la hora de circular por ciudad es la visibilidad. Los anchos pilares delanteros y enormes retrovisores del Evoque bloquean gran parte de la visión diagonal. No se ve el bordillo en las rotondas, por ejemplo, y al final da la sensación de ser un coche mucho más voluminoso de lo que es en realidad. Esto no ocurre en el Audi Q3, que se siente compacto y más manejable a la hora de callejear, lo que se traduce en un mayor confort de uso. Por si fuera poco, también “bachea” algo mejor que el Evoque, que en función del tipo de pavimento puede transmitir mayores aceleraciones verticales a sus ocupantes, sobre todo a baja velocidad. Fuera de la ciudad los dos cuentan con potencia más que de sobra para moverse con mucha soltura, aunque las 7 marchas del Audi Q3 permiten aprovechar el motor más adecuadamente en cambios de ritmo. Nuestros protagonistas resultan bastante silenciosos incluso a velocidades muy elevadas, por lo que se puede disfrutar plenamente de sus equipos de sonido, o mantener una conversación sin elevar la voz. En el comportamiento vuelven a surgir diferencias de matiz, aunque ambos modelos cuentan con muy buenas maneras. El Audi Q3 basa su eficacia en un tren delantero bastante incisivo, combinado con un alto agarre de los neumáticos, lo que permite mantener un paso por curva muy ágil sin exigir a su conductor apenas esfuerzo, ya que la carrocería sólo se descompone si superamos ampliamente los límites que dicta la lógica. Únicamente en situaciones de emergencia el eje trasero puede deslizar para redondear el giro, de forma muy leve, pero eficaz, y siempre tutelado por el ESP. A pesar de unas reacciones inmediatas y respuesta muy directa a las órdenes del volante, su conducción no emociona especialmente. Por otro lado, es un modelo sensible a las transferencias de masas, ya que abre la trayectoria al pisar el acelerador y la cierra al levantar el pie, incluso a velocidades moderadas. El Range Rover Evoque, por su parte, transmite una mayor sensación de aplomo y sus 6 cm extra de batalla se traducen en una progresividad de reacciones superior cuando tratamos de explorar los límites de su bastidor. Se deja conducir y su tren trasero es más participativo, dando lugar a un comportamiento bastante neutro y gratificante que camufla eficazmente su mayor tonelaje respecto al Audi Q3, además balancea menos que su rival. Con sólo 2,5 vueltas entre topes, su dirección es muy directa, incluso más que la de algunos turismos, lo que ayuda a proporcionar sensación de agilidad y un ligero toque de deportividad que combina muy bien con el eficaz bastidor. Respecto a los frenos, esta unidad no ha mostrado los problemas de fatiga que acusó la versión Coupé probada en el número 2.726 de Autopista. El punto débil de ambos son las curvas enlazadas en carreteras de montaña, donde, cuando el ritmo es elevado, sale a relucir el peso y sobre todo el alto centro de gravedad característico de los SUV, obligando a las ayudas electrónicas a poner orden antes de que suceda cualquier cosa que pudiera poner en aprietos al conductor.

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