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Alpuente

En esta segunda ruta de las cuatro que componen el periplo valenciano, recorremos el municipio de Alpuente. La torre de la Aljama (convertida ahora en el ayuntamiento), el museo paleontológico, los restos de la batalla del cerro del Poyo que encontraremos durante la ruta, y el yacimiento de dinosaurios situado en este municipio, nos trasladan a épocas remotas, donde importantes acontecimientos tuvieron lugar en estas tierras de gran diversidad histórica.
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Alpuente
Desde lo alto del municipio valenciano de Alpuente el verde de la vegetación lucha con los tonos amarillos y marrones de los campos de cultivo. Se trata de un bonito pueblo situado entre dos cerros. En el centro, la hoz del río Tuéjar parece querer dividir en dos el pueblo. Después de atravesar la mitad del pueblo y haber cruzado un par de estrechas calles, comenzamos el descenso. De reojo, podemos ver a la derecha la torre de la Aljama, antigua entrada a la amurallada población, convertida a día de hoy en ayuntamiento.
Recomendamos, antes de comenzar esta ruta, parar un poco más adelante, donde no hay ningún problema para aparcar, y visitarlo. Os sugerimos examinar la sala de plenos y el despacho del alcalde. Aunque cabe destacar también la subida al castillo y las vistas panorámicas de la región.

Al cruzar el pueblo, antes de salir, encontramos a la izquierda el Museo Paleontológico y a la derecha el punto kilométrico 8 de la VV-6141, punto de partida de la ruta. Dejando atrás Alpuente y Las Eras nos topamos a la derecha con el acueducto de Los Arcos, de 256 metros de longitud. Poco después giramos a la izquierda siguiendo dirección La Almeza. Continuamos durante varios kilómetros por este tipo de carreteras, apreciando la vegetación que aparece en las faldas de las montañas que, aunque se antoja escasa, trata de arrebatarle el título de «árido» al paisaje predominante de la zona. Cruzamos La Almeza, pueblo de calles estrechas, y continuamos por asfalto unos metros más, hasta que en la casilla 8, abandonamos la carretera por un camino situado a la izquierda, justo en el momento en el que el asfalto gira a la derecha. El camino, bacheado en un principio, mejora notablemente 300 metros después y se va adentrando en una zona de sabinas. Ahora, inmersos en este nuevo paisaje, no es tan notoria la sensación de estar en una zona de tierras áridas, donde lamentablemente año tras año el verde pierde terreno frente a la constante desertización.

La vegetación natural se va alternando con tierras de cultivo, aunque las sabinas se hacen ver cada vez más frecuentes. A partir de la casilla 9, a nuestra izquierda, aparece por vez primera el cerro del Poyo. Al llegar a la 13 comienza el ascenso por una pista con un poco de piedra suelta y una zanja a la izquierda, aunque por lo general bastante rápida, nos lleva de lleno al bosque de sabinas. De hecho, hemos de prestar especial atención, pues unos metros después de la última marca (13), a la izquierda del camino, tras pasar una zona de cultivo de almendros, encontramos una sabina especial, con un inmenso tronco, «La Juana». Esta sabina milenaria es famosa en toda la región de la serranía del Turia. Según ascendemos, y según qué monte, la vegetación es menor debido a numerosos incendios producidos hace unos cuantos años, de ahí que sólo encontremos pino joven en esta zona. En la casilla 14 tomamos el camino menos principal, con más bache y piedra, continúa ascendiendo dejando a la izquierda el cerro del Poyo y un pintoresco paisaje, hasta la siguiente marca en la que coronamos la subida.

En la casilla 16, el primer cruce lo tomamos a la izquierda para dirigirnos hacia la casa en ruinas. Se trata de bordear esta casa dejándola siempre a la izquierda, hasta encontrar un camino poco visible, como indica el rutómetro. A partir de este momento todo lo que queda a nuestra derecha pertenece a la provincia de Teruel. En la casilla 18 de nuevo ascendemos, atravesando una zona de pino enfermo por la invasión de la procesionaria, que se muestra presente en todos los pinos de esta área. El camino, lento y bacheado, asciende lentamente la cuerda que separa las provincias de Valencia y Teruel, mientras nos lleva hacia Losilla de Aras (casilla 19). Entre las casillas 19 y 20 si dirigimos la vista hacia la derecha, bajo la montaña, a pie de la sierra del Javalambre, asoma Arcos de las Salinas, bello pueblo perteneciente a la provincia de Teruel. A un kilómetro comienza el descenso y el estado del firme mejora notablemente, el camino termina cuando una carretera lo cruza (Casilla 22). Aunque la ruta continúa hacia la izquierda, este puede ser un buen momento para comer, en este caso lo más cercano es el pueblo anteriormente citado. Girando a la derecha llegamos a Arcos de las Salinas, también de interesante visita. Continuando nuestra ruta, giramos a la izquierda en la casilla 22. Recomendamos especial precaución, pues la maniobra se realiza con nefasta visibilidad. Descendemos por carretera durante casi 3 kilómetros hasta encontrar un camino a la derecha que va dirección «Cerro del Poyo». La pista, aunque lisa y rápida, sorprende con alguna que otra grieta en la parte izquierda, va dejando abajo el pueblo de El Collado y un precioso paisaje de variada gama de colores.

Pasando entre el cerro del Poyo (derecha) y Muela del Buitre resulta difícil imaginar como en 1875 desde la Muela del Buitre resonaba el fuego de artillería en lo que sería el asalto al último bastión carlista situado en el cerro del Poyo. A partir de la casilla 25 vamos encontrando en nuestro camino curiosas señales, que consisten en los huesos de un dinosaurio llevando en su lomo el escudo del municipio de Alpuente. Comenzamos un suave descenso por una pista rápida, pero por la que recomendamos circular con precaución, pues es frecuente cruzarse con camiones, ya que atravesamos una zona de explotación minera hasta la casilla 27, donde dejamos la pista principal, girando a la derecha por un camino de piedras que baja dejando una casa a la izquierda y siguiendo la dirección que indica la señal del dinosaurio. Por este bacheado camino, de frente, aparecen la loma La Moratilla y Cerro Negro; a la izquierda, un curioso barranco debido a las formas de sus erosionadas rocas. Continua el descenso hasta llegar al nivel del arroyo, en la casilla 28 giramos a la izquierda siguiendo la dirección que indica «el dinosaurio». En la casilla 30 giramos a la izquierda por un camino más roto y bacheado que asciende hacia Cerro Negro; a la derecha, un paisaje de ordenadas hileras de almendros nos ameniza la subida. En la casilla 31 tomamos el camino de la derecha, por la izquierda se llega a lo alto de Cerro Negro, donde se puede admirar unas espectaculares vistas panorámicas de toda la región. En la marca 32, giramos a la izquierda, donde el camino, en bajada, es tan bacheado hasta el punto que atravesamos una pequeña trialera, aunque sin dificultad. Cruzamos una zona de pinos y ponemos rumbo hacia la zona de Alpuente, que se adivina a lo lejos entre los dos cerros. En el camino, muy castigado por las lluvias, aparecen grietas, torrenteras, piedras camufladas por la vegetación y grandes piedras desprendidas de la pared de la derecha.

En la casilla 34 cruzamos un puente, ya en zona llana, siguiendo por una pista lisa, ancha y rápida, que nos lleva por un paisaje menos frondoso y mas explotado por el hombre; ahora son protagonistas los campos de cultivo de almendros y vides. En la casilla 36 dejamos de seguir las indicaciones de la señal del dinosaurio y giramos a la derecha para cruzar otro puente. Continuamos un par de kilómetros por esta zona algo más poblada hasta encontrar una carretera (casilla 39), la cruzamos y de nuevo, en la siguiente marca, vamos a parar otra vez al asfalto. Esta vez lo tomamos y, siguiendo las indicaciones del rutómetro, llegamos a la carretera VV-6141 por donde hemos accedido al pueblo antes de empezar la ruta. La ruta acaba en el mismo punto del comienzo.
Historia y curiosidades

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